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| Obama durante su discurso |
Como "victoria de la dictadura", la han catalogado unos; como "traición a las aspiraciones democráticas de Cuba y al liderazgo global de EE UU", otros; y no han faltado quienes consideran "un crimen moral" lo que denominan un canje entre personas encarceladas injustamente en Cuba y tres criminales que ocasionaron muertes y duelo de familias cubanas.
En todos los conflictos, cada parte lleva algo de razón, pero cuando se trata de acontecimientos históricos tan significativos como el de un viraje radical en las relaciones Cuba-EE UU tras un diferendo de 50 años, es preciso dejar de lado los ardores y analizar con serenidad el nuevo escenario, a fin de sacarle las mayores ventajas posibles.
Por otra parte, no debería percibirse como una pérdida la liberación de un ciudadano estadounidense arbitrariamente preso y utilizado como rehén de la dictadura cubana, así como de un grupo importante de presos políticos. Todos ellos ahora han logrado reunirse con sus familias y continuar con sus vidas. Si tal es la supuesta "victoria" de Raúl Castro, yo la llamaría una victoria pírrica.
Pero en todo caso, tanto Alan Gross como los tres vasallos del feudo de los Castro son temas que se agotan con su liberación. Lo realmente trascendente es que con el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre ambos países se ha roto el nudo gordiano que mantenía el inmovilismo y la confrontación, y ahora quizás estamos ante un abanico de oportunidades que deberíamos tratar de aprovechar, en lugar de seguir entregados a lamentaciones y catarsis que no conducen a parte alguna. Se trata, por así decirlo, del viejo principio del vaso que podemos ver medio lleno o medio vacío. Yo elijo verlo medio lleno y hacer lo posible por completarlo hasta el mismísimo borde.
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