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Julio Portillo: Necesitamos entonces promover el regionalismo como protesta al excesivo centralismo en todos los órdenes. Tenemos que despertar la conciencia política de la provincia.

lunes, enero 29, 2018

Manuel Zapata: “El país inclusivo no priva en la sociedad venezolana” por Hugo Prieto

La crisis que atraviesa el país ha sido devastadora para los sectores populares, hasta el punto que ha provocado un daño antropológico. A esta conclusión ha llegado Manuel Zapata, sociólogo, con una licenciatura en teología y tesista de la Maestría de Psicología Social de la Universidad Central de Venezuela. Zapata, además, es director del Centro Gumilla, ese gran laboratorio social de la Congregación Jesuita en el país, que el pasado viernes cumplió 50 años de existencia.  Simultáneamente, la revista SIC llega a sus 80 años.

“Si no entendemos la crisis desde lo social estamos perdidos”, dice Zapata. Pero los problemas de la gente no es lo primero en las agendas políticas. La visión mesiánica sigue prevaleciendo. Por esa misma razón, “ni este gobierno, ni un candidato de la oposición que venga, van a resolver nuestros problemas. Tenemos que creer en nosotros mismos, en que podemos hacer un aporte diferente, tenemos que creer en el otro por lo que vale, por lo que es, más allá de las etiquetas ideológicas o políticas”. La luz al final del túnel es la esperanza.

¿Cómo ha afectado la crisis a los sectores populares en Venezuela?

La crisis ha sido, en parte, devastadora. Tanto de la organización social como de la organización popular, entre otras cosas, porque el gobierno ha jugado con la crisis y, en medio de las precariedades, ha intentado que la gente se haga más dependiente y menos autónoma. Sin embargo, uno puede encontrar en las comunidades populares signos de solidaridad vinculados con el tema de la salud, por ejemplo. Ante la falta de medicamentos, la gente encuentra formas de apoyar de distintas maneras, ya sea con el acompañamiento espiritual o la compra de medicinas a un costo altísimo. El capital social, en estas condiciones de país, se pone a prueba y yo creo que mucha gente tiene ese capital social activado. Obviamente, a veces la situación adversa puede más que la organización social.

La libertad, para muchos venezolanos, consiste en hacer , entre otras cosas porque los que gobiernan hacen lo propio. Pero hay un concepto de la libertad y de la liberación que es muy distinto a lo que acabo de señalar. ¿Por qué no se asume la libertad como un compromiso y como una responsabilidad?

Diría que es una forma errada de entender la libertad. La libertad no nace de seguir las emociones o los dictados que nos impongan las ideologías, sino de lo más profundamente humano. En términos cristianos, nace del espíritu. Y él espíritu me lleva no adónde yo quiero, sino adónde él quiere. Desde el Evangelio, nos lleva a la fraternidad, a ser corresponsables de la vida del otro. El ser humano es un ser social, no es nadie sin el otro. Hay visiones de la libertad muy individualistas que niegan la heteronomía, pero no hay libertad sin heteronomía. Creo que eso es muy importante que lo tengamos en cuenta. Pero luego está lo otro, la liberación que, a mi entender, nace de una situación particular, digamos, una situación de dependencia o de esclavitud como tantas veces se ha visto en la historia. Nosotros hablamos de una liberación integral. No solamente de la persona, sino de los mecanismos opresores, aquellos que impiden que la gente salga adelante. De alguna manera, esos mecanismos están en la estructura social.

Estamos en el sálvese quien pueda ¿Cómo compaginar los valores que acaban de mencionar, si la idea es despojar al prójimo y darle un codazo para sacarlo de la fila, o sacar provecho de los mecanismos de dependencia y de bachaquear?

Yo diría, en primer lugar, que el sálvese quien pueda remite a una situación casi de barbarie. Es decir, al estado del salvajismo, a la lucha del más hábil, del más fuerte. Es terrible. Es olvidarse del otro. Es una lógica social que va anulando la posibilidad de que la gente vea que se está haciendo daño a sí misma. De que lo que hoy hace, bachaquear, por ejemplo, mañana se lo pueden hacer a él. En ese sentido, la crisis ha producido un daño antropológico, porque ha sacado lo peor de lo nosotros. Pero también hay gente que ha sacado lo mejor de sí.


Operan los mecanismos de la inmediatez y la búsqueda de resultados, sin importar los costos sociales.

Nos dejamos llevar por el instinto de la sobrevivencia; esa es la lógica y se pierde toda racionalidad. Se pierden todos los valores. Efectivamente, estamos inmersos en una crisis espiritual, de humanidad, de las cosas que tienen que ver con la vida, de lo que nos hace humanos. De valores como la ética, el respeto, la compasión, si se quiere, por la necesidad ajena. De ponerse en los zapatos del otro. Pero también creo que esto responde a un mecanismo estructural de poder, que se ha implantado en el país. No vamos a exculpar a la gente de su responsabilidad, pero hay que ver la complejidad del fenómeno.

Leer mas: http://prodavinci.com/manuel-zapata-el-pais-inclusivo-no-priva-en-la-sociedad-venezolana/

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