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| Stephen Crowley / The New York Times |
Hubiera sorprendido de cualquier otro presidente, pero durante su último año en el puesto, Obama prácticamente ha hecho una rutina de reconocer la despreciable historia de Estados Unidos en algunos de los países que visita.
A inicios del mes se trató del bombardeo dirigido por la CIA y la campaña paramilitar que devastó a Laos durante la Guerra de Vietnam. Aunque el presidente estuvo a punto de disculparse, en sus palabras, estaba “reconociendo el sufrimiento y sacrificio en ambos bandos del conflicto”.
Este año, el presidente Obama ha encarado de manera similar los crímenes estadounidenses cometidos en Cuba, Argentina, Vietnam y Japón; en cada ocasión habló de las acciones cometidas hace décadas, pero que siguen siendo temas sensibles, enmarcados en un lenguaje de reconciliación. En comparación, el demócrata anterior en la Casa Blanca, el presidente Bill Clinton, hizo esto en dos ocasiones, ya que admitió el apoyo de la CIA en la campaña de terror en Guatemala durante la guerra civil de ese país y, en un discurso que delegó a su secretaria de Estado, aceptó el papel de Estados Unidos en el golpe de Estado de 1953 en Irán.
La serie de declaraciones de Obama en las que ha revisado puntos históricos conflictivos, destaca varias facetas poco usuales de su visión del mundo. Son congruentes con su esfuerzo más amplio de ponerse en contacto con antiguos adversarios, como Cuba y Birmania. Estos reafirman su creencia en la introspección y la necesidad de derrotar al pasado. Asimismo, pone de relieve su punto de vista de que el poder estadounidense no siempre ha sido una fuerza para hacer el bien.
A la Casa Blanca no le entusiasma mucho llamar la atención sobre esta práctica. La administración aún está sensible después de que los conservadores la acusaron de “disculparse en nombre de Estados Unidos” en 2009, después de que Obama habló de manera crítica sobre su predecesor republicano en sus visitas a Egipto y Francia.
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| Stephen Crowley / The New York Times |
Sin embargo, en una reciente conferencia de prensa con algunos reporteros, la consejera de seguridad nacional de la presidencia, Susan E. Rice, afirmó: “Un sello distintivo del periodo del presidente ha sido enfrentar y reconocer nuestra historia”.
Esa historia ha incluido, como “punto de partida”, el papel “abrumadoramente positivo” de Estados Unidos en el mundo, explicó Rice. “Donde sea el caso, debemos reconocerlo”.
Esta práctica, añadió, “conviene a nuestros intereses y relaciones en cuanto a nuestra capacidad de superar el pasado en algunos de estos lugares”.
La profesora de estudios gubernamentales en Darmouth College y autora de Sorry States: Apologies in International Politics, Jennifer Lind, explicó que esos comentarios tienen una función específica que va más allá de fomentar buenos sentimientos.
En marzo, por ejemplo, Obama admitió ante la audiencia cubana que en otro tiempo Estados Unidos había intentado “ejercer control sobre Cuba” y que había trató al país como “algo de lo que podía aprovecharse”. Al rechazar explícitamente el comportamiento de Estados Unidos en el pasado, Obama envió el mensaje de que no se repetiría. Al abrirse a la crítica interna, mostró su disposición a hacer sacrificios para mejorar las relaciones.
Leer mas: http://www.nytimes.com/es/2016/09/19/obama-cambia-la-politica-exterior-al-reconocer-por-primera-vez-los-errores-de-estados-unidos/


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