La analista Mira Milosevich emplea una frase que define de una forma muy gráfica la diferencia en las expectativas expansionistas de Rusia y China: «Donde Moscú pone una bandera, Pekín monta una tienda». Pese a los desmentidos de China, lo cierto es que la cumbre de Roma entre el régimen de Xi Jinping y Estados Unidos para tratar de contener una internacionalización de las hostilidades desencadenadas por la invasión de Ucrania estuvo marcada por la advertencia norteamericana de que China está dispuesta a proporcionar ayuda armamentística a Putin para culminar los objetivos militares marcados por el Kremilin. En este sentido, el corresponsal de ABC en Pekín, Pablo M. Díez, asegura que la aparente neutralidad china es solo eso, mera apariencia. Su diplomacia, sus medios oficiales y las redes sociales dominadas por el Gobierno apoyan sin ambages la acometida rusa y critican a Occidente y particularmente a una estructura de defensa liderada por el Pentágono como es la Alianza Atlántica. Además, silencian cualquier voz discrepante. Ese guardar las formas decretado por Xi Jinping se explica solo por la prioridad económica que prevalece en China por encima de cualquier otra. La tienda y no tanto la bandera.

Ese guardar las formas decretado por Xi Jinping se explica solo por la prioridad económica que prevalece en China por encima de cualquier otra
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