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Julio Portillo: Necesitamos entonces promover el regionalismo como protesta al excesivo centralismo en todos los órdenes. Tenemos que despertar la conciencia política de la provincia.

viernes, enero 26, 2018

VENEZUELA: ¿INTERVENCIÓN HUMANITARIA?, Alvaro Vargas Llosa

Ricardo Hausmann, académico de Harvard, ex ministro de Planificación de Venezuela y ex funcionario internacional, ha alborotado el gallinero proponiendo, a través de una columna en Project Syndicate, una intervención militar humanitaria para rescatar a su país de una crisis que transita de “una catástrofe” a ser “inimaginable”.


El debate es legítimo y yo diría que necesario, independientemente de dónde se sitúe uno en esa discusión. Yo no he llegado a la conclusión a la que ha llegado él, porque creo que las consecuencias podrían ser demasiado costosas desde diversos puntos de vista y porque sigo pensando que una gran presión interna y externa todavía puede quebrar la resistencia de los sectores militares que sostienen a Maduro. Pero el propósito de esta reflexión no es intentar refutar a Hausmann sino defender, contra los insultos que recibe y las deformaciones de su propuesta producidas por la propaganda chavista, su derecho a poner sobre la mesa, seguramente a un costo personal significativo, una de las pocas salidas que la tragedia de su país ofrece hoy. La culpa de que alguien como Hausmann no vea otra escapatoria que esa del horror venezolano la tiene el régimen que les inflige a 30 y pico millones de compatriotas suyos el suplicio que es allí la vida diaria.

¿Qué dijo y qué no dijo Hausmann? Primero, recordó a los lectores el drama social venezolano con una estadística escalofriante: el salario mínimo equivale hoy a 2.740 calorías diarias (utilizando para la comparación los productos más baratos que es posible adquirir). En mayo de 2012, el equivalente eran 52.854 calorías. Mientras esto sucede -en el contexto de una caída abismal de la producción de petróleo y una inflación mensual de 50%-, el gobierno se preocupa sobre todo de aumentar la represión adquiriendo sistemas chinos de control de masas.

Frente a ello, Hausmann se plantea las diversas salidas posibles. Como tanta gente en este mundo (este servidor está entre ellas), el autor cree que la actual negociación entre Maduro y la oposición es una burla. Se ha llegado al absurdo de que mientras la Mesa de la Unidad Democrática negociaba con la dictadura, Maduro iba convirtiendo en ilegales a los partidos que la componen. La elección inconstitucional de una Asamblea Nacional Constituyente y el uso instrumental de un Tribunal Supremo también ilegítimo hicieron a lo largo de 2017 que el Parlamento venezolano quedara reducido a la insignificancia y se produjeran tres elecciones fraudulentas. ¿Va Maduro, ante esa debilitadísima oposición, a negociar en serio?

Descartado eso, queda la opción del golpe militar. Hausmann cree que dicha opción convoca demasiados fantasmas del pasado latinoamericano como para ser apetitosa para la oposición y que en cualquier caso los uniformados están demasiado comprometidos con la corrupción y la violencia (y el narcotráfico) como para facilitar una transición.

Esto lo lleva a plantear la intervención humanitaria. ¿Qué propone? Que la Asamblea Nacional, a pesar de que ha sido barrida en la práctica, se reúna haciendo uso de su legitimidad para destituir a Maduro y a su vicepresidente, cuyos activos están congelados en Estados Unidos por los delitos que se le imputan. La legítima administración interina pediría entonces a la comunidad internacional intervenir, de tal forma que no habría una violación de la soberanía venezolana sino una respuesta a la invitación del gobierno del país en cuestión (aunque no lo dice así, ello evitaría una votación en el Consejo de Seguridad de la ONU en torno al capítulo VII de la Carta de dicha organización, que con seguridad se perdería). ¿Qué países participarían? Los que quisieran (“coalition of the willing”): países latinoamericanos, Estados Unidos y países europeos.

Así, el académico le abre la puerta de la jaula al tigre y nos sitúa frente a él. No es infrecuente invocar la dimensión “humanitaria” de una crisis para justificar una acción armada. Con otro lenguaje, ese fue el argumento de muchas acciones militares en el siglo XIX (y el debate viene por lo menos desde Hugo Grocio, muchísimo antes). En nuestro siglo, la ONU adoptó el principio de soberanía, dado el contexto en el cual surgió esa organización, de un modo muy estricto. Pero con el tiempo el principio de soberanía fue cediendo algunos espacios al humanitarismo. En ciertos casos -el más importante fue quizá la intervención de la OTAN en Kosovo, en 1999, a instancias de Bill Clinton- se trató de acciones al margen de la ONU. En otros fue la propia ONU la que autorizó la violación de la soberanía de un país por razones humanitarias. El caso más conocido es el de la Libia de Gadafi, en 2011 (mediante la resolución 1973, que nadie, incluyendo a Rusia y China, vetó en el Consejo de Seguridad).

Leer mas: http://www.abcdelasemana.com/2018/01/25/venezuela-intervencion-humanitaria/

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