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domingo, diciembre 14, 2025

Trump convence a Lukashenko para que libere a presos políticos tras levantar sanciones


lunes, mayo 24, 2021

Siete países exigen sancionar a Lukashenko luego de incidente con avión de Ryanair (+ carta)

Lukashenko

La decisión de Aleksandr Lukashenko de obligar a descender a un avión de pasajeros con un falso aviso de bomba para detener a un periodista puede tener graves consecuencias diplomáticas para Bielorrusia.

Los jefes de los comités de relaciones exteriores de Alemania, República Checa, Polonia, Reino Unido, Lituania, Letonia y Estados Unidos emitieron un comunicado conjunto en el que instan a la Organización de Aeronáutica Civil Internacional (OACI) a suspender todas las rutas aéreas desde, hacia y sobre Bielorrusia, por una acción que es "un recordatorio de la ilegitimidad de la administración que clama ser la autoridad en Minsk".

"Llamamos a la OACI a una consulta inmediata por esta clara violación del tránsito aéreo entre estados y las amenazas a la aeronave", indicaron los representantes parlamentarios.

"Está claro que la actual administración en Minsk no tiene respeto por la seguridad de nuestros ciudadanos y no puede confiarse en ella para defender sus derechos. Este acto de terrorismo de Estado y secuestro es una amenaza para todos los que viajan en Europa y más allá. No puede ser aceptado", reitera el documento.

Los parlamentarios también llamaron a la Unión Europea a sancionar al régimen de Lukashenko y suspender su capacidad de usar a la Interpol y otras organizaciones internacionales para "atacar la democracia en Europa", al tiempo que volvieron a clamar por elecciones libres en ese país.

Debe recordarse que Lukashenko es un cercano aliado de Nicolás Maduro, quien visitó Bielorrusia en 2013. El año pasado, tras las cuestionadísimas elecciones que lo reeligieron presidente por séptima vez, el primer país latinoamericano en reconocer la "victoria" de quien es conocido como "el último dictador de Europa" fue el presidente venezolano.

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sábado, octubre 10, 2020

Lukashenko y Maduro son “peones geopolíticos” de Vladimir Putin

Lukashenko y Maduro son “peones geopolíticos” de Vladimir Putin

Según el internacionalista Roberto Mansilla Blanco los gobernantes de Bielorrusia y Venezuela, Aleksandr Lukashenko y Nicolás Maduro, se han convertido en “peones geopolíticos” de Vladimir Putin y sirven a los intereses rusos, en particular en lo referente a generar incomodidades entre Estados Unidos y sus aliados


Más de 9.350 kilómetros separan a Caracas de Minsk, capital de Bielorrusia. En avión sería un viaje que, en condiciones normales, tomaría casi dos días con dos y hasta tres escalas.

Los venezolanos y los bielorusos poseen muy pocas cosas en común. En la tierra de Bolívar hay 2.718 km de costa y un clima tropical cálido; la llamada «Rusia Blanca» no tiene salida al mar y la temperatura oscila entre -6 ºC en invierno y 18 ºC en verano.

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Sin embargo, desde hace más de 15 años existen «lazos» que unen a las autoridades que rigen los destinos de ambas naciones; una amistad detrás de la cual está el presidente ruso Vladimir Putin.

El internacionalista Roberto Mansilla Blanco destaca que, al margen de los acuerdos de cooperación suscritos inicialmente por el fallecido Hugo Chávez y ratificados posteriormente, buena parte de ellos, por el gobernante Nicolás Maduro, ambos regímenes, el de Lukashenko y el chavista, reciben pautas directas del jefe del Kremlin.

«Las sociedades bielorrusa y venezolana se enfrentan a gobiernos autoritarios que han utilizado, de alguna u otra forma, el arma electoral de forma fraudulenta para mantenerse en el poder. Lukashenko y Maduro constituyen peones geopolíticos estratégicos para los intereses rusos, en particular para incomodar a Estados Unidos y sus aliados».

Internacionalista

Roberto Mansilla Blanco es analista de geopolítica y relaciones internacionales. Licenciado en Estudios Internacionales (UCV), Magister en Ciencia Política (USB) y colaborador en Think Tanks y medios digitales en España, EEUU y América Latina.

Mansilla recuerda que Lukashenko está en el poder desde 1994. «Bielorrusia se independizó de la ex URSS en 1991. Esto quiere decir que esta primera generación exsoviética de bielorrusos prácticamente sólo ha conocido a Lukashenko como su presidente».

Agrega que «el último dictador de Europa», como lo llamó el expresidente de EEUU George W. Bush, desde que llegó al poder ha recibido el apoyo sin fisuras (aunque con roces) de Moscú.

«Lukashenko ha sido claramente autoritario y arbitrario, manteniendo una censura constante en los medios de comunicación, violaciones de derechos humanos y presos políticos».

Cuestionados comicios

El pasado 9 de agosto se realizaron elecciones en Bielorrusia. Los resultados oficiales de la Comisión Electoral Central (CEC) dieron la victoria a Lukashenko con 80% de los votos. Pero la oposición acusa a las autoridades de falsificar los resultados para mantener a Lukashenko en el poder.

Este malestar ha provocado manifestaciones cada fin de semana desde el 10 de agosto. Según estimaciones de medios de comunicación internacionales las más multitudinarias han llegado a reunir alrededor de 100.000 personas.

Lukashenko y Maduro son “peones geopolíticos” de Vladimir Putin

Tras el «triunfo» de Lukashenko en Bielorrusia se han producido masivas manifestaciones en su contra.

Mansilla explica que el malestar de la población se ha instalado principalmente en la capital Minsk, toda vez que no ha existido una rebelión nacional mayoritaria en otras regiones del país aunque sí protestas aisladas.

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Tutorial de represión

Tal como ocurre en Venezuela desde 2014, en Bielorrusia cada vez que se producen protestas la respuesta del gobierno ha sido una feroz represión contra la disidencia.

En este último ciclo de manifestaciones, hasta la fecha han sido arrestados más de 7 mil manifestantes y han muerto al menos cuatro debido a heridas causadas por las autoridades policiales, según la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH).

Y aunque los resultados del 9 de agosto no han sido reconocidos por buena parte de la comunidad internacional, y en especial por la Unión Europea, Maduro fue uno de los primeros gobernantes en celebrar la “inobjetable victoria” de Lukashenko.

Lukashenko y Maduro son “peones geopolíticos” de Vladimir Putin

Un policía golpea con un garrote a un manifestante que yace en el piso durante una protesta en Misnk,

¿Cómo dos países tan distintos y distantes pueden convertirse en aliados políticos? Para Mansilla, todo se debe a que para Moscú, Bielorrusia y Venezuela son piezas fundamentales en su pulso con Occidente.

«Bielorrusia es un paso importante para los proyectos de gasoductos y de oleoductos, en especial el Nord Stream II que el Kremlin quiere fortalecer para mantener su potencialidad energética como socio principal de la Unión Europea. Por otro lado, Venezuela, con sus reservas de petróleo y gas natural, es una pieza clave de Moscú para irritar a EEUU en su propia esfera de influencia, tal como Washington también lo hace en el espacio euroasiático ex soviético que el Kremlin observa como su esfera de influencia a través de Ucrania y Georgia».

Agrega que la naturaleza autoritaria y represiva de los regímenes de Lukashenko y Maduro en nada obedece a una iniciativa propia de la alianza entre ambos regímenes. «El factor común y desencadenante es la geopolítica de Putin».

Según Mansilla, a tenor de las relaciones de Lukashenko con Maduro, el «manual de represión» que aplica en su país fue institucionalizado en Venezuela bajo la tutoría rusa, cubana, iraní y hasta china.

«Lukashenko es un producto soviético reciclado en una era postsoviética. Maneja las mismas claves del poder autoritario cuya base es la confección de una burocracia, intolerancia a la disidencia, censura y represión sistemática, pero, al mismo tiempo, dando margen para crear una élite oligárquica a su medida».

Añade que a pesar del simbolismo soviético de Lukashenko -que incluso lo ha llevado a nombrar a la policía igual que la recordada KGB- su régimen no ha transitado por una economía de planificación estatal rígido como la antigua URSS.

«El capitalismo salvaje de corte oligárquico similar al de la Rusia de Putin ha sido su sello de identidad, muy probablemente producto de esa influencia putinista».

Unidad, tiempo y desgaste

Según Mansilla existe una diferencia fundamental entre lo que ocurre hoy en Bielorrusia y el escenario venezolano: la unidad de la oposición bielorrusa hasta ahora luce inquebrantable. «Por el contrario, las diferencias han aflorado en la oposición venezolana, en especial de cara a los comicios parlamentarios que el régimen de Maduro busca realizar para legitimar de forma fraudulenta a su gobierno el próximo 6D».

Cree que otro elemento a considerar es el factor tiempo y su medición en ganancias políticas. «Es muy posible que Putin juegue a desgastar a la oposición bielorrusa como de alguna forma lo ha logrado con la oposición venezolana».

Mansilla añade que si las protestas no provocan la caída de Lukashenko, puede aflorar la desesperanza y divisiones dentro de la oposición de la nación euroasiática.

Dialéctica «políticamente incorrecta»

El internacionalista recuerda que en 2004 se produjeron fuertes protestas tras una de las tantas reelecciones de Lukashenko y la represión oficial fue, tal como ocurre hoy, draconiana.

Dos años después, en 2006, Lukashenko, fiel a su dialéctica «políticamente incorrecta», reconoció la magnitud del fraude al asegurar que la autoridad electoral de su país ha debido bajar el porcentaje de su triunfo de 90% a 80% para lucir como «los estándares europeos».

Pero en 2020, las expectativas de reelección por la vía rápida de Lukashenko se truncaron con la súbita y hasta sorprendente aparición de Svetlana Tijanóvskaya, esposa de Serguéi Tijanovski, quien había liderado gran parte de la oposición a través de las redes sociales y tenía previsto presentarse como candidato, pero fue detenido por «organizar y preparar acciones graves contra el orden público».

«Esta realidad inesperada y las constantes y multitudinarias manifestaciones en Minsk colocan al régimen de Lukashenko ante su más delicada situación, con reales expectativas de que verse obligado a negociar y dejar el poder, o bien repetir las elecciones presidenciales pero bajo vigilancia occidental. Incluso si lograra mantenerse en el poder, por medio de la coacción o jugando a la división opositora, con el paso del tiempo su régimen se verá visiblemente dañado y deslegitimado«.

Respaldo calculado y vacuna

Para Mansilla, el Kremlin no desestima el pragmatismo. Por ello el apoyo a Lukashenko no ha sido tan estridente como el líder bielorruso esperaba. «Saben muy bien que Lukashenko está en su peor momento y que la posibilidad de un triunfo opositor, similar al ocurrido en Ucrania en 2014, supondría una evidente victoria para Occidente y un revés estratégico para Rusia».

No obstante, cree que Putin no parece entusiasmado en querer repetir en la Bielorrusia de 2020 un escenario similar al de Ucrania en 2014, que llevó a la anexión de Crimea y al conflicto perenne y congelado en la Cuenca del Donets (Donbás, este ucraniano prorruso).

«Un factor que puede explicar esta especie de ‘silencio calculado’ de Putin es su intención de asegurar el éxito comercial de su vacuna Sputnik VI contra el coronavirus y, por lógica, atraer a Europa su socio comercial más estratégico, como lo es también en el plano energético. Por ello, Putin incluso maneja con destreza y bajo cuerda la posibilidad de una Bielorrusia sin Lukashenko en el poder, pero manteniendo a salvo los intereses rusos en el espacio euroasiático y evitando que Bielorrusia se pierda como ha sucedido con Ucrania, ahora más prooccidental y atlantista».

Estima que la clave puede estar en su capacidad de influencia para generar un pacto entre las elites oligárquicas bielorrusas del régimen de Lukashenko y las fuerzas opositoras, a fin de crear un nuevo establishment en el cual todos, de alguna u otra forma, salgan ganando, «al menos momentáneamente».

«En el caso de Venezuela, es una perspectiva similar. Putin seguirá apoyando irrestrictamente a Maduro hasta que ese apoyo ya le resulte estéril y no valga la pena mantenerlo. Si ese apoyo a Maduro supone un riesgo estratégico para Rusia, es muy posible que el Kremlin abra las puertas de una negociación en Venezuela. De ello, ya lanzó ese ‘globo sonda’ a mediados de 2018, cuando las negociaciones de Oslo se reactivaron entre el régimen de Maduro y la oposición. Pero Putin no decidirá nada en este escenario si antes no negocia con EEUU y China la posibilidad de ‘transición en Venezuela”.

Silencio de Washington

Destaca que mientras la UE ha desconocido la reelección de Lukashenko por considerarla fraudulenta, planteando entre las posibles salidas la repetición de los comicios, la postura de la Casa Blanca ha sido relativamente tibia y se produjo casi un mes después de los comicios a través de un vocero del Departamento de Estado.

«La Administración Trump parece más expectante para posicionarse en la crisis bielorrusa. Y en eso puede que tengan que ver esas relaciones de ida y vuelta que mantienen Trump y Putin, así como las intenciones de Trump para intentar despejar cualquier escándalo relativo a una presunta influencia rusa en las elecciones presidenciales estadounidenses en noviembre próximo, tal y como ocurrió en las de 2016».

A esto se le añade que durante la reunión en Bruselas de la UE del pasado 21 de septiembre para tratar la crisis bielorrusa, con la presencia de Tijanóvskaya, no se produjo una posición unitaria europea para aislar aún más a Lukashenko.

«Como dijo en agosto pasado el Alto Comisionado de Política Exterior y de Seguridad de la UE, el español Josep Borrell, en una entrevista al diario El País, “Lukashenko es como Maduro. No le reconocemos pero hay que tratarle”.

¿Reconocerían entonces a Svetlana Tikhanovskaya tal como lo hacen con Juan Guaidó?

«Al parecer, existe un reconocimiento tácito a Tijanóvskaya. Ella está refugiada en Lituania, país miembro de la UE. Polonia también le ha dado un enorme apoyo. Pero la UE y la comunidad internacional parecieran querer ver en Bielorrusia la necesidad de no repetir exactamente el mismo guión que en Venezuela en 2019 con el reconocimiento internacional a Guaidó. Están más expectantes, buscando ver hasta dónde puede llegar el pulso entre Tijanóvskaya y Lukashenko y si la salida electoral es una opción irreversible y aceptada por todos los actores involucrados. La UE siempre se vería más persuadida a reconocer la legitimidad presidencial de Guaidó y Tijanóvskaya siempre y cuando ambos tengan la capacidad suficiente para desalojar del poder a Maduro y Lukashenko. Algo que hasta ahora no ha ocurrido».

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viernes, septiembre 04, 2020

Bielorrusia: El Diálogo y la Violencia Por Fernando Mires


El camino comenzado a transitar por los bielorrusos será largo y accidentado como sucedió con el Solaridad polaco

La reunión de urgencia de la Unión Europea (UE) convocada por el Presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, emitió la declaración que de ahí se esperaba: no reconocimiento a las fraudulentas elecciones que dieron el triunfo con una cifra escandalosa al autócrata Alezandr Lukashenko; exigencia por la liberación inmediata de los presos políticos y solidaridad con todos los sectores democráticos de Bielorrusia. Cabe destacar tres puntos adyacentes cuya importancia política es fundamental. El primero es que la declaración fue unánime, incluso apoyada sin reservas por el gobierno de Hungría considerado amigo de la Rusia de Vladimir Putin y por el gobierno polaco, considerado amigo de la Hungría de Viktor Orbán. Hay razones que explican esta decisión: ambos gobiernos son miembros de la UE, ambos han firmado el acta de constitución de la UE, ambos, pese a las posiciones nacionalistas que representan, provienen de tradiciones europeas (entre ellas las de los movimientos que pusieron fin al comunismo), ambos enfrentan en sus respectivos países a decididas oposiciones que levantan las banderas de la democracia liberal. Y no por último, Lukashenko es indefendible. El segundo punto es que la Europa unida se pronunció directamente en contra de un enemigo común en defensa de valores democráticos compartidos. Fue, la suya, una declaración de principios. El tercer punto es que ha quedado ampliamente demostrado que la Europa política no coincide con la Europa geográfica. O lo que es muy parecido: hay una Europa democrática y otra Europa autocrática. Entre ambas tiene lugar una guerra política a fuego cruzado. Putin, con la abierta complicidad del gobierno de Donald Trump, busca desestabilizar a la Europa democrática representada políticamente en la UE y militarmente en la OTAN. Pero esta última ha comenzado a defenderse, no solo en contra de sus enemigos internos sino también de los externos. La declaración acerca de Bielorrusia fue un buen motivo para cerrar filas.

La Europa democrática comienza a entender finalmente que es imposible convencer a Putin mediante una vía puramente diplomática para que cese en su proyecto expansionista de características decimonónicas. La lucha, por el momento político, en contra de autocracias como la de Lukahensko, es solo un eslabón de una cadena. La guerra entre Atenas y Esparta no ha terminado todavía. Para los demócratas bielorrusos el apoyo de la UE es fundamental. Gracias a esa declaración, ellos sabrán desde el 19 de agosto de 2020 que no están solos. Al mismo tiempo han comprobado que la gesta que comenzaron a librar en el plano electoral, cuando fueron a defender sin condiciones el derecho a voto, agrupados alrededor de la carismática figura de Svetlana Tsijanóuskaya, ha llegado a convertirse en una sublevación democrática. Gracias a la oportuna declaración de la UE, la disidencia ha tomado noticia de que la lucha no solo es democrática sino, además, nacional. Pues desde el momento en que el déspota bielorruso llamó por teléfono a Putin, rogando apoyo militar, lo que todos sabían se convirtió en una evidencia: Lukashenko no es más que un perro de presa de Putin bajo cuyo dominio Bielorrusia ha sido convertida en satélite de un imperio regional. La que comenzó entonces como una simple oposición electoral, ha pasado a convertirse - y eso es seguramente lo que aterra a Putin - en una lucha por la independencia nacional de Bielorrusia.

El camino comenzado a transitar por los demócratas bielorrusos será largo y accidentado. Probablemente – como sucedió con el Solidarnosc polaco - deberán experimentar duras derrotas a lo largo su trayectoria. Ya comienzan a intuir que cualquier apresuramiento puede ser fatal. Alcanzar los objetivos que aparecen en el nuevo panorama es imposible en un corto plazo. Previendo las dificultades que se avecinan, Maria Kolesnikova, una de las más lúcidas dirigentes del “Consejo Coordinador”, organización que agrupa a la mayoría de la disidencia, expresó que “podría imaginar perfectamente que Angela Merkel fuera mediadora entre las diversas fuerzas en conflicto” (Tagesshau.de, 19.08.2020) Con ello quiso decir: “De Europa esperamos protección”. Y nada más. La línea la decidirá la propia disidencia bielorrusa. Así lo especificó claramente la declaración de la UE. Kolesnikova es consciente de que en este momento caer en posiciones extremistas puede ser fatal. Fue esa la razón por la cual solicitó a la UE abstenerse de sanciones en contra de Bielorrusia. Sus palabras son de una claridad que linda con la transparencia: “Yo no puedo exigir un diálogo y una transferencia pacífica del poder y por otro lado exigir medidas de castigo en contra de las personas con las que yo quiero dialogar” (Ibid). Naturalmente, la UE aceptó la línea que representa Kolesnikova. Por el momento no habrá sanciones. Hay que agotar todas las posibilidades de diálogo. Así se hace política.

Bielorrusia no será liberada de la noche a la mañana, según Kolesnikova. La experiencia histórica vivida por los movimientos que pusieron fin al comunismo en las postrimerías del siglo XX, así lo prueba. Para que al fin alcanzaran el triunfo fueron necesarias dos condiciones. La primera, que los militares sobre cuyas bayonetas está sentado Lukashenko, den la espalda al tirano. La segunda, aún más decisiva: que desde el centro del imperio moscovita comiencen a aparecer fisuras. A la vez, estas últimas solo pueden aparecer si los demócratas rusos logran ascender en su lucha en contra de la autocracia putinista. Tal vez fue la posibilidad de que la oposición rusa llegue a coincidir y articularse con la bielorrusa lo que llevó al régimen de Putin a atentar en contra de la vida del principal líder de la oposición, Alexei Navalny. Es solo una sospecha, pero cementada sobre la base de muchos indicios. La eliminación física de opositores forma parte del programa del gobierno ruso. Navalny es solo el último de una larga lista a la que pertenecen entre muchos otros, Boris Netsov, Natalia Estemirova, Anna Politkóvskaya, Juri Shchekochijin, Vladimir Golovliov, Andréi Kozlov, Alexander Tivinenko, Nicola Glushkov, Sergei Skripal y su hija Julia. No obstante, pase lo que pase, los demócratas de Bielorrusia tienen una gran carta a su favor: han perdido el miedo. O como dijo de modo muy expresivo el escritor bielorruso Viktor Martinovish: “Ha lllegado el momento en que la mayoría es consciente de que sería terrible volver a sentir miedo” (Die Zeit, 20.08 2020).

www.eneltapete.com 

domingo, agosto 23, 2020

Bielorrusia: entre el diálogo y la violencia, por Fernando Mires

Bielorrusia: entre el diálogo y la violencia

Twitter: FernandoMiresOl


La reunión de urgencia de la UE convocada por el Presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, emitió la declaración que de ahí se esperaba.

No reconocimiento a las fraudulentas elecciones que dieron el triunfo al autócrata con una cifra escandalosa, exigencia por la liberación inmediata de los presos políticos y solidaridad con todos los sectores democráticos de Bielorrusia.

Cabe destacar tres puntos adyacentes cuya importancia política es fundamental. El primero es que la declaración fue unánime, incluso apoyada sin reservas por el gobierno de Hungría considerado amigo de la Rusia de Putin y por el gobierno polaco, considerado amigo de la Hungría de Orbán. Hay razones que explican esta decisión: ambos gobiernos son miembros de la UE, ambos han firmado el acta de constitución de la UE, ambos, pese a las posiciones nacionalistas que representan, provienen de tradiciones europeas (entre ellas las de los movimientos que pusieron fin al comunismo), ambos enfrentan en sus respectivos países a decididas oposiciones que levantan las banderas de la democracia liberal. Y, no por último, Lukashenko es indefendible.

El segundo punto es que la Europa Unida se pronunció directamente en contra de un enemigo común en defensa de valores democráticos compartidos. Fue, la suya, una declaración de principios

El tercer punto es que ha quedado ampliamente demostrado que la Europa política no coincide con la Europa geográfica. O lo que es muy parecido: hay una Europa democrática y otra Europa autocrática. Entre ambas tiene lugar una guerra política a fuego cruzado.

Putin, con la abierta complicidad del gobierno de Donald Trump, busca desestabilizar a la Europa democrática representada políticamente en la UE y militarmente en la NATO. Pero esta última ha comenzado a defenderse, no solo en contra de sus enemigos internos sino también de los externos. La declaración acerca de Bielorrusia fue un buen motivo para cerrar filas.

La Europa democrática comienza a entender finalmente que es imposible convencer a Putin mediante una vía puramente diplomática para que cese en su proyecto expansionista de características decimonónicas. La lucha, por el momento política, en contra de autocracias como la de Lukahensko, es solo un eslabón de una cadena. La guerra entre Atenas y Esparta no ha terminado todavía.

Para los demócratas bielorrusos el apoyo de la UE es fundamental. Gracias a esa declaración, ellos sabrán desde el 19.08 2020 que no están solos. Al mismo tiempo han comprobado que la gesta que comenzaron a librar en el plano electoral, cuando fueron a defender sin condiciones el derecho a voto, agrupados alrededor de la carismática figura de Svetlana Tsijanóuskaya, ha llegado a convertirse en una sublevación democrática.

Gracias a la oportuna declaración de la UE, la disidencia ha tomado noticia de que la lucha no solo es democrática sino, además, nacional. Pues desde el momento en que el déspota bielorruso llamó por teléfono a Putin, rogando apoyo militar, lo que todos sabían se convirtió en una evidencia: Lukashenko no es más que un perro de presa de Putin bajo cuyo dominio Bielorrusia ha sido convertida en satélite de un imperio regional.

La que comenzó entonces como una simple oposición electoral, ha pasado a convertirse – y eso es seguramente lo que aterra a Putin – en una lucha por la independencia nacional de Bielorrusia.

El camino comenzado a transitar por los demócratas bielorrusos será largo y accidentado. Probablemente – como sucedió con el Solidarnosc polaco – deberán experimentar duras derrotas a lo largo su trayectoria. Ya comienzan a intuir que cualquier apresuramiento puede ser fatal.

Alcanzar los objetivos que aparecen en el nuevo panorama es imposible en un corto plazo. Previendo las dificultades que se avecinan, Maria Kolesnikova, una de las más lúcidas dirigentes del “Consejo Coordinador”, organización que agrupa a la mayoría de la disidencia, expresó que “podría imaginar perfectamente que Angela Merkel fuera mediadora entre las diversas fuerzas en conflicto” (Tagesshau.de, 19.08.2020) Con ello quiso decir: “De Europa esperamos protección”. Y nada más. La línea la decidirá la propia disidencia bielorrusa. Así lo especifícó claramente la declaración de la UE.

Kolesnikova es consciente de que en este momento caer en posiciones extremistas puede ser fatal. Fue esa razón por la cual solicitó a la UE abstenerse de sanciones en contra de Bielorrusia. Sus palabras son de una claridad que linda con la transparencia: “Yo no puedo exigir un diálogo y una transferencia pacífica del poder y por otro lado exigir medidas de castigo en contra de las personas con las que yo quiero dialogar” (Ibid).

Naturalmente, la UE aceptó la línea que representa Kolesnikova. Por el momento no habrá sanciones. Hay que agotar todas las posibilidades de diálogo. Así se hace política.

Bielorrusia no será liberada de la noche a la mañana, según Kolesnikova. La experiencia histórica vivida por los movimientos que pusieron fin al comunismo en las postrimerías del siglo XX, así lo prueba. Para que al fin alcanzaran el triunfo fueron necesarias dos condiciones. La primera, que los militares sobre cuyas bayonetas está sentado Lukashenko, den la espalda al tirano. La segunda, aún más decisiva: que desde el centro del imperio moscovita comiencen a aparecer fisuras. A la vez, estas últimas solo pueden aparecer si los demócratas rusos logran ascender en su lucha en contra de la autocracia putinista.

Tal vez fue la posibilidad de que la oposición rusa llegue a coincidir y articularse con la bielorrusa lo que llevó al régimen de Putin a atentar en contra de la vida del principal líder de la oposición, Alexei Navalny. Es solo una sospecha, pero cementada sobre la base de muchos indicios. La eliminación física de opositores forma parte del programa del gobierno ruso. Navalny es solo el último de una larga lista a la que pertenecen entre muchos otros, Boris Netsov, Natalia Estemirova, Anna Politkóvskaya, Juri Shchekochijin, Vladimir Golovliov, Andréi Kozlov, Alexander Tivinenko, Nicola Glushkov, Sergei Skripal y su hija Julia.

No obstante, pase lo que pase, los demócratas de Bielorrusia tienen una gran carta a su favor: han perdido el miedo. O como dijo de modo muy expresivo el escritor bielorruso Viktor Martinovish: “Ha lllegado el momento en que la mayoría es consciente de que sería terrible volver a sentir miedo” (Die Zeit, 20.08 2020). 

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