La lucha por la libertad de prensa ha sido titánica en Venezuela. De la monarquía colonial al régimen actual del "nicolato" mucha agua ha corrido debajo de los puentes.
Los Reyes Católicos eran más democráticos que Nicolás Maduro. En 1509 una Real Cédula disponía que ningún oficial prohibiera a nadie enviar cartas al rey sobre las Indias. En 1510 los reyes escribieron al hermano de Colón diciéndole que “no se ponga embarazo a personas que quieran escribir libros, cartas u otras escrituras”.
Eso cambiará con Felipe II y la Inquisición. Comienza la persecución. Miranda trajo la primera imprenta a Venezuela en 1806, que entró por Coro. Valencia, Ciudad Bolívar y Maracaibo tendrán imprentas. En 1809 nació la tenebrosa figura del censor impuesta a la Gaceta de Caracas, que a partir de 1810 se convertirá en la voz de la independencia.
Miguel José Sanz, José Domingo Díaz, Vicente Salias, Francisco Isnardy, Juan Baillio y Antonio Muñoz Tébar están entre los primeros periodistas que se enfrentan al poder con periódicos clandestinos. La Constitución de 1811 garantizó la libertad de prensa. Arrastramos la tara de no haber preparado al pueblo para defender la libertad de información que Diosdado Cabello quiere ahora acabar.
Bolívar, en El Correo del Orinoco, en 1818, dijo: “La prensa es la artillería del pensamiento”. A pesar de que varias constituciones han garantizado la libertad de prensa, algunos periodistas han pagado con exilio, cárcel, juicios y muerte el enfrentamiento a la ira de los dictadores. Basta recordar los nombres de Arévalo González, primer periodista preso, hasta los del pasado Pedro Beroes, Leonardo Ruiz Pineda, Fabricio Ojeda, Germán Carias, Carlos Capriles, Tomás Villasana, monseñor Jesús María Pellín y los del presente, Gustavo Azócar, Patricia Poleo, el capitán Ballestero, Leocenis García, Nelson Belford y Nitú Pérez Osuna.
Escribimos en defensa de los diarios El Nacional y Tal Cual y de sus directores Miguel Henrique Otero y Teodoro Petkoff, perseguidos por Diosdado Cabello y jueces venales. Mientras El Impulso y El Carabobeño padecen cercos, los periódicos caraqueños han dicho que seguirán dando la pelea. Hablarán claro y raspao. Porque, como dice Francisco Zarco, “la prensa no solo es el arma más poderosa contra la tiranía y el despotismo, sino el instrumento más eficaz de progreso y civilización”.
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