Cualquiera pensaría que la decisión del CNE de acumular todos los obstáculos posibles para que el Referendo Revocatorio contra Maduro no se realice este año ni nunca, fue el único acontecimiento político importante ocurrido durante el 2016 en el país, y, por tanto, perfectamente, archivable como otra derrota catastrófica para la oposición democrática.
Se desprende, no solo de la propaganda oficialista que liminar y subliminar desliza la idea “de que dictadura revolucionaria no sale con votos, y menos con Revocatorio”, sino también de voces de la oposición que ya hacen cola en el “Muro de los Lamentos” para espetar lo de siempre: “Nos jodimos, la MUD nos entregó, y sin ánimos de meterme en lo que me incumbe, creo que, sin un nuevo liderazgo y, sobre todo, sin tomar la vía de otras formas de lucha (estallido social, desobediencia civil, o aplicación del art. 350 de la Constitución) tendremos dictadura comunista para rato”.
Sin embargo, un análisis “sine ira et studio”, menos emocional y sustentado en los datos y cifras fríos que jalonan los anales (amo a Tácito) del espectacular y calientísimo 2016, nos sitúan, no solo en un balance que determina que Maduro y el totalitarismo deambulan, definitivamente, por el túnel sin salida de la inviabilidad del socialismo, sino, en la perspectiva de que, una oposición unida y una sociedad civil en la calle, puede que no provoquen un suicidio político colectivo del castrochavismo, pero si una fuga en avión, vehículo automotor, balsa o a pie por las trochas y caminos verdes que tanto abundan en la larga frontera colombo-venezolana.
¿Qué pasó, entonces, la noche del miércoles pasado, cuando, las cuatro señoras adultas mayores del CNE -bajo cuyas faldas se esconde Maduro cada vez que siente venir la tormenta- anunciaron que habían aprobado un cronograma para el Revocatorio que, de todas todas, lo hace casi imposible y lo remite a ser celebrado en algún año del siglo XXI?
¿Se perdió la guerra, o una importante batalla que va influir en el resultado final de la guerra, o fue solo una escaramuza perfectamente rectificable que, en cuestión de semanas, dejará de nuevo enfrentadas las fuerzas en pugna y disponiendo de los recursos que les permitan empeñarse en las estrategias que desarrollaban hasta ahora?
Las respuestas a las preguntas no pueden ser rígidas, taxativas, y convencionales, pero mucho menos ambiguas, por lo que, es insoslayable recurrir a la heurística que recomienda creatividad para verlas de conjunto y olfato al establecer las pistas que nos acerquen al momentum que irrumpe después del 21-Sep.
Para empezar, el Referendo Revocatorio es una consecuencia de la estrepitosa derrota que le aplicó la oposición democrática al totalitarismo castrochavista en las elecciones parlamentarias del 6-D, y cuyo efecto más devastador fue perder la otra mitad del gobierno, el Poder Legislativo y sufrir en los últimos nueve meses ataques tras ataques.
En otras palabras, comienza otra historia, otra narrativa en la política venezolana, como que, después de 17 años, el chavismo se convierte en minoría, la oposición eleva su respaldo hasta un 80 por ciento y las estrategias gobierno-oposición se revierten, por cuanto, la primera toma la ofensiva y el segundo, la defensiva.
De modo que, puede afirmarse que toda la política que surge durante el 2016 se origina en la conmoción de este choque de placas teutónicas y las nuevas realidades que crea, ya que, desencadena terremotos, tsunamis y no pocas réplicas y sacudidas que, aunque muy fuertes, no son iguales en intensidad a los primeros.
“No son iguales en intensidad a los primeros” y este dato es fundamental para entender lo que pasó con el Referendo Revocatorio y sus epílogos, pues, si se hubiera entendido que el CNE de Maduro aceptó y jugó limpio al reconocer la mayoría absoluta que lo desalojó del Poder Legislativo justamente por eso, porque era el Poder Legislativo, se habría establecido que el siguiente paso, conquistar el Poder Ejecutivo, debía hacerse con unos métodos que no contemplaran la participación del Ejecutivo en su cónsola de decisiones.
En otras palabras, debido a que el CNE había reconocido la victoria opositora del 6D, la MUD se confió que lo mismo sucedería con el Referendo Revocatorio, como sucede normalmente en los gobiernos democráticos. El error de calculo estuvo en no pensar que Maduro es el cabecilla de un régimen totalitario y lo que preside es una dictadura. Y si aceptó la victoria en las elecciones legislativas, de ninguna manera iba a aceptar que un Referendo Revocatorio determinara el final de su mandato.
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