Su origen puede estar en la discusión entre Marx y Bakunin durante la Primera Internacional. En términos generales, Marx consideraba que el Estado se extinguiría en el socialismo y Bakunin abogaba por su disolución inmediata. Primó la corriente marxista y los anarquistas quedaron en minoría.
Tras la muerte de Marx, corrientes de izquierda, como la socialdemocracia o el comunismo, terminaron resaltando la importancia del control del Estado: para los primeros como Estado de bienestar y para los segundos como dictadura del proletariado.
La esencia marxista del socialismo, el cambio en la base económica y en las relaciones de producción que caracterizarían al socialismo y liberarían a los seres humanos de todas sus ataduras, pasó a un segundo plano. Lenin llegó a decir que no era marxista quien no reconociera la dictadura del proletariado, mientras que la socialdemocracia consideraba que la contradicción entre el capital y el trabajo las resolvería el Estado de bienestar, compartido entre la burguesía y el proletariado.
Tanto la corriente socialdemócrata como la comunista-estatalista se desviaron del objetivo final del socialismo: la abolición del trabajo asalariado, la liberación del trabajo de sus ataduras al capital y el desarrollo de una nueva sociedad sustentada en un nuevo modo de producción distinto y superior al asalariado: el de los trabajadores libres, asociados o privados, de tipo autogestionario.
Para socialdemócratas y comunistas, el Estado, de ser un medio pasó a ser un fin en sí mismo. La historia demostró una vez más que los fines son genéricamente iguales a los medios, y que cuando un método, un medio, se impone llega a determinar sobre los fines.
Mientras más democracia, menos Estado. Son dos conceptos inversamente proporcionales. Y tanto socialdemócratas como comunistas se casaron con un Estado fuerte. Los socialdemócratas al menos apostaron por la democracia, pero los comunistas lo hicieron por la "dictadura" dizque del proletariado.
Para los comunistas, la clase obrera -una clase subordinada al capital- sería la encargada de la liberación social, de alcanzar la libertad y la democracia plenas, la desenajenación de la sociedad. Error: la clase obrera no porta nuevas relaciones de producción. Solo cuando los obreros rompen sus ataduras con el capital, participan de la propiedad y las ganancias y crean sus propias empresas cooperativas, autogestionarias, se convierten en revolucionarios.
Por tanto ni el Estado ni el trabajo asalariado podrían ser abolidos por decreto, sino producto de un periodo relativamente prolongado de empoderamiento popular en el cual los trabajadores libres, particulares o asociados, crearían sus propias empresas, manejadas democráticamente en forma autogestionaria o cooperativa hasta que las mismas predominaran en la economía y llevaran la democratización de la sociedad de sus formas representativas a las más directas.
Pero el fortalecimiento y la llegada al poder de las corrientes socialdemócratas y comunistas en el siglo XX terminaron por hacer creer a casi toda la izquierda internacional que el socialismo se alcanzaría controlando el Estado y construyendo la nueva sociedad desde arriba. Grave error que ha traído nefastas consecuencias y atraso en vez de avances del socialismo.
El resultado más inmediato fue la estructuración de enormes aparatos burocráticos por los gobiernos populistas controlados por ambas tendencias, que mantuvieron la explotación asalariada y se dedicaron a hacer la "justicia social" sobre la base de una "mejor distribución de la renta nacional". Olvidando ambos que el socialismo no está en las relaciones de distribución sino en las de producción.

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