La disyuntiva es cada vez más clara para todos: cambiar o permitir que siga la destrucción del país. Más de las dos terceras partes de la población exige un cambio, lo que significa que allí están incluidos seguidores del gobierno. Buena parte de ellos está dispuesta a revocar a Maduro.
El país que brega diariamente con la crisis sabe que el chavista está haciendo la misma cola que quien no lo es y que tanto unos como otros somos víctimas de un modelo que no funciona y de un gobierno ocupado, por un lado, en mantener las medidas que profundizan la crisis y por el otro, en prolongarse en el poder aún a costa de hundir al país. La obsesión continuista de la cúpula está vinculada a mantener corruptelas y negocios peores a los que se destapan en Brasil, por la existencia allí de un poder judicial independiente y unas fuerzas armadas institucionales.
En nuestro caso, la cúpula gubernamental se coloca contra el Estado de derecho, manipula la Constitución Nacional para protegerse, usa la ley para otorgarle impunidad a sus delincuentes, niega su visión de la democracia participativa para impedir que sea el pueblo quien decida si quiere a Maduro dentro o fuera de Miraflores.
A la cúpula gubernamental no le importa Chávez y del siglo XXI sólo le interesa mantener el hampoducto entre la renta pública y las escandalosas cuentas bancarias en los paraísos fiscales. Este círculo de perversión del proyecto, descomposición del Estado y agresión a la sociedad es sustentado por los invasores del Tribunal Supremo de Justicia y sectores militares al servicio de una ideología contraria a la justicia y a la libertad.
Está encendido el alerta rojo que votaron por el oficialismo en las parlamentarias. En el PSUV y su polo de vitrina también crujen los reclamos y las diferencias. Las declaraciones de Rodríguez Torres rompen el pacto de silencio que han aceptado otros dirigentes críticos dentro del PSUV. No son ni salto de talanquera ni carantoñas hacia la oposición, sino un acto de aceptación de la realidad y el reflejo de quienes desean impedir que el PSUV sea manejado como un dique contra la voluntad del pueblo.
Hay una Venezuela en resistencia al autoritarismo y a la barbarie. Aparecen posibilidades de pensar juntos a favor de un modelo de transición compartido, incluido el mecanismo de la renuncia de Maduro, pondría fin al ciclo de fracasos y división.
Para ensanchar esas posibilidades hay que aislar a los sectores radicales, estén donde sea, pero especialmente a los están alojados en el poder, actuar con más apego a la Constitución, con más democracia, con más convivencia, con más reconciliación y con los cambios indispensables para superar la crisis.
Aún hay esperanzas sólidas para andar juntos hacia un nuevo país.
@garciasim

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