El S&P 500 terminó prácticamente plano, en torno a los 6.950 puntos, tras haber coqueteado con avances más firmes en la mañana. El impulso se desinfló cuando el mercado terminó de digerir un informe de empleo más sólido de lo previsto: 130.000 nuevos puestos en enero y una tasa de desempleo que bajó al 4,3%.
No es un mercado laboral exuberante, pero sí lo suficientemente resistente como para retrasar la conversación sobre recortes. Los operadores ya miran a julio como el próximo punto de inflexión y reducen significativamente la probabilidad de un movimiento en junio, dejando marzo prácticamente fuera de la ecuación.
En renta variable, la tecnología volvió a mostrar fragilidad, especialmente el software, en medio de dudas sobre cómo la inteligencia artificial redistribuirá márgenes y modelos de negocio. Y mientras Wall Street recalibra el calendario de la Fed, BlackRock (BLK) juega otra partida.
La mayor gestora del mundo mantiene una visión constructiva sobre mercados emergentes en 2026. Su argumento combina fundamentos macro más estables, inflación contenida y disciplina monetaria, pero también algo más estructural: las “mega fuerzas” vinculadas a la inteligencia artificial y la transición energética.
La pregunta que empieza a incomodar a algunos inversionistas es simple: ¿esperar o rotar? Esperar a que la Reserva Federal confirme el próximo recorte y valide el guion macro. O rotar y asumir que el ciclo no se mueve al mismo ritmo en todas partes y que, en 2026, diversificar no es diluir convicción, sino gestionar riesgo en un entorno donde las oportunidades están más allá de Wall Street. Cuéntenme ustedes qué están viendo en carlos.rodriguez@bloomberglinea.com. |
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