La necesidad ha llevado a muchas madres a hurgar entre los desechos de establecimientos de comida rápida buscando algo para llenar el estómago de sus seres queridos.
Quienes esperan a que los empleados del establecimiento de comida del centro de Barquisimeto saquen la basura son en su mayoría madres de familia de entre unos 24 y 32 años de edad, quienes están siempre en compañía de uno o dos de sus hijos, quienes aparentan tener entre 5 a 9 años de edad. Antes de caer la noche, la mayoría deambula en las entradas de estos establecimientos pidiendo una papita frita, otros se ‘alimentan’ con un poco de salsa roja que toman disimuladamente de los dispensadores para calmar sus estómagos.
Estas madres salen de sus casas preparadas con láminas de papel de aluminio para envolver los restos de comida que luego conseguirán. Revisan entre los deshechos, regando el contenido de las bolsas en el pavimento. Cuando el reloj marca las 7:15 de la noche, en el centro de Barquisimeto se ve una de las caras de la miseria, ésta está buscando comida y lo hace mientras transitan cientos de ciudadanos cuyos ojos se muestran indiferentes a lo que allí sucede.
Vestidos con ropas limpias –sin roturasy calzados cómodos, como cualquier persona que transita por las calles de la ciudad, estas familias camuflan la necesidad en la clandestinidad de la noche. No sólo son madres las que buscan entre la basura, también hay chamos en edad universitaria, buscando con qué matar el hambre.
Una de las trabajadoras de un reconocido establecimiento de comida rápida de la avenida 20, comenta que esto ocurre todos los días cuando cae la noche. A ella le llama la atención que la cantidad de personas no disminuye con el paso de los días. “Entre 15 y 30 personas nos visitan todos los días. Madres con un niño en brazos, señores que vienen de sus trabajos, todos nos piden que le permitamos revisar la basura. Nos prometen, de antemano, que no botarán el contenido en el pavimento”.
El incremento de personas en esta situación ha sido tanto, que los gerentes de establecimientos de comida rápida emiten la orden a sus trabajadores de sacar la basura justo cuando pasa el camión de recolección, de modo que nadie pueda regar el contenido de las bolsas en el piso en la vía pública, lo cual contamina las áreas públicas.
Mayelis Pérez, gerente de gestión social de la Fundación Solidaridad, explica que este fenómeno se ha venido generando en personas que no están en estado de indigencia debido a que caen en la desesperación ante un sistema socioeconómico agresivo que no posee políticas de Estado que garanticen empleo, educación y acceso a alimentos o programas de alimentación. Resalta que la Fundación Solidaridad trabaja con adultos mayores en estado de indigencia, no obstante, recientemente la cantidad de jóvenes en dicho estado ha incrementado notablemente, por lo que han tenido que ampliar su programa a este sector.
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