
Por José Castrillo
Venezuela vive una profunda crisis en lo político, económico y social como nunca antes, en su historia republicana había padecido, bien sea por luchas políticas por el poder (guerra federal del siglo XIX) o por fenómenos naturales catastróficos. Ello como consecuencia de la imposición de un modelo político de hegemonía absoluta, más parecido a un régimen autocrático que uno democrático.
Con la llegada de Chávez al poder, por vía electoral, en 1998, se inaugura un estilo de gobierno, cuyo principio rector, fue imponer su visión o proyecto político a toda la sociedad, sin buscar un mínimo de consenso sobre el mismo. La regla de decisión de este modelo, en consecuencia, se sustentó en el máximo conflicto sin ningún tipo de consenso mínimo, lo que significó en términos sociopolítico, el no reconocimiento de la diversidad y la pluralidad de la sociedad.
Los gobiernos de Chávez (1998, 2006 y 2012), y de Maduro (2013, 2018) defendieron su idea de imposición política (construcción de hegemonía) y ejecutaron una economía política basada en la expansión y participación del Estado en las actividades económicas, que generalmente estaban en manos de agentes económicos privados.
Estatizaron miles de hectáreas de tierras agrícolas, centenares de empresas grandes, medianas y pequeñas, y aumentaron su participación en las importaciones de cientos de bienes y servicios, que se vendían a precios subsidiados.
Esta estrategia política y de economía política, fue sostenible, mientras el Estado, gracias a un conjunto de factores externos, que auparon varios periodos de precios de petróleo altos, podía aumentar el gasto público al infinitum, si considerar la regla básica del equilibrio dinámico ingreso-gasto. El gobierno, gastaba a manos llenas, con la idea simplista que el ingreso petrolero crecería exponencialmente, si considerar las dinámicas y vaivenes de los precios en términos históricos.
Hoy, padecemos, una severa situación o crisis, entendiendo por tal un escenario marcado por la perturbación del orden dominante o realidad, que supone su cuestionamiento. Esta crisis nos ubica en una dinámica de colapso, o condición caracterizada por el deterioro progresivo de las variables claves para el mantenimiento del orden establecido: hegemonía política y control público de la economía.
Esta dinámica de colapso se expresa en la caída sostenida del PIB, deterioro de los servicios públicos básicos de salud, electricidad, agua, combustible, pulverización del bolívar, dolarización de facto, hiperinflación, pobreza generalizada, emigraciones masivas, caída sostenida de las reservas internacionales, bloqueo financiero, amenazas de intervención militar, cierre de las fuentes de financiamiento multilateral, etc.
En fin, es un estado de conmoción social donde las mayorías han sufrido la caída brutal de su nivel de vida y de su ingreso real, y sin un horizonte de salida política a corto plazo.
El gobierno se aferra al poder, apelando a todos los recursos disponibles y ha tenido una extraordinaria capacidad de resiliencia, para reponerse a los shocks internos y externos y mantenerlo, contra viento y marea. Las fuerzas de oposición lucen agotadas en sus estrategias para afrontar al gobierno y las diversas vías usadas no han logrado el objetivo de desplazar al gobierno, bien sea por un proceso de negociación política o por la fuerza.
En este contexto, de juego trancado, una salida a la crisis o dinámica de colapso no se asoma en el horizonte. Salvo se den giros inesperados o eventos disruptivos que afecten o alteren el balance de poder actual. Con este marco explicativo situacional, es posible visualizar dos escenarios marcos sobre el desenlace de la realidad política nacional.
- Escenario Barricadas: en este, cada bloque político confrontado mantiene su postura o posición maximalista, sin considerar los efectos inexorables de la dinámica de colapso sobre la sociedad. El gobierno asume la estrategia resistir y esperar, mientras la oposición apuesta a la debacle del gobierno, por la situación interna o por una intervención externa. El desenlace sería una posible confrontación política y social catastrófica (estallido social, golpe de Estado, guerra civil, intervención externa, etc.)
- Escenario Nuevas Fronteras: en este, y de cara a la dinámica de colapso, los bloques políticos confrontados, ceden sus posiciones o posturas maximalistas, y procuran explorar un acuerdo político para lograr una salida no catastrófica (confrontación civil y militar) de la situación. En este es clave que haya un firme compromiso de los actores confrontados en buscar una salida política salomónica, donde los costos sean aceptables para cada uno. Ello puede expresarse, en un plan de gobierno de transición, adelanto de elecciones o relegitimación de los poderes (presidencia y Asamblea Nacional), activación del referéndum revocatorio, etc.
Estos escenarios no agotan el marco de posibilidades que se puedan dar en la realidad de Venezuela, a corto plazo, al contrario entre estos hay una infinidad de variantes y sub-escenarios que son posibles y probables. Ellos solo representan el marco general donde cabría esperar algún tipo de desenlace político, en medio de una dinámica de colapso que tarde o temprano nos podrá llevar a un abismo en el año 2022.
José Gregorio Castrillo / Politólogo/MSc en Planificación del Desarrollo.
Estos escenarios no agotan el marco de posibilidades que se puedan dar en la realidad de Venezuela, a corto plazo, al contrario entre estos hay una infinidad de variantes y sub-escenarios que son posibles y probables.
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