Concluida la redacción de este trabajo, percibo la aparente incongruencia de hablar de “expansionismo petrolero” en momentos de desmoronamiento de nuestra industria petrolera y caída perpendicular de sus niveles de producción, pero mantengo el título porque me refiero a una tendencia histórica profundamente arraigada en el alma venezolana, fundada en la mitología neoliberal y privatista que, con ropajes de modernidad, se postula como la única salida de la crisis actual. CMP
El próximo mes de septiembre se cumplen 59 años de la fundación de la OPEP. Excusa a partir de la cual pienso desenrollar un ovillo problemático, reiterando viejos enfoques críticos y tratando de aportar nuevos:
Desde esa fecha, y partiendo de los debates protagonizados en varias oportunidades por el proponente de esa controversial Organización, Juan Pablo Alfonzo, y su principal detractor, Arturo Uslar Pietri, los venezolanos estamos inmersos en un dilema irresoluble en términos de mercado ¿cómo producir más y a mayores precios?
La OPEP no nos ha beneficiado mucho. Esa Organización nunca ha tomado en cuenta a Venezuela ni sus intereses para nada. El sistema de cuotas es contrario a los intereses de Venezuela.
“Yo no sé quién tiene la responsabilidad, pero alguien la tiene, de que Venezuela haya aceptado que la OPEP establezca cuotas de producción petrolera. Eso va contra el interés de Venezuela.” [1]
Con esta afirmación, el Dr. Uslar pretendió olímpicamente desconocer –cosa ésta impensable en él- que los objetivos declarados de la Organización en su acta fundacional fueron, precisamente, defensa de los precios y prorrateo de la producción, vale decir, establecimiento de cuotas.
Que eso no se hubiera cumplido durante sus primeros 16 años de existencia, para amargura de su principal promotor, no significaba que fuera un invento de 1986.
Por cierto que, el afirmar irónicamente que desconocía quién había sido el responsable de esta política, es también un despectivo estilo mayestático, clásico y propio de los que se sienten con derecho y poder para decidir quién es digno de mención y quiénes no.
En distintas épocas desde entonces, el debate original ha adquirido connotaciones existenciales y de enfrentamiento agónico entre el expansionismo a todo trapo, que pugna por quitarse las gríngolas de la OPEP, promoviendo su abandono y quienes abogan públicamente por la defensa de los precios pero que, íntimamente, también sueñan con el aumento millonario de la producción.
Ambas posiciones impregnan los actuales enfrentamientos de los liberales, competitivos, modernos defensores de la iniciativa privada, profetas de los nuevos tiempos de globalización y apertura post guerra fría y muro de Berlín, con los “estatistas”, extremistas socialistas, defensores del carácter de propiedad pública que asignan a los recursos petroleros, cicateros promotores de un nacionalismo desfasado y premoderno, anclados en la preservación de una soberanía inútil, de origen absolutista y feudal, que obstaculiza el desarrollo de las fuerzas productivas, el emprendimiento y la generación de riqueza por y para los más eficientes ciudadanos de este país.
En distintas oportunidades y tonos me he referido a estas circunstancias, pero mi motivación actual proviene de recientes intercambios de ideas con otros colegas, entre los cuales salta la liebre competitiva cuando, a la manera de Uslar Pietri, colocan a los demás miembros de la OPEP, dentro de “nuestros competidores”, quienes se han apropiado de las cuotas que hemos dejado vacantes por la caída de nuestra producción, razón por la cual debemos considerarlos también como interesados en el mantenimiento de las sanciones de Estados Unidos contra Venezuela, al lado de los demás países latinoamericanos productores de petróleo, los cuales disputan también por el cada vez más estrecho mercado norteamericano.
Y se trata de colegas que concuerdan en la necesidad ineludible de un nivel de precios que permita el sostenimiento de nuestra crecientemente costosa producción, tanto por agotamiento y necesidad de recuperación secundaria ampliada en nuestros yacimientos convencionales, como por las elevadas cotas de ese parámetro -80 a 130 dólares el barril- que debe remontar una cada día más inviable expansión de la producción y mejoramiento de los crudos extrapesados de la Faja del Orinoco, en donde paradójicamente reposa más del 20% del petróleo de este planeta. [2]
De hecho, el carácter contradictorio de ese discurso “competitivo” que simultáneamente clama por mayores precios, me llevó recientemente a comentar, en un evento público, que el único consenso que existe en la aguda confrontación política actual es el de que todas las facciones enfrentadas “planifican” para alcanzar en el corto plazo una producción de 5 o 7 millones de barriles diarios… si los dejan aplicar sus respectivas fórmulas milagrosas, que eludirán el estancamiento de la demanda, la vertiginosa emergencia de las lutitas norteamericanas, los nuevos hallazgos de crudos livianos en Guyana, Brasil, Uganda y el Mar del Norte, la expansión de campos gigantes en Arabia Saudita y las crecientes limitaciones al consumo petrolero que impondrá, en el mediano plazo, la inevitable transición energética.
Pese a todo, esa disputa, doméstica y autista, se centra en tratar de demostrar cuál de las opciones políticas actuales está mejor preparada para alcanzar las elusivas metas, legítimas herederas del “megadisparate de PDVSA” de 1982 [3], y de las planteadas posteriormente en 1992 para ser alcanzadas en el 2002, de 5 millones de barriles diarios, con las “políticas volumétricas” (“compensaremos la caída de los precios con el aumento de la producción”) de las Guías Corporativas de PDVSA, elaboradas por los entonces Planificadores Mayores Ramón Espinasa y Bernard Mommer [4].
Estas “Guías” nos permiten calibrar la magnitud de los sueños que se formularon en ese año y que se replican hasta nuestros días:
En primer lugar, Espinasa y Mommer estimaron que Venezuela tenía reservas probadas de petróleo, gas y carbón, que sumaban 88 mil millones de barriles de petróleo equivalente “…y si se incluyen las especulativas, los recursos recuperables pudieran alcanzar los 504 MMM BPE”
Si se deseara explotar por lo menos 160 MMMBPE en vez de los 504 MMMBPE totales, a fin de aprovechar el ciclo de vida de estos recursos, se tendría que alcanzar rápidamente una producción de 9 MMBPED, donde los crudos pesados llegarían a los 5 MMBPED [5]
Leer mas: https://www.costadelsolfm.org/2019/08/30/carlos-mendoza-pottella-expansionismo-petrolero-resiliencia-competitiva-o-viveza-criolla/

El próximo mes de septiembre se cumplen 59 años de la fundación de la OPEP. Excusa a partir de la cual pienso desenrollar un ovillo problemático, reiterando viejos enfoques críticos y tratando de aportar nuevos: Desde esa fecha, y partiendo de los debates protagonizados en varias oportunidades por el proponente de esa controversial Organización, Juan Pablo Alfonzo, y su principal detractor, Arturo Uslar Pietri, los venezolanos estamos inmersos en un dilema irresoluble en términos de mercado ¿cómo producir más y a mayores precios? La OPEP no nos ha beneficiado mucho. Esa Organización nunca ha tomado en cuenta a Venezuela ni sus intereses para nada. El sistema de cuotas es contrario a los intereses de Venezuela.
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