1. La sorpresa de Enrique Márquez, un gesto a Venezuela
Uno de los momentos más emotivos de la noche tuvo que ver con Venezuela: Trump orquestó el reencuentro en directo, en el gran discurso político del año, de un opositor venezolano perseguido, Enrique Márquez, con su sobrina, Alejandra González.
Fue una de las muchas referencias del presidente de EE.UU. a Venezuela durante toda la jornada. Pero el abrazo entre el tío, un prisionero político del régimen chavista que ha sido ahora liberado, y la sobrina fue recibido con sonrisas, emoción y una ovación sonora.

En otro momento emocionante relacionado con Venezuela, Trump introdujo a Eric Slover, el piloto de uno de los helicópteros que participó en la espectacular operación de captura de Nicolás Maduro. Slover resultó herido en la operación, pero sobrevivió y se presentó en el Capitolio apoyado en un andador. Trump anunció la concesión de la Medalla de Honor del Congreso, que se le impuso en ese mismo momento.

2. Tensión y frialdad con los jueces del Supremo
Trump mantuvo las formas con los jueces del Tribunal Supremo, que le acaban de endosar la principal derrota en lo que va de segundo mandato: la sentencia del pasado viernes que tumbó la mayor parte de sus aranceles, uno de los pilares de su política.
Como es habitual, varios de los nueve magistrados del alto tribunal asistieron en primera fila al discurso, junto al resto de las grandes autoridades de EE.UU. Acudieron cuatro jueces, tres de ellos de la mayoría conservadora y una magistrada de la minoría progresista. Entre ellos, Amy Coney Barrett, una de los tres jueces nominados por Trump que ahora se sientan en el Supremo. Amy se opuso a los aranceles, una traición para el multimillonario neoyorquino.

Pese a la tensión del momento, Trump mantuvo las formas. Los saludó a todos, con una cordialidad fría. Después, en su discurso, se limitó a calificar su sentencia de «desafortunada».
3. Éxtasis patriótico con el equipo de hockey
Ningún momento de su discurso excitó más al presidente de EE.UU. que cuando introdujo al equipo de hockey sobre hielo, que acaba de hacer la gesta de ganar a Canadá en la final de los Juegos Olímpicos en Cortina/Milán. Trump casi rompe el micrófono a gritos cuando se refirió a los integrantes del equipo nacional, que se impusieron a los vecinos del norte en la prórroga el pasado domingo.
Fue uno de los pocos momentos en el que tanto republicanos como demócratas se levantaron del escaño para aplaudir, entre gritos de ‘U-S-A, U-S-A’. Fue una victoria deportiva, pero con eco político, en medio de las guerras comerciales y culturales con Canadá. Entre los atletas, con sus medallas de oro colgadas, estaban héroes como Jack Hughes, que anotó el gol decisivo y que sonreía con la ausencia de varios dientes después de un palazo en medio del partido; o como Connor Hellebuyck, de quien Trump dijo que recibirá la Medalla Presidencial de la Libertad.

4. ‘Los negros no son simios’
Uno de los principales incidentes de la noche ocurrió nada más llegar Trump al Senado, donde se celebra el discurso. El diputado demócrata Al Green recibió al presidente de EE.UU. con un cartel que decía «Los negros no son simios».
Era una referencia al polémico vídeo que Trump compartió hace unos días en su red social, en el que el expresidente, Barack Obama, y su mujer, Michelle Obama, eran retratados como monos. Green, que ya ha sido expulsado de otros discursos del estado de la unión, fue invitado a dejar el hemiciclo.

5. Los celos de Trump hacia Melania: «Tiene más apoyo bipartidista que yo»
Trump regaló elogios a su esposa, la primera dama, Melania Trump. A su manera, claro. Dijo de ella que «ahora es una estrella del cine, ¿podéis creerlo?, ¿quién lo hubiera creído?», en referencia al documental de su mujer, estrenado el mes pasado y producido por Amazon.
Celebró sus esfuerzos legislativos con los jóvenes y aseguró que «tiene mucho apoyo bipartidista. Ella tiene mucho más apoyo bipartidista que yo. A mí no me dan nada, ella tiene mucho», añadió antes de dirigirse, con mueca divertida, a su mujer: «Algún día me vas a tener que explicar cómo lo has logrado».

6. Epstein, presente pese al silencio de Trump
Uno de los asuntos que ha marcado el regreso de Trump al poder es la trama de la revelación de los documentos de Jeffrey Epstein, el malogrado pedófilo, y su impacto en las elites económicas y políticas que estuvieron asociadas con él.
Los retrasos, ausencias y problemas en la desclasificación de los documentos de Epstein han sido uno de los pocos talones de Aquiles de Trump con sus bases y los demócratas han tratado de aprovecharlo. También el discurso del estado de la unión: muchos diputados demócratas llevaban una pegatina en apoyo a las víctimas de Epstein y con la exigencia a Trump de que revele todos los documentos. Por supuesto, el presidente no dijo ni una palabra al respecto.

7. Rubio, señalado como estrella por Trump
Trump sufre una mayor inclinación hacia la crítica que hacia el elogio, pero hay una excepción en su Gabinete: Marco Rubio, el secretario de Estado. Ya era la estrella indiscutible entre sus ministros, pero Trump le confirmó como favorito en su discurso. «¡La gente te quiere!», le dijo el presidente, en medio de una ovación de sus aliados republicanos al jefe de la diplomacia estadounidense.
Rubio, sabedor de que es peligroso ser una estrella que rivalice en brillo con la del presidente-sol, recibió los aplausos con recato y se sentó con rapidez. «Gran secretario de Estado, creo que será el mejor de la historia», dijo Trump, encantado por cómo van las cosas en política exterior.

8. Una trampa de la que los demócratas no supieron salir
Una escena inolvidable de la noche la trajo Trump orquestada desde la Casa Blanca. En un pasaje sobre inmigración, uno de sus fuertes, pidió a todos los senadores y diputados que se pusieran de pie si estaban «a favor de proteger a los estadounidenses y no a extranjeros ilegales».
No debe ser difícil para muchos demócratas sumarse a esa postura, pero no lo hicieron. Trump se deleitó con teatralidad en ese momento: apuntaba con la mano a la bancada demócrata, sacudía la cabeza, apretaba los labios en gesto de incredulidad.
Dejó que el retrato –entre el estruendo de los republicanos– se alargara durante dos minutos. «Deberíais estar avergonzados por no levantaros», «esta gente está loca», decía a sus rivales políticos. La escena ocurría poco después de uno de los escasos momentos bipartidistas de la noche, cuando Trump anunció una ley para limitar la capacidad de los legisladores de operar en bolsa: muchos se pusieron en pie.
9. La pelea más fea: «¡Has asesinado a estadounidenses!»
El momento más violento de la noche ocurrió entre Trump y dos de las diputadas demócratas más combativas: Ilhan Omar y Rashida Tlaib, ambas musulmanas y ambas en el sector izquierdista de su partido. Fue cuando el presidente de EE.UU. acusó a la comunidad somalí de Minnesota de fraude masivo, el desencadenante de las polémicas y trágicas redadas de diciembre y enero.
«¡Has asesinado a estadounidenses!», le gritó varias veces Omar, que representa al distrito de Mineápolis donde la policía migratoria mató a dos ciudadanos estadounidenses el mes pasado, Renee Nicole Good y Alex Pretti. Tlaib también increpó con fuerza al presidente, entre escándalo de los republicanos.

10. La respuesta oficial demócrata: «¿Está trabajando el presidente para ti?»
Como es tradicional, el discurso de Trump fue seguido por una respuesta de un integrante del Partido Demócrata. La elegida fue Abigail Spanberger, la gobernadora de Virginia, que ganó su elección el pasado noviembre, en un aviso a los republicanos de que la marea política puede ir en su contra.
Buena parte del mensaje de campaña de Spanberger tuvo que ver con el coste de la vida, la gran preocupación de los estadounidenses. Trump dedicó buena parte del discurso a la economía, y lo mismo la demócrata.
«¿Está trabajando el presidente para hacerte la vida más asequible para ti y para tu familia?», preguntó en un momento a los votantes. «¿Está trabajando el presidente para ti?». La elección de Spanberger fue significativa: una figura moderada y pragmática, quizá la receta para el éxito en las elecciones legislativas del próximo otoño.

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