Republica del Zulia

Julio Portillo: Necesitamos entonces promover el regionalismo como protesta al excesivo centralismo en todos los órdenes. Tenemos que despertar la conciencia política de la provincia.

miércoles, septiembre 23, 2015

Socialismo democrático de mercado - DEMETRIO BOERSNER

Lo más esencial es, en todo caso, que el mercado funcione y la producción y el consumo no sean paralizados por un colectivismo burocrático sofocante, como actualmente ocurre en Venezuela. En la transición venidera, el retorno de Venezuela a la economía de mercado (con sus potencialidades tanto capitalistas como socialistas democráticas)

Desde hace por lo menos un cuarto de milenio, el sistema económico mundial es el de la “economía de mercado”, la cual puede ser “capitalista” o “laborista” conforme al predominio que en ella ejerzan los intereses fundamentales de los dueños del capital por un lado y de los trabajadores por el otro. La experiencia histórica del siglo XX ha demostrado que no sólo el capitalismo sino también el socialismo sólo pueden existir sobre la base de un mercado con leyes intrínsecas cuyos efectos pueden ser reguladas, pero no anulados, por la voluntad previsora del hombre. Fracasó el sueño de Lenin, de acabar con el mercado y transformar la economía del mundo en una suerte de gran oficina central comandada desde “un solo escritorio”. Más aún fracasará el sueño de quien hoy quiera imitarlo desde Miraflores.

El hecho de que, indudablemente, tendremos economía de mercado por larguísimo rato no significa de ningún modo que esa economía será siempre “capitalista”. El capitalismo, es decir el dominio de la economía de mercado por los magnates de las finanzas, anteponiendo sus intereses minoritarios a los de las mayorías asalariadas o avasalladas, está viviendo en estos días su mayor crisis después de la gran depresión de los años 1930. La gran recesión de 2008, detonada en forma directa por la irresponsable codicia de los especuladores hipotecarios, pero debida en el fondo a las grandes asimetrías y desigualdades estructurales subyacentes, todavía no ha encontrado a ningún nuevo Keynes que le aplique remedios.

Sin embargo, no sólo los economistas neo-keynesianos como Krugman, Piketty y Stiglitz, sino también un creciente número de dirigentes y militantes políticos de los países desarrollados (entre ellos, el precandidato demócrata norteamericano Bernie Sanders) comienzan a plantear, con profunda convicción y con argumentos socio-históricos irrebatibles, la necesidad -¡y posibilidad!- de movilizar la acción electoral y pacífica de las mayorías en pro de una transformación de la enferma economía de mercado de capitalista en laborista o socialista democrática.

Después de que el fracaso soviético demostrara la imposibilidad de un socialismo que no sea “de mercado”, queda claro que la búsqueda futura de un modelo de sociedad justa y solidaria debe comenzar por la plena aceptación del concepto de “economía mixta” que durante largo tiempo ha funcionado satisfactoriamente en algunos países avanzados del norte de Europa. En ese modelo, la gran mayoría de los medios de producción son de propiedad privada y la ley de la oferta y la demanda no deja de funcionar. Pero el poder público democrático (influido más por el interés mayoritario de trabajadores y capas medias que por el de la élite financiera privada) aplica controles reguladores al proceso de producción y especialmente al de distribución de la riqueza social.

De ese modo, se avanza hacia dos metas deseables desde el punto de vista de los demócratas sociales. La primera es la de una creciente igualdad y justicia distributiva, y la segunda es la de reducir la severidad de las oscilaciones cíclicas entre la oferta y la demanda totales. El afán socialista democrático de igualdad y justicia sociales se combina con el afán keynesiano de prevenir y contrarrestar fluctuaciones traumáticas de la coyuntura económica general.

Lo más esencial es, en todo caso, que el mercado funcione y la producción y el consumo no sean paralizados por un colectivismo burocrático sofocante, como actualmente ocurre en Venezuela. En la transición venidera, el retorno de Venezuela a la economía de mercado (con sus potencialidades tanto capitalistas como socialistas democráticas) es tan prioritario como, lo es el retorno a la libertad política y la vigencia de los derechos humanos.

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