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| Foto: EFE |
Si la noticia de la distensión entre Cuba y Estados Unidos con la mediación del Vaticano hubiera sido dada a conocer antes, probablemente las redacciones de influyentes periódicos y revistas del mundo hubieran estado muy tentadas de reelegir al papa Francisco como el personaje del año 2014, así como lo fue en el 2013.
Si en aquel tiempo se le distinguió porque su llegada al trono de Pedro había significado una bocanada de aire que estaba marcando un nuevo tono en las relaciones entre la Iglesia católica y sus fieles, y también respecto a otras iglesias también cristianas e incluso de otras religiones, en este 2014 el carismático pontífice argentino pasó del buen tono de las palabras a la acción a través de procesos que están llevando a un debate constructivo en torno a algunas líneas rojas dentro del catolicismo.
Ya no son solo los gestos simbólicos, como el de los zapatos gastados, el carro popular sin blindaje, la vieja cruz de plata y su residencia en la habitación 201 de la casa de Santa Marta, sino transformaciones de fondo que pedía a gritos una iglesia acosada por una burocracia inoperante, por una corte casi monárquica de funcionarios y por escándalos que iban desde el manejo de dineros del banco vaticano hasta los casos de pederastia y pedofilia que vieron la luz en una cascada de denuncias.
“Lo que va a cambiar mucho, y de hecho ya está cambiando, es todo el aspecto de la corte (vaticana). Ya Pablo VI hizo mucho de esto en el año 68. Ahora no nos acordamos, pero fue un gran cambio. Francisco va en esa línea”, dijo al diario El País. de Madrid, Giovanni Maria Vian, director de L’Osservatore Romano desde 2007.
El pontificado de Francisco ha sido un mea culpa permanente, en el que cada vez que le es posible restaña los errores del clero. Hace apenas una semana, Francisco enumeraba las 15 enfermedades que acechan a la Iglesia, entre las que incluía el “alzhéimer espiritual”, “el sentirse inmortal”, “la mundanidad y el exhibicionismo” o “la vanagloria”.
“Una Curia que no hace autocrítica y no se actualiza y no intenta mejorar es un cuerpo enfermo”, dijo. “Esto deriva de la patología del poder, del complejo de sentirse un elegido y del narcisismo”.
Paralelo a esta autocrítica constante, el llamado a sínodo de este año y el que viene para examinar asuntos claves han despertado el recelo de los sectores más conservadores y la esperanza de otros sectores que, aunque creyentes, se han visto marginados.
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