Republica del Zulia

Julio Portillo: Necesitamos entonces promover el regionalismo como protesta al excesivo centralismo en todos los órdenes. Tenemos que despertar la conciencia política de la provincia.

viernes, marzo 30, 2018

Ricardo Hausmann: El espejismo de la dolarización en Venezuela

La tragedia que vive Venezuela ha creado la necesidad de romper tabúes para buscar soluciones. Esto es positivo porque la forma actual de manejar la economía es lo que nos llevó a este desastre y, por tanto, la solución de nuestro problema pasa por cambiar sustancialmente esa manera de hacer las cosas. En el proceso, muchas vacas consideradas sagradas van a tener que dejar de serlo y otras prácticas comunes se tendrán que convertir en nuevos tabúes.

Una de las propuestas que está en discusión es el tema de la dolarización, el cual promete acabar rápidamente con la inflación y presumiblemente ayudar a recuperar la economía. Desafortunadamente, la dolarización es una buena solución para problemas que no tenemos, pero no resuelve –sino más bien agrava– los que sí tenemos. Es un espejismo que nos llevará a un desierto seco y que nos desvía de las cosas importantes que debemos estar discutiendo.

Empiezo por decir que no veo el tema de la dolarización como algo que se puede discutir en términos ideológicos o universales. No es algo que puede ser bueno o malo a menos que se tome en cuenta el contexto. Grecia, Italia y España en el año 2000 se beneficiaron durante casi una década por su decisión de abandonar la moneda nacional y adoptar el euro. El Salvador optó por abandonar su moneda en favor del dólar a pesar de que en ese momento la inflación estaba en un dígito. Más aún, desde mi posición en el Banco Interamericano de Desarrollo trabajé con el presidente Jamil Mahuad en la preparación del conjuntos de reformas legislativas que hicieron viable la dolarización de Ecuador en 1999, esfuerzo que continué en el año 2000 y 2001 con el presidente Gustavo Noboa.

Pero las razones por las que era conveniente dolarizar el Ecuador en 1999 se parecen poco a la realidad actual de Venezuela.

La dolarización puede ayudar a bajar la inflación rápidamente y prácticamente sin costo, cuando el país tiene una deuda pública interna grande en moneda nacional y la moneda no goza de confianza. En esos casos, tipo Ecuador 1999 o Italia por esos mismos días, la falta de confianza lleva a la gente a demandar una alta tasa de interés para adquirir bonos públicos en moneda nacional, comparada con la tasa que exige si esa deuda es en dólares, porque anticipa que la moneda nacional va a perder valor. Pero si el gobierno tiene que pagar una tasa de interés más alta sobre su abultada deuda interna, eso aumenta el servicio de la deuda y el déficit fiscal y obliga al gobierno a financiarse emitiendo dinero en forma inorgánica, confirmando las expectativas de los tenedores de bonos. Este círculo vicioso –es decir, expectativas de inflación-devaluación, altas tasas de interés sobre la deuda interna, alto déficit fiscal financiado inorgánicamente, alta inflación–devaluación– se puede eliminar, en ciertas condiciones, de un solo golpe: dolarizando. De esa forma, la deuda se convierte de inmediato a dólares, las tasas de interés bajan y el déficit fiscal desaparece como por arte de magia y con él, la necesidad de emitir dinero y depreciar la moneda. Este mecanismo es el que explica por qué, entre los países que bajaron la inflación de más de 1.000% a menos de 100%, los que dolarizaron o fijaron el tipo de cambio lo hicieron en promedio más rápido: se beneficiaron de una caída más acelerada de las tasas de interés.

Los números en Ecuador eran dramáticos. La moneda nacional –el sucre– arrancó el año 1999 con una cotización cercana a los 3.500 sucres por dólar. Para diciembre llegó a 25.000. Las tasas de interés sobre la deuda interna fluctuaban en torno al 450%. Con el solo anuncio de la dolarización, incluso antes de que se adoptara, las tasas de interés bajaron al 15% en diciembre de 1999 y eso permitía proyectar la eliminación del déficit para el año 2000. La dolarización rompió el círculo vicioso. Algo similar, aunque menos dramático, ocurrió cuando los países del sur de Europa adoptaron el euro el 1ero de enero de 2000: cayó la tasa de interés sobre su deuda interna, ayudando a cerrar la brecha fiscal y las expectativas de devaluación.

La situación actual de Venezuela no podría ser más distinta. En nuestro país, la deuda interna es totalmente insignificante y está contratada a unas tasas de interés del veintitantos por ciento en bolívares, cuando la inflación está en más de 4000%. Es decir, que el que compre un bono público interno pierde más del 97% del valor de su inversión en 1 año. Y por eso, nadie lo hace. A pesar de esto, tenemos un déficit fiscal tal cuyo financiamiento hace que el dinero que emite el Banco Central crezca al 3.493%, como lo hizo en las 52 semanas previas al 16 de marzo de este año, última cifra publicada.

Con la dolarización, ¿qué ocurriría de manera automática con el déficit fiscal?  Nada. Quedaría un déficit fiscal gigantesco. Y, ¿cómo haría el gobierno para pagar sueldos, pensiones, bonos y transferencias a gobiernos sub-nacionales? Buena pregunta, pues con la dolarización se acaba la forma actual en la que el gobierno hace esos pagos –la emisión inorgánica–, pero no se crea una fuente alternativa. La teoría que a menudo se esgrime en estos casos es que el gobierno se verá obligado a ajustar su déficit fiscal a lo que pueda pagar. Es algo así como pensar que, si uno se compra la ropa tres tallas menores a la que a le corresponde, perderá peso. Cuando los gobiernos provinciales de Argentina enfrentaron esta situación en 2001, comenzaron a emitir monedas locales. Al final, Argentina tuvo que abandonar la convertibilidad. Zimbabwe, a los 10 años de la dolarización, es 32% más pobre que hace 20 años.

Imaginemos a Venezuela dolarizada y calculemos algunas implicaciones fiscales de este escenario. En la actualidad, el salario mínimo, medido en dólares de Cúcuta, no llega a $6. Medido al tipo de cambio de 70.000 Bs/$ que se ha propuesto para la dolarización, no llega a $20. En los países dolarizados de América Latina, como El Salvador, el salario mínimo es de $300, en Ecuador es $386 y en Panamá es $744. Si los venezolanos van a poder comprar, en un país dolarizado, suficientes calorías y proteínas para no seguir perdiendo peso, el salario en dólares va a tener que ser muchos múltiplos de lo que es hoy.

En Venezuela, el gobierno paga el sueldo de unos 3 millones de trabajadores y las pensiones de unos 3 millones de jubilados. Es decir, 6 millones de familias dependen directamente de lo que les paga el Estado. En el mes de febrero, la recaudación no petrolera representó 57 millones de dólares calculado al tipo de cambio en Cúcuta y unos 180 millones de dólares al tipo de cambio propuesto de 70.000 bolívares. Si fuésemos a utilizar el 100% de esa recaudación para remunerar a los 6 millones de empleados y pensionados del Estado, da para pagarles un sueldo de $9.5 al tipo de cambio de Cúcuta o $30, si lo calculamos a 70.000 BsF/$. Esos serían salarios y pensiones de hambre, pero la dolarización no genera ingresos fiscales para pagar mejor.

Leer mas: http://www.costadelsolfm.net/2018/03/28/ricardo-hausmann-el-espejismo-de-la-dolarizacion-en-vnezuela/

No hay comentarios.:

Publicar un comentario