Brincando en una pata de felicidad y dando la sensación que casi ni falta le hace tener ya preso a Maduro en New York, el pasado viernes, el presidente Donald Trump anunció desde su plataforma Truth Social la consumación de lo que calificó como "el mayor acuerdo petrolero de la historia del mundo".
Después de haber anunciado que Venezuela bajo su tutela entraba en una etapa de estabilización, transición y elecciones presidenciales, ahora Marco Rubio y Pete Hegseth, en asociación con la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, nos informa que Estados Unidos obtendrá el control mayoritario de más de 65.000 millones de barriles de reservas probadas de crudo venezolano, una cifra que, según Trump, "más que duplica" las reservas actuales del país norteamericano.
Este acuerdo, que prevé una inversión privada cercana a los 100.000 millones de dólares, no es un mero tratado comercial. Querámoslo o no asumirlo, podemos estar presenciando un nuevo mapa de poder en Venezuela. Trump, al parecer, está apostado ahora por la figura de Delcy Rodríguez, porque de hecho con estos anuncios estaría reconociendo de facto a este gobierno interino; y con ello, lo que antes era un gobierno tutelado, puede transformarse en un gobierno aliado con el que busca echar raíces de hermandad.
Este nuevo escenario coloca a la oposición democrática liderada por María Corina Machado en una encrucijada de profundas implicaciones. La líder opositora y Premio Nobel de la Paz, quien se ha consolidado como la figura con mayor respaldo popular hasta ahora, ha sido sistemáticamente marginada de las decisiones clave que definen el futuro del país. Trump es quien impone sus tiempos en Venezuela y vuelve a echar de lado a Maria Corina en estos acuerdos, ratificando que para ellos los Acuerdos de Panamá, no tendrían incidencia alguna sobre el acontecer político inmediato.
El principal riesgo para María Corina Machado no es sólo la exclusión de las mesas de negociación, sino su creciente distancia física de la cotidianidad de los venezolanos. Mientras se debate en los corrillos diplomáticos y se especula sobre su eventual regreso al país, Venezuela sigue en estado calamitoso con su crisis eléctrica que nos mantiene en penumbras, los trabajadores y jubilados cobrando salarios de hambre y las libertades democráticas cada vez en riesgos de retroceder en las conquistas logradas.
María Corina Machado encarna la esperanza de cambio para millones de venezolanos, pero su liderazgo corre el riesgo de diluirse si permanece ausente del día a día de un pueblo que no solo exige elecciones, sino soluciones inmediatas a sus problemas más apremiantes. La estrategia de entendimiento entre Trump y el gobierno tutelado de Delcy Rodríguez configura una realidad paralela: una transición pactada entre élites, donde los intereses geopolíticos y económicos de Estados Unidos se satisfacen sin necesidad de una restauración democrática plena.
La pregunta que flota en el ambiente político es si nuestra líder María Corina Machado desde la distancia podrá reconectar con una ciudadanía que, agobiada por los apagones y la desesperanza, podría comenzar a ver en las negociaciones y anuncios de Trump una nueva forma de salir del marasmo, o si logrará regresar para poner el cuerpo y la voz en la calle, disputándose con un gobierno tutelado la narrativa del cambio y el futuro del país.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario