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viernes, septiembre 14, 2018

Cuánta artillería diplomática en contra puede aguantar el régimen de Maduro Por Daniel Gómez

Dicen los analistas que el régimen de Maduro aguanta porque no le queda otra / Foto: Cancillería de Venezuela

La capacidad de supervivencia del régimen venezolano parece no tener límites. Toda la comunidad internacional les repudia, pero ellos aguantan en su trinchera. También saben que no les queda otra. Si el gobierno de Nicolás Maduro cae, la siguiente parada es la cárcel. En ello coinciden los analistas consultados por ALnavío.

Toda la artillería diplomática dispara al régimen de Nicolás Maduro en Venezuela. Los tiros llegan desde Washington, Nueva York, Ginebra y Bruselas. Desde los mercados financieros. Desde los organismos multilaterales. Y también, desde buena parte de los países latinoamericanos.

Pero el régimen de Maduro aguanta. Su trinchera es una retórica disuasoria y el apoyo de contados aliados. ¿Con eso les basta? Parece que sí. Pero, ¿tiene sentido seguir aguantando? Otra vez sí. Eso afirman a ALnavío los expertos. Argumentan que al régimen no le queda otra. Si abandona el poder, Maduro y los suyos caen. Y caer significa terminar entre rejas.

“El problema para el régimen no es el bienestar de los venezolanos, sino la supervivencia de Maduro y su oligarquía. La alternativa que va a tener no es perder el poder. Es la cárcel. Por corrupción, represión y los múltiples crímenes a los derechos humanos”, dice Javier Nart, vicepresidente del Grupo de la Alianza de los Liberales y Demócratas por Europa del Parlamento Europeo.

“Esto es pura supervivencia. La única solución es acabar en la cárcel o salir corriendo. Es muy difícil que este gobierno, con niveles de corrupción tan grandes, pueda pasar a una posición normal si cae”, apunta Anna Ayuso, investigadora senior para Latinoamérica del Barcelona Centre for International Affairs (Cidob)

“Maduro tiene la obligación de seguir. Si pierde el poder, tanto él como sus colaboradores inmediatos terminarán presos. Eso es un incentivo muy fuerte para seguir gobernando”, matiza Carlos Malamud, investigador principal para América Latina del Real Instituto Elcano.

Mientras, el régimen venezolano actúa como si con ellos no fuera la cosa. Niegan el éxodo, la crisis política, el colapso económico y las violaciones a los derechos humanos. Ajustan la realidad a su antojo porque saben que lo único que podría destronarles es una revuelta civil.

“Descartada de momento cualquier opción de una intervención extranjera, la única manera de salir de este impasse es a través de un estallido social”, dice Malamud.

“Venezuela no es Cuba. Es mucho peor que Cuba. Es un país riquísimo que tiene petróleo y una capacidad de renta descomunal. Van a aguantar hasta que se produzca una situación social como consecuencia de que ya ni siquiera marcharse sea la solución. Puede ser una explosión civil, una explosión militar, una explosión civil que arrastre a una explosión militar”, comenta Nart.

La crisis venezolana es cada vez más aguda / Foto: EFE

En este sentido, Nart añade que los militares venezolanos están cercados por la seguridad cubana, “un cuerpo muy profesional” que limita cualquier intento de sublevación. “Pero el pueblo tiene un límite”, advierte.

¿Cuál es ese límite? Aquí entra en juego lo económico. Venezuela tiene petróleo y eso es sinónimo de riqueza. Pero el Gobierno ha conseguido que los hidrocarburos tengan cada vez menos peso en el ingreso nacional. De ahí que requieran préstamos de aliados como China.

“El límite lo pone el aguante económico. Estados Unidos está apretando las tuercas de su relación comercial. Lo que quedan son cálculos difíciles de precisar. Hasta cuánto China podrá seguir prestando dinero. Hasta cuánto el petróleo seguirá dando dinero. Lo único cierto es que la capacidad de resistencia del Gobierno es poca”, añade la investigadora del Cidob.

Este miércoles en la noche (hora de Venezuela), Maduro viajó a China para reunirse con el presidente, Xi Jinping. Vuelve al país después de su visita oficial en 2015.

En Pekín también le espera la vicepresidenta venezolana, Delcy Rodríguez, quien partió a principios de semana y anunció acuerdos con su homónimo chino, Wang Qishan, “para la construcción de un mundo pluripolar”. También se reunió con el presidente ejecutivo del Banco de Desarrollo de China, Zheng Jizhe, para presentarle el plan de recuperación económica del Gobierno.

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