Hace exactamente un año en las calles de Caracas no reinaba la misma sensación que hoy domina a cada individuo. El desasosiego; la decepción y la nostalgia por una oportunidad extraviada. Recordar implica un duro acto de tristeza por lo que fue y lo que pudo haber sido.
Pero el ejercicio obliga a rememorar el que ha sido uno de los capítulos más bravos de la historia contemporánea de Venezuela. El surgimiento de un movimiento sin precedentes. Libre, heroico, valiente y civil. En abril del año pasado nació la Generación del 2017.
El recuento de cómo se desmoronó un histórico movimiento
Pocas oportunidades en la historia de este magullado país han sido tan importantes como la que ofreció el ilegítimo Tribunal Supremo de Justicia el 30 de marzo del año pasado. Ese día la Corte chavista asumió las competencias del Parlamento venezolano. Un terrible golpe de Estado que derogó el último vestigio de República que quedaba.
La ciudadanía se mantuvo expectante y también la dirigencia oficial. Mientras, se dejó a la comunidad internacional actuar. El día de la infamia la condena fue inédita. Naciones, comunidades enteras y líderes mundiales se pronunciaron en contra de la aberración. El escándalo fue mundial y forzó a Nicolás Maduro a llamarle la atención al TSJ. Pero ya no podía hacer nada.
Al día siguiente de aquel 30 de marzo el chavismo colapsó. Cancelaron ruedas de prensa y nadie salía a declarar; a excepción de una, que aprovechó la nueva coyuntura para abordar el último vuelo: la fiscal general Luisa Ortega Díaz, en una sorprendente declaración a los medios, denunció la ruptura del hilo constitucional.
Sus palabras fueron decisivas. Con esa rueda de prensa inició un proceso que terminó con su huida por mar en agosto del año pasado. Pero mientras, Luisa Ortega Díaz pudo desestabilizar por completo el campo político.
La tensión continuaba en aumento. Era una oportunidad de oro para la ciudadanía —y una circunstancia desagradable para una dirigencia que no sabía cómo responder—.
Y finalmente ocurrió el acontecimiento que dio inicio a la más heroica gesta que se ha alzado en el país: un grupo de diputados, a espaldas de sus partidos, decidió acudir a la Defensoría del Pueblo para reclamar el abuso del Tribunal. No hubo respuesta por parte de Tarek William Saab; pero sí de un grupo de bárbaros: chavistas que esperaron a los diputados y los atacaron. Ese día casi asesinan al joven dirigente Juan Requesens.
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