Republica del Zulia

Julio Portillo: Necesitamos entonces promover el regionalismo como protesta al excesivo centralismo en todos los órdenes. Tenemos que despertar la conciencia política de la provincia.

domingo, marzo 08, 2026

Corazón de guerrera: las mujeres que despiertan a la ciudad


En las calles de Venezuela, el día no empieza cuando sale sol, cuando se escucha el primer carrito rodando. Antes de que aclare, millones de mujeres, ya le ganaron la batalla al sueño. En un país donde toca imaginar otra opción para poder resistir todos los días y poder conseguir los alimentos para el hogar, las personas que trabajan en la calle son ejemplos de que, cuando se quiere se puede.

El despertador de las ganas: 3:00 a.m.

Para la mayoría de las personas, las tres de la mañana es una hora bastante pesada. Para ellas, es el momento de levantarse. En las cocinas de los barrios, el olor a café recién hecho marca la diferencia. Ante todo, la responsabilidad de una madre o una mujer que su casa depende de lo que pueda vender antes de dar la noche.

“Para mí, la mujer es emprendedora, guerrera, y luchadora, Afirmó  Ana Ramírez con una fuerza. Su rutina es de admirar, se levanta a las 3:00 a.m., prepara su mercancía y recorre las calles con su cochecito lista para trabajar, mientras muchos están descansando, ellas ya caminaron varios kilómetros y están en espera de su primer cliente con una sonrisa.

Vender dulces, panqués o lo que salga no es solo para sobrevivir, es una forma de decir "yo valgo". En un mundo donde conseguir un empleo fijo está bastante fuerte, estas mujeres que luchan de día a día tratan de salir adelante con su propio trabajo.

La calle es dura, pega el sol, llueve y en todo momento las personas no están de buen humor, pero en ese momento es donde estas mujeres demuestran de qué están hechas. El que trabaja en la acera aprende a conocer a la gente, a saber quién viene apurado y quién necesita una palabra amable.

Xiomara atiende a sus clientes en una pequeña mesa ubicada en el centro de la ciudad.  Destacó que su rutina comienza a las 5:30 a.m. para buscar el pan de cada dia. A pocos metros de ese pequeño puesto de golosinas se encuentra Esmeralda, quien también tiene un puesto de venta en el centro. Agregó el cliente no solo se lleva un dulce se lleva un pedacito de esfuerzo de esa mujer que está firme, aguantando el trabajo duro.

Pero no todo es color de rosa, estar todo el día parada, aguantando el sol y calor, sin saber si va a ser un día bueno o malo, cansa  cuerpo y mente. Pero  es en ese preciso momento donde sale la verdadera fuerza. Ser valiente no es no estar cansada, sino levantarse y seguir adelante aunque te duelan los pies.

Risas, lágrimas y el orgullo de valerse por sí misma

Algo que llega al alma en sus historias es cuando hablan de lo que sienten. “A veces me río, a veces lloro, pero soy feliz”, Agregó Ana Ramírez con los ojos brillantes. En esa frase está resumida la vida de cualquier luchadora, es la alegría de quien sabe que lo que tiene se lo ganó con su propio sudor.

Las lágrimas vienen cuando el cuerpo no puede más o cuando las cuentas no cuadran. Pero la risa y la felicidad vienen del orgullo. El orgullo de no tener que pedirle nada a nadie, de mantener la casa con lo suyo y de ver que su familia no está pasando trabajo, gracias a su esfuerzo. Esa satisfacción de sentirse útil es lo que les da la fuerza para madrugar otra vez mañana.

Para estas mujeres, el éxito no es tener un carro de lujo. El éxito es decir: "Yo pude". Comprar la comida, pagar los estudios o simplemente caminar por el barrio con la frente en alto, porque son mujeres de trabajo. Es una fuerza que no viene de los libros, sino de las ganas de vivir.

Cuando les pides un consejo, todas dicen lo mismo: “Echen para adelante”. No hay tiempo para quejarse ni para echarse a morir. Este mensaje es un grito de guerra que suena más fuerte ahora que celebramos el Día de la Mujer.

Ellas no necesitan que nadie les explique qué es el empoderamiento. Ellas lo viven cada vez que defienden su puesto, cada vez que sacan la cuenta de la ganancia o cada vez que deciden que hoy van a vender más que ayer. Su consejo nos recuerda que si una mujer se propone algo, lo puede lograr.

Ese “echar para adelante” también es para quitarle la pena a los demás. A mucha gente le da vergüenza vender en la calle. Hoy, gracias a estas mujeres sobresaliente, entendemos que cualquier trabajo honesto es digno. Ellas le dieron valor a la venta ambulante, demostrando que es un trabajo lleno de amor y respeto.

El 8 de marzo: un aplauso para las que nadie ve

Casi siempre, el Día de la Mujer se celebra hablando de famosas o de mujeres en  oficinas. Pero el verdadero homenaje es para las "invisibles", esas que no salen en las noticias pero que son las que aguantan el peso de la familia y de la comunidad.

Celebrar a la mujer que "trabaja en la calle" es reconocer que un país sale adelante gracias a ellas. Son las que mantienen la esperanza viva. Con cada dulce que venden y cada saludo que dan, nos dicen a todos que, no importa qué tan fea esté la cosa, la voluntad de una mujer es más grande que cualquier problema.

Lo que nos dejan no son solo dulces o comida, son valores. Sus hijos crecen viendo a una mujer que no se rinde, que respeta el trabajo duro y que sabe que lo más valioso que uno tiene es la palabra y la dignidad. Ese es el mejor regalo que estas luchadoras le dejan al mundo.

No dejen de caminar

Al final del día, cuando se guardan las cestas vacías y toca volver a casa, queda la paz de haber cumplido. Estas mujeres, con su piel maltratada por el sol y sus manos de tanto trabajar, son las verdaderas heroínas.

Nos enseñan que la vida no es lo que te pasa, sino lo que tú haces con eso. Ellas convirtieron la necesidad en un negocio, la calle en un lugar de amigos y el cansancio en un motivo para estar orgullosas. Su historia es la historia de una Venezuela que no se detiene y que tiene un corazón valiente que late en cada esquina.

Este escrito es para ellas. Para las que venden, para las que cocinan, para las que limpian y para todas las que hoy están en la calle echándole pichón.

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