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Alrededor del convenio petrolero anunciado por Donald Trump y Delcy Rodríguez se ha levantado una espesa capa donde domina la confusión, la prisa y la improvisación. El pretendido acuerdo no estuvo precedido por informes preliminares de un equipo de especialistas en el área petrolera y comercial, ni nada parecido, que notificase e involucrase a los venezolanos. Un tema tan sensible para los ciudadanos, fue ocultado y la maniobra ejecutada con el mayor sigilo. Todo sucedió de forma oculta y secreta.
Vistas las informaciones que circulan, se entiende que se concibiese como una operación clandestina, parecida a la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero. El secretismo que ha rodeado el pacto puede explicarse porque Venezuela, país pionero en la reafirmación de su autonomía frente a las grandes trasnacionales del negocio petrolero, sale muy lesionada en ese trato. Aunque aún no se sabe si las concesiones serán por 25 años o cien años, sí se establece con claridad que los 17 pozos otorgados en el convenio contienen unas reservas probadas de 65 mil millones de barriles de crudo. También, que Estados Unidos recibirá hasta 20% del petróleo extraído en esos pozos, pagando solo el costo de la extracción. La nación no obtendrá ninguna ganancia financiera. Se conoce que la empresa con la que el Pentágono, no la Casa Blanca, firmará el acuerdo -North America Blues Energy Partner (Nabep)- no forma parte de las más importantes del planeta ni posee una amplia experiencia ni reconocimiento en el área, además de que está dirigida por Alejandro Betancourt, empresario ligado a una de las mayores estafas cometidas en Venezuela: el asalto a los recursos financieros destinados hace más de dos décadas a resolver la grave crisis eléctrica que sufría el país.
También se conoce que Estados Unidos incrementará sus reservas estratégicas de crudo, en su nivel más bajo desde hace bastante tiempo, y que, en el mediano plazo, el país norteamericano podría reducir el precio de la gasolina e independizarse del suministro de petróleo proveniente de varios países ubicados en el Medio Oriente.
Se trataría, entonces, de un amplio operativo en el cual el máximo beneficiario financiero sería el gobierno de Donald Trump. El rédito político lo obtendría Delcy Rodríguez y el resto del ‘Triunvirato’. La actitud de vasallos del ‘Rodrigato’ le permitiría al régimen mantenerse un tiempo más prolongado en el poder y postergar las elecciones presidenciales de manera indefinida.
La operación clandestina puede explicarse porque ni a Trump ni a Delcy Rodríguez les interesaba que se conocieran con anticipación los términos de un acuerdo que, se sabía, iban a generar una categórica reacción en contra, tal como ha sucedido, tanto en la oposición como en algunos sectores del oficialismo, que están constatando cómo el viejo discurso nacionalista y socialista esgrimido por Hugo Chávez, quedó pulverizado por el entreguismo de los hermanos Rodríguez y Diosdado Cabello. Ahora, este trío ha pasado a justificar lo que hasta hace poco constituía un anatema en las filas del oficialismo: la entrega incondicional de la riqueza petrolera al imperio norteamericano.
La traición al comandante Chávez y a los principios del chavismo originario -al Árbol de las Tres Raíces, como se decía hace largo tiempo- había que mantenerla en secreto. Era necesario ocultársela incluso a los sumisos diputados oficialistas de la Asamblea Nacional, dispuestos a aprobar cualquier iniciativa que les presente su jefe Jorge Rodríguez. Un pacto que hipoteca la riqueza nacional más importante, eje de cualquier proyecto de desarrollo económico sostenido del país, había que conservarlo en la oscuridad, alejado de cualquier cuestionamiento o, incluso, pregunta incómoda. Por eso, el ‘Triunvirato’ no le consultó a su bancada en la Asamblea Nacional ni a la Procuraduría General de la República, bufete del Gobierno.
La nueva casta gobernante optó por la discreción y la sorpresa para evitar que las voces de protesta impidieran o deslucieran la entrega del regalo que estaban dándole al presidente de Estados Unidos y sus socios comerciales.
Tengo serias dudas de que un acuerdo tan leonino como el que dicen haber suscrito Donald Trump y Delcy Rodríguez, pueda mantenerse tanto en Estados Unidos como en Venezuela. En Estados Unidos, un posible triunfo de los demócratas en las elecciones de mitad de período, podría invalidarlo en el Congreso, tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado. En Venezuela, la constitución de un nuevo gobierno legítimo, con una nueva Asamblea Nacional, también podría revisar a fondo ese pacto y modificar o anular sus disposiciones más nocivas, para alcanzar un acuerdo comercial con Estados Unidos más integral, respetuoso y equitativo.
A pesar de que se trató de una operación artera y clandestina, el Rodrigato no puede cantar victoria.
@trinomarquezc
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