El expresidente peruano Alejandro Toledo / GUSTAVO AMADOR (EFE)
El expresidente peruano dice que la región tiene la responsabilidad de condenar la falta de democracia en Venezuela. Quiere incorporarse al equipo de Felipe González para la defensa de los opositores encarcelados y propone viajar al país con 30 exmandatarios.
El expresidente peruano Alejandro Toledo (2001-2006) nunca ha ocultado su rechazo al “autoritarismo populista” que decía ver en el presidente venezolano Hugo Chávez y que, afirma, ha heredado su sucesor, Nicolás Maduro. Es uno de los signatarios de la Declaración de Panamá, firmada por 31 exgobernantes preocupados con la situación en Venezuela. Hace un año, también firmó otra declaración sobre Venezuela con los exmandatarios Oscar Arias, Fernando Henrique Cardoso y Ricardo Lagos, a la que se adhirió el Club de Madrid, que cuenta con 96 exdirigentes y ex primeros ministros de todo el mundo.
De gira en Washington para promocionar su último libro, La sociedad compartida. Una visión para el futuro global de América Latina, Toledo conversó con EL PAÍS sobre la democracia como elemento esencial para el éxito futuro de la región, que analiza en su obra donde, además, muestra su preocupación con las acciones de Maduro.
Pregunta. ¿Retrocede la democracia en América Latina?
Respuesta. No generalicemos. Hemos hecho avances importantes en democracia, porque antes teníamos golpes en casi todas partes y hemos avanzado en aprender a poner nuestra casa en orden económicamente. Pero hay lunares en América Latina que me preocupan. Es cierto que ya no existen los golpes militares de botas y galones, pero ha surgido un nuevo estilo de autoritarismo populista que manipula los organismos electorales y, cuando salen elegidos, secuestran las instituciones para la re-re-reelección. El caso más concreto es Venezuela, pero también Nicaragua, Bolivia, Ecuador y ahora Argentina. En el caso de Venezuela, desde que asumí el poder, me di cuenta de que el profesor de Hugo Chávez era (Alberto) Fujimori, auspiciador de ese secuestro de las instituciones, silenciar a los medios de comunicación, violar los derechos humanos, no tener independencia de poderes y querer ser presidente de por vida.
P. ¿Por qué no se expresan los presidentes en ejercicio con la misma contundencia que los expresidentes sobre Venezuela?
R. Eso es lo que me pregunto. Lamento mucho que los jefes de Estado en ejercicio no tengan el coraje para expresar su condena a un deterioro severo de la democracia en América Latina. Para hacer tortillas hay que romper huevos. Y cuidado: la historia va a juzgar su silencio como complicidad. Todos cierran los ojos y la boca.
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