El representante vaticano encabezó una comitiva de obispos que visitó la ciudad, escenario de violentos operativos policiales.
La Policía de Nicaragua se comprometió ayer ante el nuncio apostólico en el país, el sacerdote polaco Stanislaw Waldemar Sommertag, a un cese del fuego en Masaya, la ciudad que se declaró esta semana en rebeldía y donde el gobierno lanzó un operativo contra los manifestantes opositores. El representante vaticano llegó a esa localidad acompañado de una comitiva de obispos que tenían como objetivo evitar una "nueva masacre".
El cardenal Leopoldo Brenes, presidente de la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN), aseguró que hoy serán liberadas 64 personas detenidas en los últimos días en Masaya y sus alrededores.
En la cita con los prelados estuvieron el comisionado de la policía local, Ramón Avellán, y Álvaro Leiva, director de la ONG Asociación Nicaragüense Pro Derechos Humanos (ANPDH), a quien serán entregados los detenidos.
Nicaragua atraviesa la peor crisis social y política en décadas. La decisión del gobierno de Daniel Ortega de reformar el sistema de pensiones, con un aumento de las cotizaciones y una baja en la jubilación, hizo estallar fuertes protestas callejeras el 18 de abril. Desde entonces, por la represión policial al menos 215 personas han muerto y unas 1.500 han quedado heridas, según cifras independientes. Aunque el Ejecutivo dio marcha atrás, los opositores se mantienen movilizados y exigen ahora la salida del Presidente, quien es acusado de nepotismo y de instaurar un gobierno autocrático y corrupto, dijo France Presse.
En ese contexto, la Iglesia Católica ha intentado mediar para llegar a un acuerdo nacional. Sin embargo, el diálogo fue suspendido por la violencia del gobierno hacia los manifestantes.
Ayer, en Masaya, los vecinos reconocieron el apoyo de la Iglesia y salieron masivamente a las calles para recibir a los obispos coreando "Viva Cristo Rey" y con imágenes religiosas.
Durante una parada en el recorrido, el obispo auxiliar de Managua, Silvio Báez, llamó a quienes lo escuchaban a no tomar la justicia por propia mano, a "no imitar las mismas actitudes y actos criminales (...). No queremos más criminales en Nicaragua".
"Quiero recordar uno de los mandamientos de la ley de Dios", dijo Báez, y la población respondió al unísono: "No matarás".
Horas antes, cuando se supo que los prelados irían a Masaya, los soldados se habían replegado a la ciudad colonial de Granada. El obispo de esa diócesis, Jorge Solórzano, denunció el ingreso de "camionetas llenas de antimotines y paramilitares" a la localidad, y pidió a la gente no salir de sus casas para "evitar confrontación y derramamiento de sangre".
Un pasado rebelde
Masaya y su barrio indígena de Monimbó tienen una historia ligada a la revolución sandinista. En ese lugar, a fines de los años 70, se construyeron las bombas artesanales y las máscaras representativas del pueblo para luchar contra la Guardia Nacional de Anastasio Somoza.
Y en plena guerra civil, en junio de 1979, el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) realizó un repliegue táctico donde participaron más de seis mil personas. Los milicianos caminaron en completo sigilo durante 12 horas desde Managua hasta Masaya, haciendo creer a las fuerzas somocistas que estaban derrotados.
Pero una vez reunidos, las facciones sandinistas firmaron un acuerdo de unidad, llamaron a la ofensiva final y convocaron a una huelga general que fue el detonante para el derrocamiento de la dictadura de Somoza.
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