Por primera vez, gracias a la valentía del teniente de aviación Ronald Dugarte, el mundo puede ver con sus propios ojos, sin filtros, la crueldad del régimen de Nicolás Maduro.
Dugarte abandonó la Fuerza Armada porque vivió “seis meses de terror”. Fue funcionario de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM) de Venezuela y desde agosto de 2018 ejerció como vigilante en las cárceles del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) en Caracas. Allí fue testigo de las torturas con las que “militares venezolanos y cubanos” sometían a los prisioneros políticos.
Dugarte no desertó sin más. Un día, de madrugada, de servicio, se escondió una cámara en el uniforme para enseñar cómo es el interior de una cárcel del Sebin. Se han leído testimonios de todo tipo. Relatos repletos de detalles. Informes técnicos en los que se describen torturas y se apuntan nombres. Pero nunca se habían visto imágenes de lo que ocurre con los presos de Maduro.
Dugarte grabó imágenes de El Calabozo, la prisión en la que se encuentran retenidos militares contrarios al régimen como el coronel Jhonny Mejías Laya y el capitán Juan Caguaripano.
La cárcel, de paredes blancas, estrechas, sucias, muestra imágenes aterradoras. Como las que han venido denunciando la Organización de Estados Americanos(OEA), el Instituto Casla de Tamara Sujú y recientemente las Naciones Unidas tras el informe del miércoles de la expresidenta de Chile Michelle Bachelet, hoy alta comisionada para los Derechos Humanos en Ginebra.
“Mi Oficina documentó numerosas violaciones y abusos de derechos humanos perpetrados por las fuerzas de seguridad y los colectivos armados progubernamentales, incluyendo el uso excesivo de la fuerza, asesinatos, detenciones arbitrarias, torturas y malos tratos en condiciones de detención, así como actos de amenaza e intimidación”, dijo Bachelet.
Ahora gracias al teniente, estos testimonios llegan a todos y hacen que la frase del abogado Atticus Finch, personaje de la novela Matar a un ruiseñor de la escritora estadounidense Harper Lee, cobren más actualidad si cabe en el caso Venezuela: “En ausencia de testigos oculares, siempre queda una duda, a veces sólo la sombra de la duda. Siempre existe la posibilidad, por improbable que sea, de que el acusado sea inocente”.
Palizas en las detenciones, torturas en la cárcel
Ana María Da Costa es la hermana de Vasco, un político venezolano capturado y secuestrado por el Sebin el 16 de abril de 2018. Ella presenció a los funcionarios “golpeando brutalmente” a su hermano “con una extensión de un cable mientras le daban golpes y patadas” y este sólo respondía “con gritos desgarradores”.
El relato lo contó la propia Da Costa al diputado José Guerra en una visita que hizo la semana pasada a la Asamblea Nacional. El testimonio se hizo público ya que Guerra lo contó en una columna del Diario 2001 el pasado domingo.
Guerra también compartió un testimonio de lo que ocurre en la cárcel militar de Ramo Verde, donde “a muchos presos les golpean en las costillas y tienen fracturas. Además, les colocan una capucha con gas lacrimógeno hasta que se desmayan y también les colocan una cinta de plomo en la cabeza para que el dolor sea mayor”.
Las pésimas condiciones de la cárcel
A las torturas se suman las condiciones que se sufren en las prisiones. El teniente Dugarte presentó el vídeo en la OEA con Sujú horas después del informe de Bachelet. Mientras recorría los pasillos del calabozo, se paró a hablar con el teniente Caguaripano. Con serias dificultades para expresarse, el preso dijo que no podía comer, que sufría problemas de estómago y que además estaba orinando sangre. Entonces mostró la evidencia.
Caguaripano cargó una garrafa plástica de agua, la mostró a Dugarte, y al fondo se vio un líquido rojo, casi marrón. Era su orina. Sí, en El Calabozo los presos orinan en botellas.
Dugarte continuó el recorrido y se detuvo en la habitación de Mejías Laya. Abrió la puerta y lo que mostró fue al coronel sentado en el suelo con los ojos vendados y las manos en la espalda. “Duró de esa forma 30 días”, precisó el teniente.
Mejías Laya no se podía mover. Tampoco hablar. Hizo algún sonido, pero no se descifra lo que quiso decir. Unos cuantos trapos en el suelo le servían de cama. Su cuarto no tenía colchón, no tenía ventanas, no tenía baño. Sólo algunos recipientes en los que, según el teniente, “hacía sus necesidades fisiológicas”.
Cuartos de tortura
La última parada de Dugarte fue en uno de los cuartos de tortura. Tras recorrer un pasillo, angosto, en el que apenas había luz, abre una puerta y de repente se identifica a los coroneles Oswaldo García Palomo y José Acevedo, junto a un tercer hombre que se identifica como “ciudadano Avichela”.
Estos tres individuos, tirados sobre unos colchones de espuma, eran incapaces de hablar. Se retorcían entre las sábanas y emitían sonidos. No palabras. En la conversación que mantiene Dugarte con un guardia se escucha que uno de los presos “está infectado, aquí se le ve”, dijo el guardia señalándose el brazo, pero sin apuntar más detalles.
Este fue el último extracto del vídeo que compartió la OEA. El teniente, en su testimonio, afirmó que los presos del Sebin “son torturados con descargas eléctricas, asfixias con bolsas plásticas, colgamientos con las manos hacia atrás y golpes contundentes en áreas vitales”.
Estos son los detalles de las torturas que denuncia Bachelet y en los que la Oficina de la ONU para los Derechos Humanos ahondará en el informe que presentará dentro de tres meses.
“Sobre muchas de estas preocupaciones hemos hecho hincapié en nuestros comunicados de prensa, y en el informe que presentaremos al consejo durante el periodo de sesiones de junio ofreceremos información detallada al respecto”, comentó la alta comisionada.
Los asesinatos de las FAES
Bachelet también habló de muertos. De 205 muertos en 2018 que se atribuyen a las Fuerzas de Acciones Especiales (FAES) de Maduro. De los 37 supuestos asesinatos que cometió este cuerpo este enero en Caracas. Crímenes que, según Bachelet, siguieron un patrón similar.
Leer mas: https://www.costadelsolfm.net/2019/03/22/torturas-secuestros-y-asesinatos-en-el-infierno-de-maduro/

La cárcel, de paredes blancas, estrechas, sucias, muestra imágenes aterradoras. Como las que han venido denunciando la Organización de Estados Americanos(OEA), el Instituto Casla de Tamara Sujú y recientemente las Naciones Unidas tras el informe del miércoles de la expresidenta de Chile Michelle Bachelet, hoy alta comisionada para los Derechos Humanos en Ginebra. “Mi Oficina documentó numerosas violaciones y abusos de derechos humanos perpetrados por las fuerzas de seguridad y los colectivos armados progubernamentales, incluyendo el uso excesivo de la fuerza, asesinatos, detenciones arbitrarias, torturas y malos tratos en condiciones de detención, así como actos de amenaza e intimidación”, dijo Bachelet.
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