Republica del Zulia

Julio Portillo: Necesitamos entonces promover el regionalismo como protesta al excesivo centralismo en todos los órdenes. Tenemos que despertar la conciencia política de la provincia.

domingo, junio 14, 2026

Por las narrativas los conoceréis por Antonio A. Herrera-Vaillant

 


El extremismo ideológico existió en todos los tiempos y siempre adoptó banderas de virtuosismo y altruismo social para juzgar y condenar a priori a sus adversarios.

Los “dueños de la verdad” se autoeligen para juzgar y condenar a quienes difieren de sus postulados, calificándoles de inmorales y endilgándoles cuanta descalificación o epíteto se viene a la mente 

El actual “progresismo woke” – promotor del populismo socialista – no es más que una simbiosis entre Savonarola, Torquemada y los viejos puritanos de Nueva Inglaterra que marcaban con una letra escarlata a cuantos acusaban de pecadores.

Nada sorprende que algunos se identifiquen con esos musulmanes más radicales que consideran tener a Dios y la justicia en su mano para fulminar a quien ose pensar o actuar distinto.

Un factor común de esa siniestra es la indignación, el odio, el resentimiento y la envidia contra cuantos tengan cualquier tipo de éxito material en la vida.

Hoy algunos califican de “Santa Alianza” – con despectiva ironía – a las coincidencias que emergen entre las mayorías estadounidenses y otras sociedades que adversan ese “progresismo” puritano y totalitario.

Pero lo que surge en todas partes más parece una reacción generalizada contra los excesos y estrepitosos fracasos de la gran estafa izquierdista-populista.

Es también evidente que esa reacción de las bases a veces viene acompañada de cierta demagogia torpe y rudimentaria, donde ciertos voceros “antipolíticos” recurren a gestos y expresiones muy básicos, pintorescos y para muchos ofensivos.

La novedad no es una tendencia retrógrada como la efímera “Santa Alianza” de Metternich y mucho menos “fascista”: Epíteto favorito de los “progresistas” totalitarios para descalificar a todo el que les contradiga.

El nuevo movimiento en el fondo trae implícito el deseo de volver a la lógica, el equilibrio y un sentido común pragmático – desprovisto de ideologías y sueños utópicos – en el quehacer político y económico.

Lo que realmente parece estar sucediendo es que las grandes mayorías se están despertando ante la señal más efectiva para detectar tanto el “progresismo” totalitario como el auténtico fascismo:

Y esa alarma que eventualmente los desenmascara es la narrativa hipócrita, repleta de calificativos y argumentos que culpabilizan a los sectores más adelantados de todos los males sociales, agitando odios y guerras entre clases y razas, y aplicando generalizaciones para resaltar, exagerar o aún fabricar situaciones indeseables o repudiables.

Por sus narrativas de enfrentamiento y descalificación los conoceréis.


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