
Este mes de enero marcó un punto de inflexión en la historia de Venezuela y su relación con Estados Unidos. Oficialmente, Washington justifica la extracción del dictador Nicolas Maduro dentro de su lucha contra el narcoterrorismo.
Por Beatriz De Majo
Algunos analistas han visto en ello un paso hacia la restauración de la democracia. Para otros priva el deseo americano de controlar la colosal riqueza petrolera que yace en el subsuelo. En este episodio hay bastante más que esos análisis inocentes.
Una motivación estratégica menos evidente, pero igualmente decisiva, tiene que ver con el control por parte de China de las tierras raras y otros minerales críticos presentes en el territorio venezolano. Hablamos de elementos químicos esenciales para tecnologías de defensa, semiconductores, baterías de alto rendimiento y sistemas de comunicaciones avanzados. No solo son técnicamente vitales, también representan un eje de poder geoeconómico global.
Venezuela, a través del Arco Minero del Orinoco, posee reservas considerables de coltán y otros minerales estratégicos que hoy forman parte de la “transición tecnológica” mundial. Lo cierto es que las tierras raras han ganado importancia para las capacidades militares y tecnológicas globales, mientras China monopoliza el procesamiento de 91% de ellas en el planeta.
Para Washington, la procura y mantenimiento de un inventario de tierras raras tiene hoy la misma prioridad que sus stocks de combustibles y municiones. Un buen dato es que Estados Unidos depende 100% de las importaciones de 12 minerales críticos y más de 50% de otros 50 minerales clasificados como “esenciales” para la seguridad nacional. En este contexto, lo que se está jugando en Venezuela es una expulsión de influencia adversaria y control de recursos críticos.
De acuerdo con investigaciones hechas por Tracy Shuchart de Renegade Resources, el régimen venezolano estableció centros de acopio oficiales de tierras raras en Los Pijiguaos y Morichalito en 2023, específicamente para casiterita, coltán, níquel, rodio y titanio. La zona se encuentra cercana a la confluencia del Río Apure y el Orinoco. Estos materiales habían sido designados como recursos estratégicos, lo que implica el control estatal de su extracción y la exportación. Los compradores chinos habrían estado integrados a las operaciones oficiales desde el principio
Estas substancias están siendo extraídas ya en Venezuela de manera irregular en el sur del país y trasladadas a Colombia, donde se blanquean antes de llegar con frecuencia a China para su procesamiento. Grupos armados y redes criminales, incluidas organizaciones como el Ejército de Liberación Nacional colombiano (ELN) y disidencias de las FARC, están involucrados en la extracción y transporte clandestino de arenas negras y minerales estratégicos por rutas fluviales y terrestres hacia territorio colombiano.
Esta actividad ilegal tiene implicaciones cruciales más allá del hecho de que sus proventos no alimentan el tesoro público venezolano y ocurren sin control institucional. Fortalece soterradamente la presencia de China en un negocio clave para la seguridad militar de Estados Unidos. Pero, además, atornilla a China en un país clave del subcontinente, lo que sin duda va en detrimento de la gravitación norteamericana en su área de influencia natural.
Mientras tanto, la repetición de la retórica de Donald Trump sobre el petróleo -una narrativa de fácil compresión para el público- le resta protagonismo a la urgencia estratégica real del control de los minerales críticos. Conviene a ciertos sectores políticos mantener al público enfocado en viejos símbolos energéticos, mientras se despliegan iniciativas que buscan asegurar cadenas de suministros estratégicas y reducir la dependencia de países como China en tecnologías clave.
Así pues, si se quiere entender la verdadera dimensión de la intervención estadounidense en Venezuela, es imprescindible mirar más allá del petróleo y del restablecimiento de la institucionalidad. El control de los recursos tecnológicos del futuro -las tierras raras y los minerales críticos- están en el corazón de la agenda estadounidense.
Irán, Rusia y China, protegidos por el madurismo, han estado desafiando la seguridad nacional de Estados Unidos desde el corazón venezolano, pero las actividades de China en este particular sector concitaban ya a una acción decisiva por parte del Pentágono y de la Casa Blanca.
La defenestración de Nicolás Maduro calza a la perfección.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario