El pasado 5 de septiembre, en algún lugar en el sur del mar Caribe, dos aviones caza F16 de la Aviación Militar Bolivariana (AMB; antes, Fuerza Aérea Venezolana, FAV) sobrevolaron el destructor USS Jason Dunham de la Armada estadounidense. El buque forma parte de la fuerza de tareas que el presidente Donald Trump ordenó desplegar a mediados de agosto para llevar a cabo un operativo contra los cárteles de la droga, a los que ha calificado como “terroristas”. Sin embargo, de acuerdo a algunos analistas de prensa, la operación sería tan solo el preámbulo apenas encubierto para una acción militar que podría precipitar un cambio de régimen en Venezuela.
El Pentágono emitió ese mismo día un comunicado en el que aseguraba que el sobrevuelo de los aviones venezolanos pretendía “interferir en nuestras operaciones contra el narcotráfico” y la tildó de “altamente provocadora”. Casi en simultáneo, pero sin las ataduras propias de los pronunciamientos oficiales, Marshall S. Billingslea, miembro del Hudson Institute, un think tank conservador de Washington D.C., reveló en un post de la red social X las identidades presuntas de los tripulantes de las dos aeronaves. Billingslea, quien como Subsecretario sobre el Financiamiento del Terrorismo del Departamento del Tesoro durante el primer gobierno de Trump (2017-2021) siguió muy de cerca las actividades ilícitas del régimen de Caracas en el sistema financiero global (estuvo especialmente activo en la cacería de Alex Saab, por ejemplo), mencionó a los oficiales de la Aviación Cruz Alfredo Esteves Silva, de 44 años de edad, y Alfredo Tanzella Rangel, de 55, como los pilotos de los F16 que habrían llevado a cabo aquella misión de vigilancia y desafío.
Del mayor general Tanzella Rangel, al menos, se puede conjeturar que el arrojo que quiso mostrar cuando, desde las alturas, retó al poderoso buque de guerra estadounidense, no solo deriva de su celo patriótico o de una lealtad, ciertamente probable, con la autodenominada Revolución Bolivariana. También puede que lo impulse el propósito de defender su estilo de vida y prosperidad. Pues, mientras patrulla los cielos del Caribe, mantiene intereses muy concretos en un local del Centro Empresarial Europa, en Las Delicias, Maracay, capital del estado Aragua.
En ese establecimiento, que apenas se distingue de otros, la mayoría cerrados, del edificio de tiendas y oficinas con forma de herradura en el norte de la capital aragüeña, se encuentra el despacho de Servicios Aéreos Céu Azul (“cielo azul”, en portugués). El local, al que unas rejas blancas resguardan, ubicado al lado de unas escaleras, se identifica con una marquesina sobre sus puertas. Se sabe que el local en su interior es amplio y permanece amoblado, algo que, sin embargo, pocos consiguen comprobar en persona porque está cerrado la mayor parte del tiempo.


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