
Venezuela no carece de recursos. Carece de reglas.
Durante años hemos discutido la crisis en sus consecuencias —inflación, migración, deterioro de los servicios— sin detenernos suficientemente en la causa principal: la pérdida de instituciones capaces de generar confianza.
Ningún país se reconstruye desde la improvisación. Alemania y Japón, devastados después de 1945, demostraron que la recuperación comienza cuando existen reglas claras, estabilidad jurídica y un Estado capaz de hacerlas respetar.
Hoy aparecen iniciativas económicas que intentan abrir espacios de recuperación. Pero mientras estas funcionen en medio de la opacidad y sin garantías sólidas, seguirán siendo esfuerzos limitados y reversibles.
La verdadera oportunidad de Venezuela no está en lo que ocurre ahora, sino en lo que podría ocurrir si el país logra reinstitucionalizarse.
Porque la diferencia entre un país que sobrevive y uno que progresa no está en lo que posee, sino en las reglas que decide respetar.

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