Republica del Zulia

Julio Portillo: Necesitamos entonces promover el regionalismo como protesta al excesivo centralismo en todos los órdenes. Tenemos que despertar la conciencia política de la provincia.

jueves, abril 23, 2015

Sobre las palabras de Lorenzo Mendoza

Es triste que las palabras de Lorenzo Mendoza en vez de llevarnos a una discusión sobre un fenómeno tan grave como es el de la emigración y el vacío que va dejando en el país, terminen abriendo un espacio para descalificar a una persona. Queda claro que hemos quedado incapacitados para analizar ideas, para escuchar y debatir contenido, para pensar de forma crítica entendiendo que eso no es lo mismo que descalificar.

Algo tan doloroso y difícil como la emigración por supuesto tiene que abrir heridas. Es lógico que mucha gente se sienta abandonada, así como mucha gente se siente casi en orfandad cuando deja su país. Son más de un millón de personas las que se han ido. El vacío que ha quedado en Venezuela se siente en las universidades, en los hospitales, en las escuelas, pero sobre todo en las familias. ¿Cuánta gente tiene todos sus hijos fuera? ¿Quién no conoce a alguien que no llegó a enterrar a un familiar? Graduaciones. Aniversarios. Cumpleaños. Enfermedades. Rupturas. Hasta los domingos familiares, las tradiciones de diciembre y de Semana Santa, y así la gente que se está perdiendo a su familia, y que no lo hace egoístamente, como es tan cómodo pensar, sino que más bien hacen el sacrificio porque consideran que es lo mejor para ellos. Una decisión de vida. Incluso quien se va con todos los lujos y posibilidades hace sacrificios. La vida es así.

Emigrar una decisión tan compleja como un divorcio. Es una ruptura. Es una separación. Tiene sus pros y sus contras. Tiene sus etapas. Es un duelo. Y sí. Cuando uno emigra uno causa un daño. Uno daña a la gente que deja a atrás, uno daña al país al que le quita su talento, uno se daña a sí mismo porque termina privándose de algo que era tan querido, tan importante, uno se arranca una raíz que al final no termina de cortar del todo. Cuando mucho logra anestesiar ese dolor, mientras se construye una nueva identidad y un nuevo sentido de pertenencia. Y este país está tan mal, estamos tan quebrados, hay tan pocas oportunidades, tanta incertidumbre y es tan difícil vivir aquí que mucha gente prefiere pasar por esa experiencia que seguir aquí.

Creo que asumir que Lorenzo Mendoza estaba de alguna manera acusando a quienes se han ido  de cómodos, flojos o indolentes o cualquier cosa por el estilo es la muestra de que aprendimos el resentimiento, que aprendimos a tomarnos cualquier cosa como un ataque. Además es querer tapar el sol con un dedo, porque Lorenzo Mendoza tiene razón en un punto: No todos pueden emigrar. Hay gente que no se puede ir por múltiples razones, desde económicas hasta emocionales. Cada quien con su circunstancia y su poder de actuar. Hay gente que simplemente no se va porque le da pánico irse a un lugar desconocido. Hay gente que no se va porque no tiene papeles o recursos para conseguirlos. Lo que para unos es un obstáculo para otros es el empujón. Para algunos es cosa de voluntad, para otros es de oportunidad. Así es la vida.

Me duele comprobar, una vez más -porque no es la primera-, cómo el chavismo y su discurso de arremetida constante ha calado en nuestra forma de actuar y de reaccionar. Nos volvimos expertos del resentimiento, de la crítica destructiva, no podemos ya separar las ideas de ataques personales vacíos de contenido.

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