Las amenazas de guerra civil son los cantos de sirena que proclaman quienes pretenden seguir medrando en un régimen que les favorece porque les asegura impunidad absoluta para todo tipo de abuso y corrupción. El 28 de julio de 2024 demostró con una claridad que no admite interpretaciones alternativas que ese régimen carece de base popular significativa, ni siquiera con todos los recursos del Estado, la persecución sistemática y el ventajismo institucional pudo fabricar una victoria creíble. La guerra civil no la proclama un pueblo que votó masivamente por el cambio sino quienes necesitan el miedo como último argumento para preservar sus privilegios e impunidad.
La inmensa mayoría de los venezolanos quiere cambio, quiere democracia, quiere justicia, quiere que se ponga un límite a la corrupción, desea vivir en paz sin tener que emigrar para poder subsistir, desea que sus familiares y seres queridos regresen al país y sobre todo que se vuelvan a abrir las posibilidades de progresar como fruto del trabajo honesto y no del saqueo sistemático.
Un país sin elecciones libres, sin instituciones independientes y sin Estado de derecho no es gobernable ni confiable para nadie , ni para sus ciudadanos ni para la inversión extranjera. Venezuela no se estabilizará, no recuperará su economía, no retendrá a su gente mientras prevalezca un orden construido sobre la arbitrariedad y el miedo. No hay atajo. No hay negociación que sustituya lo que solo la democracia puede dar.

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