A finales de 2014, Cuba y el gobierno estadounidense de Barack Obama acordaron restablecer las relaciones diplomáticas después de décadas de estancamiento y disputas. Las embajadas fueron reabiertas, más estadounidenses comenzaron a viajar a la isla y se reveló un poco más aquello que se pensaba estaba escondido tras una cortina en Cuba, aislada de buena parte del mundo desde la Guerra Fría.
Aunque seguía habiendo un misterio. El sucesor de Raúl Castro, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, era, en buena medida, un desconocido.
Una delegación estadounidense que visitó la isla a principios de 2015 buscó aprender más de él y le preguntaron qué pensaba de la Revolución que definió la situación política de Cuba y su lugar en el sistema mundial?
“Nací en 1960, después de la Revolución”, le respondió al grupo, según aquellos presentes, incluida la representante demócrata Nancy Pelosi. “No soy la mejor persona para contestar sus preguntas sobre el tema”.
Díaz-Canel, quien fue ratificado como presidente cubano el 19 de abril después de la salida de Raúl Castro, ha pasado toda su vida en servicio a una Revolución en la que no combatió. Nació un año después de que las fuerzas lideradas por Fidel Castro tomaron el control de la isla y es la primera persona sin llevar el apellido Castro que dirige Cuba desde mediados del siglo XX.
Su ascenso lento pero seguro por los escalafones burocráticos ha sido impulsado por una lealtad sin tregua a la causa socialista –Rául Castro ha dicho que no es “ni un advenedizo ni un improvisado”–, aunque se ha mantenido en buena medida tras bambalinas.
Díaz-Canel Bermúdez y su esposa, Lis Cuesta, esperan para votar a los nuevos integrantes de la Asamblea Nacional el 11 de marzo de 2018 en Santa Clara. Credit Foto de pool por Alejandro ErnestoAhora, como líder, Díaz-Canel deberá hacer algo de malabarismo. Muchos esperan que sea un presidente de la continuidad, en gran medida porque llega a la sombra de Raúl Castro cuando este seguirá al mando del Partido Comunista de Cuba. Aunque el nuevo presidente también deberá encontrar cómo revivir la economía de la isla en momentos en que el actual líder estadounidense, Donald Trump, ha echado para atrás el deshielo. Además, Díaz-Canel deberá poder manejar las frustraciones de una población cubana impaciente con el ritmo de los cambios en la isla, y hacerlo sin tener el peso de las credenciales revolucionarias del apellido Castro a sus espaldas.
Estas han sido clave para el poder político en Cuba desde 1959. En los años posteriores prácticamente todo el control ha corrido a cargo de algún Castro acompañado de personas leales que combatieron a su lado en la revolución.
“Díaz-Canel sencillamente no es una figura conocida en Estados Unidos y, francamente, tampoco es tan conocido en el resto de América Latina”. DANIEL ERIKSON, EXFUNCIONARIO DEL DEPARTAMENTO DE ESTADO ESTADOUNIDENSE.
Resultó que la oposición más efectiva a los hermanos Castro fue el tiempo.
Raúl Castro heredó el poder de manos de Fidel en 2006; este falleció una década después a los 90 años. Raúl puso en marcha las reformas más ambiciosas en décadas y después orquestó otra: pasarle la batuta a una nueva generación.
Después de abrir la economía a la inversión privada y al emprendedurismo, de relajar las restricciones de viaje hacia y fuera de Cuba y de restablecer los lazos con el gran enemigo cubano, Raúl Castro seleccionó a Díaz-Canel para suplirlo.
Pese a esfuerzos recientes de volverlo una figura más conocida, Díaz-Canel sigue siendo una incógnita tanto en casa como fuera. En 2012 lideró la delegación cubana para las Olimpiadas de Londres y acompaño a Raúl Castro a una conferencia internacional en Brasil. Pese a ello “es alguien que ha estado muy poco expuesto a figuras políticas o culturales de Estados Unidos”, dijo Daniel Erikson, exfuncionario del Departamento de Estado estadounidense. “Sencillamente no es una figura conocida en Estados Unidos y, francamente, tampoco es tan conocido en el resto de América Latina”.
Leer mas: https://www.nytimes.com/es/2018/04/19/miguel-diaz-canel-cuba/

Díaz-Canel, quien fue ratificado como presidente cubano el 19 de abril después de la salida de Raúl Castro, ha pasado toda su vida en servicio a una Revolución en la que no combatió. Nació un año después de que las fuerzas lideradas por Fidel Castro tomaron el control de la isla y es la primera persona sin llevar el apellido Castro que dirige Cuba desde mediados del siglo XX.
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