205 años de la visita del libertador a Maracaibo
Pedro Briceño Méndez, además de estar casado con una sobrina del Libertador, era su secretario privado. Este será quien le avise, a través de una carta, a Rafael Urdaneta, de la pronta visita que haría al Zulia, el caraqueño, aquel jueves 30 de agosto de 1821.
"El 20 estará Su Excelencia en Cúcuta, se embarcará en el Zulia al día siguiente, e irá por Betijoque a Trujillo, en el menos tiempo posible. Usted le dirigirá por aquella dirección los avisos y noticias que juzgue convenientes". Refería Briceño en su misiva a Urdaneta.
No era un simple recorrido triunfal. Apenas dos meses antes se había librado la decisiva Batalla de Carabobo, que selló la independencia de Venezuela y consolidó el proyecto de la Gran Colombia.
Maracaibo, sin embargo, había sido una provincia vacilante: el 28 de enero de ese mismo año proclamó su independencia del Imperio español y su adhesión a la República, pero aún requería la presencia del Libertador para afianzar su lealtad.
Bolívar llegaba para consolidar la adhesión de la provincia a la República, un paso crucial en su sueño de integración grancolombiana y para planificar la liberación de otros pueblos. No en vano, al enterarse de que la capital zuliana se había sumado a la causa independentista, había expresado:
"La incorporación de Maracaibo a la República es un acontecimiento de la mayor importancia".
Cuando Bolívar llega a Maracaibo aquella noche del 30 de agosto, va a encontrarse con un mollejero de maracuchos que se movían en un área que iba a dar hasta la Santa Capilla de Santa Bárbara, y las aguas del lago llegaban hasta donde se encontraba el Templo San Felipe. Además, ya contaba la ciudad con una espaciosa Aduana y con el Mercado Popular.
La Oficina de Recaudación del gobierno, conocida como La Casa Fuerte, era una sólida construcción de dos plantas erigida a mediados del siglo XVIII. Esa, sería la residencia donde se alojaría el Libertador. Allí mismo, fue aclamado por los vecinos, quienes gritaban sin cesar ¡Viva la independencia, abajo la Tiranía! El entusiasmo era tal que, según crónicas de la época, la gente se agolpaba en el Malecón y, al divisar su figura, exclamaban: "¡Ahí viene Bolívar!".
Durante su estadía en Maracaibo, que se extendió hasta el 18 de septiembre, Bolívar no solo recibió homenajes. Desde la Casa Fuerte despachó asuntos de gobierno, firmó decretos y cartas, y reflexionó sobre el rumbo de la naciente República. En una de esas misivas, escrita en Maracaibo el 16 de septiembre de 1821, confiaba a un amigo: "La libertad no se mendiga, se conquista con el sacrificio y la constancia". Palabras que resonaban con fuerza en una ciudad que apenas comenzaba a saborear su emancipación.
Hoy, evocar esta gesta va más allá del simple recuerdo. Nos obliga a reflexionar sobre el precio de la libertad y sobre la responsabilidad que tenemos las generaciones presentes y futuras de honrar su legado. Desde aquellos gritos marabinos de ¡Abajo la Tiranía! sigue presente que la libertad y la democracia son valores fundamentales de nuestra nacionalidad.
Recordar que en nuestro Malecón la gente exclamó ¡Ahí viene Bolívar! es reafirmar que la construcción de una nación soberana es un proceso continuo, que trasciende generaciones y que no fue un capítulo cerrado en 1821, sino un proyecto permanente de paz.
Como el propio Bolívar escribió en aquellos días: "Nada es más difícil que la virtud de los pueblos; pero nada es más hermoso que verlos libres". Que su visita a Maracaibo nos recuerde que la soberanía se edifica cada día, con la misma pasión con que aquel 30 de agosto los maracuchos recibieron al Libertador.

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