Existen motivos para reexaminar la estrategia que permitió la recuperación de la oposición. El primero es la existencia de una nueva relación de fuerzas. El segundo es que el poder aun conserva un 22% de seguidores, pese a la vida de calamidades y a las evidencias gubernamentales sobre sus incapacidades, fracasos y constante destrucción del país.
Las encuestas muestran la actualidad y la urgencia del cambio. Más del 90% de la población se resiente por la crisis, más de un 80% rechaza las decisiones económicas del Gobierno, pero sólo un 55 % avala la renuncia de Maduro. Hay un desfase entre la oposición social y la política.
Los números sugieren muchas interrogantes. ¿Por qué el nivel de protesta no se corresponde con el grado de rechazo al Gobierno?, ¿Ha llegado el oficialismo a un lecho de roca que detendrá su erosión? Deberían ahondarse las conexiones entre estas situaciones y el discurso, los eventos, las iniciativas ofensivas y reactivas puestas en acto por la MUD durante este año, incluido el positivo desempeño en la Asamblea Nacional.
Detrás de los números, el análisis revela la consolidación de una nueva mayoría social, políticamente plural y opuesta al dúo Maduro/Cabello; el incremento en la oposición de una lógica polarizadora; efervescencia de los dos extremos radicales; mayor propensión del Gobierno a colocarse contra la Constitución y creciente tendencia a la protesta pequeña, espontánea y desarticulada.
La actual estrategia del cambio se ha focalizado en cumplir las promesas parlamentarias y ofrecer todos los mecanismos constitucionales establecidos para salir de Maduro. La generalización contiene la ambigüedad de no escoger el eslabón más débil para golpear juntos en él.
Pareciera que se desestima la autoritaria resistencia gubernamental a la democracia y su disposición a bloquear todas las salidas constitucionales manipulando la Constitución. Pareciera faltar la evaluación sobre cuando conviene la respuesta frontal y cuando darle prioridad a ganar la opinión en el campo de los indecisos o neutralizar a sectores blandos del chavismo. En esta lucha no aplica el lema de Juego de Tronos: ganar o morir.
Existen otras ausencias. Las líneas para asociar partidos con descontento de la gente; las orientaciones para traducir las protestas en movimientos de propuestas; el mensaje para que las conductas adaptativas a la crisis no apaguen las motivaciones al cambio; las iniciativas para practicar el entendimiento y las luchas compartidas con el pueblo chavista y sus sectores dirigentes críticos que hay que ayudar a emerger. Un plan para impedir la suspensión de las elecciones regionales o para atacar las acciones del TSJ y del CSE contra la democracia participativa y el Estado de Derecho.
Finalmente, el relanzamiento de la unidad y de un liderazgo colectivo desafiado por un momento fundacional, por una transición que debe reportar un verdadero cambio de época.
http://www.talcualdigital.com/

No hay comentarios.:
Publicar un comentario