En un Aló, presidente para la historia, un entusiasmado Hugo Chávez dibujó sobre un mapa de Sudamérica el llamado tren del Sur que uniría Caracas con Buenos Aires para hacer posible el sueño integrador de Simón Bolívar. El comandante supremo asignó miles de millones para que el ferrocarril ideado atravesara el continente.
La realidad hoy es muy revolucionaria: el expreso del Sur ni siquiera llegó a Valencia, a dos horas de Caracas, devorado por las grandes corruptelas chavistas. Pero el legado es mucho peor: el único tren que atraviesa el continente de Norte a Sur es el temido Tren de Aragua (TdA), la mafia transnacional nacida en la cárcel venezolana de Tocorón convertida en organización terrorista por decreto de Donald Trump.
La connivencia del TdA con el chavismo está demostrada incluso por la Fiscalía de Chile, que ha investigado el secuestro, tortura, ejecución y entierro bajo cemento, metido en una maleta, del teniente rebelde Ronald Ojeda. Según los fiscales, un jerarca de la revolución (un testigo protegido señaló al ministro de Interior, Diosdado Cabello) ordenó la muerte de Ojeda y envió a uno de sus hombres, que contrató a varios sicarios del TdA.
«Sin el chavismo, el TdA no existiría», confirma rotundo el fiscal Zair Mundaray, hoy exiliado.
Argentina, Perú y Ecuador también han declarado terrorista al TdA, eso sí, sin la contundencia de Washington, pese a tener más motivos. Trump acusó al «régimen hostil de Maduro» de enviar a los «monstruos» a su país, en lo que define como una «invasión depredadora». Washington resucitó una ley de tiempos de guerra para expulsar a 237 venezolanos a los que acusa sin sentencias ni procesos judiciales de ser «soldados» del TdA. Todos han quedado confinados en una de las megacárceles salvadoreñas de Nayib Bukele, el conocido Centro de Confinamiento para Terroristas (Cecot).
Esta operación ha traumatizado a la sociedad venezolana porque entre los detenidos hay cantantes, pescadores, barberos, albañiles y jóvenes que nada tienen que ver con el TdA al margen de sus tatuajes, una moda masiva en los barrios populares de Caracas. La coyuntura ha servido para que Maduro se ponga el traje de defensor de los derechos humanos, cuando tiene sus mazmorras atestadas de presos políticos, más de 1.000 en el último recuento del Foro Penal.
¿Cuál es la verdadera dimensión de la pandilla creada por el Niño Guerrero, hoy en paradero desconocido tras escaparse de la cárcel? ¿Cuánto hay de mito y realidad, de propaganda o de coyuntura política?
«El Tren de Aragua es la pandilla criminal más famosa de Venezuela, pero su acción es mayor en el exterior que en su país. A partir de 2018 iniciaron su internacionalización, buscando mejores mercados criminales y, en algunos casos, con miembros que huían de las autoridades venezolanas, que arrancó por Colombia y se ha expandido por diversos países de la región. Este proceso ha estado marcado por verdades, medias verdades y mentiras», resume para EL MUNDO el criminólogo Luis Izquiel.
Sobre el Niño Guerrero, líder de la pandilla, pende una recompensa de 250.000 dólares desde que huyera de Tocorón a finales de 2023. Hasta entonces, movió los hilos de una banda que se estiró por toda Sudamérica hasta competir en fortaleza con los cárteles de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación, con la Mara Salvatruchas y con la guerrilla colombiana del Ejército de Liberación Nacional.
Sistema de franquicias
«El TdA no tiene tanta fuerza como los cárteles mexicanos, precisamente porque su incursión en el narcotráfico internacional es muy precaria. Sus delitos son básicamente la extorsión, la trata de personas, la prostitución, robos, secuestros, delitos cometidos por sicarios… Su distancia con el narcotráfico internacional le limita económicamente y le resta poder», añade Izquiel.
«El alcance es bastante amplio por su naturaleza; cuando el TdA sale de Venezuela se convierte en un sistema de franquicias: grupos dispuestos a delinquir que aprovechan esa marca reconocida, el modus operandi en general, e implementan el modelo. Pueden tener algún integrante que estuviera vinculado al Tren, pero se establece un vínculo más o menos directo entre el TdA original de Venezuela y sus ramas filiales a nivel regional. Por eso es la expansión sin alto grado de inversión», desvela a este periódico el internacionalista Andrei Serbin Pont, director de la Coordinadora Regional de Investigaciones Económicas y Sociales (Cries).
Hay dos elementos para Serbin que diferencian a esta mafia transnacional: «Se han nutrido enormemente de la emigración venezolana en la región (en torno a seis millones de migrantes), en su inmensa mayoría gente que escapaba de la dictadura en busca de mejores condiciones de vida, pero algunos lo instrumentalizaron para insertarse en la región. Y eso también fue ideado por los servicios de Inteligencia venezolanos que, por muy bajo costo, tienen una herramienta en el exterior que permite hacer cosas como el caso Ojeda, pero que también usan la narrativa para impactar negativamente al venezolano del exterior a través del vínculo estigmatizante con el TdA».
La periodista y escritora caraqueña Ronna Rísquez ha investigado con tanta profundidad a la megabanda que incluso fue amenazada por desconocidos tras publicar El Tren de Aragua. La banda que revolucionó el crimen organizado en América Latina. Según sus cálculos, estaría integrada por entre 3.000 y 5.000 hombres diseminados por toda Sudamérica y con tentáculos que han llegado incluso a España. Hace un año, la Policía Nacional detuvo en Barcelona a Jason Robert Guerrero, hermano del líder y miembro destacado de la mafia. Los agentes españoles ya trabajaban entonces con la posibilidad de que el Tren de Aragua quisiera extender sus operaciones a Europa.
La jerarquía establecida por el Niño Guerrero en la cárcel se reproduce en las delegaciones. En Colombia se conoció esta semana la detención del Chino San Vicente en Medellín, uno de los lugartenientes del jefe en Colombia. Según investigaciones judiciales, el número dos del TdA en Colombia es Don Giovany, que dirige las operaciones desde Venezuela.
«Lo que es cierto es que el Tren de Aragua es el grupo criminal de mayor expansión en los últimos años en Latinoamérica. Sus células, grandes o pequeñas, han llegado hasta diversos países de la región (siguiendo la migración venezolana). Esta expansión no la ha tenido ningún otro grupo criminal. Los cárteles mexicanos tienen fuerza en su país y tentáculos en muchos otros, pero no con las mismas acciones armadas, sino básicamente en tareas de negociación y exportación de cocaína», añade Izquiel.
En Colombia, Perú, Chile, Ecuador o Argentina proliferan las informaciones sobre los negocios sangrientos del TdA y las acusaciones contra todos ellos por el incremento de la inseguridad de la región. ¿Y en Estados Unidos? ¿Hasta dónde llega la infiltración de la mafia de Tocorón?
«Según reportes de EEUU, desde 2023 hay presencia de miembros del TdA. Un informe del Departamento de Seguridad aseguraba que estaban en 16 estados, verifiqué y tengo un registro en 20 estados. Hay tres casos puntuales que creo que están vinculados al TdA con datos más precisos. En el asesinato de un ex policía venezolano en Florida, uno de los asesinos pertenecía al TdA y otra mujer tenía vínculos. En Nueva York, detuvieron a venezolanos por tráfico de armas y uno de ellos había participado en la toma de un edificio en Aurora, Colorado. La investigación concluye vínculos con el TdA. Precisamente en Aurora, donde la forma de operar del grupo que tomó el edificio encaja con la del TdA. La presencia es real, pero que sea una invasión no lo parece», detalla Rísquez, que prepara un nuevo libro centrado en la extensión estadounidense de la pandilla carcelaria.
Para la escritora, no hay datos para asegurar que se trate de una invasión masiva, como asegura el Gobierno. «Es llamativo si lo comparamos con los cárteles mexicanos, estos han introducido el fentanilo que viene de China, que ha matado a casi 50.000 personas en tres años. O en el atentado de las Torres Gemelas, atacadas por terroristas yihadistas, murieron 3.000 personas. ¿Qué ha hecho el TdA de esa dimensión? Es desconcertante. Eso no significa que el TdA no sea un peligro para los ciudadanos, pero siento que se ha exagerado y que las medidas son extremas«, recalca para El Mundo de España.
«La exageración se da en EEUU, pero no en Chile, Perú o Colombia, donde son muy peligrosos. Aquí no hay pruebas de la existencia del grupo, sólo declaraciones de las autoridades sin evidencia. Y dado lo que sabemos sobre el crimen organizado y la fuerza relativa del TdA, es dudoso que tenga presencia fuerte en EEUU. Una prioridad de la Administración es parar la inmigración y deportar a los que están aquí. Cumplir con eso es más fácil si hay justificaciones de seguridad. Y el TdA representa esa justificación. Al parecer, es una política que el público estadounidense apoya. Es un grupo peligroso, pero hay que saber dónde opera y dónde no lo hace», subraya para este periódico John Polga-Hecimovich, profesor asociado de Ciencias Políticas en la Academia Naval de Estados Unidos.
La cruzada de Washington contra un Tren de Aragua cuya dimensión en EEUU no es la que se quiere aparentar conlleva un efecto colateral: saca de foco el «verdadero problema» que, como dice el antiguo fiscal venezolano Zair Mundaray, representa el narcotráfico ligado al poder en Venezuela. «Eso sí es real, ha destruido las bases democráticas y reconfigurado el poder. El Cártel de los Soles es la real amenaza a la estabilidad regional», confirma Mundaray.
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