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| Foto: Ippóliti |
La tendencia a la incertidumbre está reformulando las coordenadas de la política: las fronteras ideológicas se hacen cada vez más difusas y los líderes que aspiran a gobernar se enfrentan al desafío cotidiano del cambio de piel.
Se gana y se pierde. En América del Sur la "nueva derecha" impulsa desde el poder programas liberales con agenda social y no reniega de las políticas asistenciales de sus antecesores. En Europa, la "vieja izquierda" se desangra en peleas internas y fiascos electorales, incapaz de hallar la fórmula para reconectar con una sociedad propensa a la desilusión.
Los socialdemócratas extraviaron el rumbo desde la crisis que estalló en 2008. Durante medio siglo habían representado al Estado poderoso que asumía una misión redistributiva. A partir de los 90 se impuso la transformación de la Tercera Vía, encarnada en un principio por el Nuevo Laborismo -centrista, pro mercado- de Tony Blair y Gordon Brown. Pero el deterioro ostensible del Estado de bienestar en la última década arrojó millones de votantes hacia el populismo antisistema: la izquierda radical en los países deudores del Sur; la derecha xenófoba en los acreedores del Norte.
El péndulo oscila hacia el lado contrario en América latina. Una década de gobiernos de retórica progresista, estatistas y antiliberales concluye en desencanto, sin conseguir la caída de la desigualdad tan prometida y en medio de incontables escándalos de corrupción.
El pragmatismo ideológico define más que otra etiqueta el proyecto de Mauricio Macri o el del peruano Pedro Pablo Kuczynski, un liberal que se alió a la izquierda para derrotar en el ballottage a Keiko Fujimori. Michel Temer, después de suplantar a la destituida Dilma Rousseff, coquetea también en Brasil con esa suerte de Tercera Vía al revés.
Los une el empeño en desmarcarse de las definiciones clásicas (izquierda-derecha o conservador-progresista) y una estrategia de comunicación que consiste en presentarse como lo opuesto a "la política".
"El giro hacia la derecha es la variante latinoamericana del auge de los movimientos antisistema en los países occidentales", escribió en un reciente informe Mohamed El-Erian, consultor jefe del grupo financiero Allianz.
Esta nueva camada de presidentes llegó al poder al frente de coaliciones endebles, que carecen de un aparato bien definido y de una base amplia de militantes.
Entre los socialistas europeos se discute si la forma de volver a ganar pasa por romper las viejas estructuras y diluir las señas ideológicas o si, en cambio, la moda modernizadora de los 90 tiene la culpa de la sequía de votos actual.
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