«Nuestra patria es inexpugnable, nadie podrá tocar ni un centímetro de la patria, que es sagrada».
Con estas palabras pronunciadas en 2013, Nicolás Maduro aseguraba que su gobierno había instalado «el sistema antiaéreo más poderoso del mundo» para que «jamás algún avión extranjero pueda entrar a hollar el sagrado cielo de la patria».
Por BBC MUNDO
Sin embargo, el 3 de enero pasado, casi 13 años después del anuncio de Maduro, no uno, sino más de 150 aviones y helicópteros estadounidenses atravesaron el espacio aéreo venezolano y llegaron hasta Caracas en una inédita operación militar que terminó con la captura del gobernante y de su esposa, Cilia Flores.
Los videos y grabaciones de los sucesos que han circulado por redes sociales apenas muestran resistencia por parte de las costosas baterías antiaéreas venezolanas, lo cual ha reforzado la tesis de que hubo algún tipo de colaboración interna, una versión rechazada por las autoridades.
«Aquí nadie se entregó, aquí hubo combate y hubo combate por esta patria y hubo combate por los libertadores», declaró la presidenta encargada Delcy Rodríguez durante un acto en homenaje a las víctimas militares celebrado cinco días después de los sucesos.
¿Qué pasó entonces? ¿Qué falló? BBC Mundo consultó a expertos militares para intentar responder a estas y otras preguntas.
Lo mejor de lo mejor, en papel
«La ineficacia de la defensa aérea venezolana es un misterio, ya que, en teoría, era formidable», reconoció a BBC Mundo Mark Cancian, coronel retirado de la infantería de marina de EE.UU. e investigador del Centro de Estudios Internacionales Estratégicos (CSIS, por sus siglas en inglés).
Pero antes de ahondar en las posibles razones de la inefectividad del sistema de defensa aérea del país sudamericano, valdría la pena explicar qué incluye.
Desde 2009, Caracas comenzó a hacerse con sistemas como el S-300 y el Buk-M2, de fabricación rusa, en el marco de los numerosos acuerdos suscritos desde tiempos del fallecido Hugo Chávez con el Kremlin.
El primero está constituido por lanzaderas de cohetes móviles, cuyos proyectiles, de 1.480 kilogramos de peso y 7 metros de longitud, pueden alcanzar aviones, helicópteros o misiles crucero a 150 kilómetros de distancia, de acuerdo con datos del CSIS. Es considerado el rival del sistema estadounidense Patriot.
Por su parte, el Buk-M2 es un sistema similar de medio alcance, capaz de destruir blancos en el aire que se encuentren hasta 40 kilómetros de distancia.
Por último, están los misiles Pechora e Igla-S, ambos de corto alcance. Los Igla-S son portátiles y pueden ser disparados por un solo soldado y al ser guiados por infrarrojos son capaces de derribar aviones, helicópteros y drones a baja altura.
«Cualquier fuerza militar del mundo sabe el poder del Igla-S, y Venezuela tiene nada más y nada menos que 5.000», dijo Maduro hace unas semanas.
A todo lo anterior hay que sumar los radares de fabricación china y los drones iraníes.
«Para algunos adversarios ese sistema es letal, pero para uno muy sofisticado como EE.UU. no es más que chatarra», aseguró a BBC Mundo Thomas Withington, experto en guerra electrónica y radares del Real Instituto de Servicios Unidos del Reino Unido (RUSI, por sus siglas en inglés).
Esta opinión fue compartida por Cancian.
«Los sistemas rusos parecen funcionar bastante bien en Ucrania, pero han fallado contra adversarios de primer nivel como Israel y ahora EE.UU.», dijo.
El sistema de defensa aérea de Irán, como el de Venezuela, se sustenta en equipos rusos y no pudo frenar los bombardeos que la aviación israelí, primero, y luego los estadounidenses contra sus instalaciones nucleares a mediados del año pasado.
Las hipótesis
Hasta el momento, las autoridades castrenses venezolanas no han explicado por qué sus defensa aéreas no reaccionaron.
Sin embargo, los expertos consultados dieron por hecho que hubo una combinación de factores.
«Durante los últimos seis meses, EE.UU. comenzó a formar una flota en el Caribe y esa flota le dio la oportunidad de mapear las defensas aéreas de Venezuela y estudiar sus fortalezas y debilidades», afirmó Withington.
Y, viendo como se desarrollaron los sucesos, las fuerzas estadounidenses hallaron los puntos débiles.
«Es probable que haya habido ataques cibernéticos a las computadoras del sistema, mientras se lanzaron interferencias que inutilizaron los radares y las comunicaciones», afirmó el experto británico.
Esta opinión fue confirmada por un mayor retirado del ejército venezolano.
«La tecnología de guerra electrónica de EE.UU. es muy avanzada. Ellos tienen dispositivos que anulan los radares y hacen que sus aviones sean invisibles», explicó el uniformado a BBC Mundo.
«Al neutralizar los radares lo demás fue muy fácil porque tenían el factor sorpresa», agregó el excomandante de una unidad de tanques.
Cancian, por su parte, aseguró que, además de la superioridad tecnológica estadounidense, las fuerzas venezolanas cometieron graves errores durante su preparación para un eventual enfrentamiento con Washington.
«Muchos sistemas estaban ubicados al descubierto, sin camuflaje, lo que facilitó su destrucción», afirmó.
«En retrospectiva, parece obvio que estas unidades deberían haber estado bien camufladas y han debido usar señuelos», agregó el coronel retirado de la Infantería de Marina.
Imágenes posteriores a los ataques mostraron una batería Buk-M2 destruida junto a la pista de aterrizaje de la base aérea de La Carlota, la cual era visible desde la autopista contigua.
«El entrenamiento y la preparación de los militares venezolanos probablemente fueron bajos, como lo demuestra el mal posicionamiento de los sistemas», agregó.
Pese a que en los últimos meses las autoridades venezolanas anunciaron numerosos ejercicios militares, lo ocurrido el 3 de enero muestra que los mismos no fueron suficientes.
«No dio tiempo de contraatacar. Fueron muy rápidos», declaró al diario caraqueño Tal Cual un militar que sobrevivió a los bombardeos.
Algo similar declaró a Telesur el sargento mayor de tercera Ricardo Salazar, quien resultó herido durante el bombardeo a La Carlota, la base aérea ubicada al este de Caracas.
«Saqué mis dos Igla y les puse el mecanismo de lanzamiento, pero cuando me lo puse en el hombro cayó una bomba a mi lado y salí volando (…) y quedé inconsciente», dijo.
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