
Y un día llegué a las 5:30 de la mañana y ahí estaban los hombres de sal. Los habitantes de Las Cumaraguas con sus carretillas sacando sal. Entran una y otra vez para cargarla con sus palas y salen a lanzarla en las montañas blancas que se van armando en los alrededores. Se cubren manos y pies, brazos y piernas, porque cuando el sol calienta los hornea. Los quema desde arriba y desde abajo porque se refleja en el blanco de la sal. Rostros cuarteados. Son pliegues. Agujeros. El cauce de un río en la cara por donde corre el sudor. Y es así todos los días del mundo porque hay mucho que sacar para vender y mantener a la familia.
Ahí entendí que el paisaje es la escenografía, pero lo que quiero contar es la humanidad. La historia de la gente. De los venezolanos que se entregan a diario a construir el país en medio de las penurias más extremas.
Esta sal se la venden a los camioneros que llegan a diario a comprarla. También venden las rocas de sal frente a la laguna.
¿Para qué comprar sal rosada del Himalaya si tenemos sal rosada de Las Cumaraguas?
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¿Para qué comprar sal rosada del Himalaya si tenemos sal rosada de Las Cumaraguas?
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