El gobierno de Rusia ha realizado una solicitud diplomática formal para que Estados Unidos cese la persecución de un petrolero que se dirigía a Venezuela para cargar petróleo y que ahora huye de la Guardia Costera estadounidense en el Océano Atlántico, según dos personas familiarizadas con el asunto.
La petición fue entregada al Departamento de Estado de EE.UU. a última hora del 31 de diciembre de 2025 y también se envió al Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, indicaron las fuentes, que hablaron bajo condición de anonimato.
El incidente ocurre en un momento en que el presidente Donald Trump intenta negociar un acuerdo de paz entre Rusia y Ucrania. Trump ha expresado frustración por no haber podido poner fin al conflicto aún. Esta semana, recibió al presidente ucraniano Volodymyr Zelensky en su club Mar-a-Lago en Florida, donde ambos líderes mostraron optimismo sobre el posible fin de la guerra, aunque no avanzaron en cuestiones complejas como garantías de seguridad o intercambios territoriales. La intervención rusa en este caso podría complicar esas negociaciones.
Las fuerzas estadounidenses han estado rastreando el petrolero, conocido como *Bella 1*, durante casi dos semanas. El buque partió de Irán y se dirigía a Venezuela para recoger petróleo cuando las autoridades estadounidenses intentaron detenerlo y abordarlo en el Mar Caribe. Los funcionarios de EE.UU. argumentaron que el barco no izaba una bandera nacional válida, lo que lo convertía en un buque apátrida (sin estado) susceptible de ser abordado según el derecho internacional, y que contaban con una orden judicial de incautación.
Sin embargo, la tripulación se negó a detenerse, dio media vuelta y navegó de regreso hacia el Atlántico abierto.
Desde entonces, el *Bella 1* ha intentado reclamar la protección de Rusia: la tripulación pintó una bandera rusa en el costado del buque y comunicó por radio a la Guardia Costera que navegaba bajo autoridad rusa. Más recientemente, el barco apareció registrado oficialmente en Rusia con un nuevo nombre, *Marinera*, y puerto de origen en Sochi, en el Mar Negro. Las autoridades estadounidenses siguen considerándolo un buque apátrida.
Este episodio forma parte de una campaña de presión más amplia de la administración Trump contra el comercio petrolero de Venezuela, destinada a debilitar al gobierno de Nicolás Maduro mediante la interrupción de sus exportaciones de petróleo, que son su principal fuente de ingresos. El petrolero forma parte de la llamada «flota oscura» (dark fleet) que transporta petróleo de países sancionados como Irán, Rusia y Venezuela, evadiendo las restricciones impuestas por Estados Unidos y otros países.
La intervención diplomática rusa podría dificultar los esfuerzos estadounidenses para incautar el buque, aunque bajo el derecho internacional marítimo, reclamar una bandera de conveniencia de última hora no necesariamente otorga protección automática.

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