
Una embarcación de mediano tamaño navega al despuntar el sol por el delta del Orinoco, llamando la atención de las comunidades indígenas de la zona.
El municipio Díaz, por donde pasa aquel barco, se encuentra en el extremo nororiental de Venezuela y limita con el territorio Esequibo, una zona que Venezuela reclama como propia, pero que está bajo control de Guyana.
Más del 90% de los pobladores de la zona pertenecen a la etnia Warao. Su comunidad está aislada de la vida urbana. Como si el tiempo se hubiera detenido, sus pobladores viven de lo que pescan, cazan o siembran.
Bajo condiciones de aislamiento y pobreza, los problemas de salud son frecuentes y es la razón por la cual la “Clínica Especializada Fluvial Tipo II Delta del Orinoco”, navega por la zona, para atender a los pobladores.
“Este es uno de los municipios más afectados por todas las condiciones tanto nutricionales, como de falta de servicios públicos háblese de agua potable, electricidad, y también por enfermedades”, explica el doctor Julio César Romero, director del hospital Luis Razetti y uno de los médicos especialistas de la embarcación, que cuenta desde 2020 con el apoyo del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF). ´
La labor de esta Clínica sirve para paliar la crítica situación producto de la emigración masiva de médicos venezolanos, sobre todo de aquellos que trabajaban en instituciones estatales.

De acuerdo al presidente de la Academia Nacional de Medicina, Huníades Urbina, Venezuela tenía más o menos 60.000 médicos venezolanos formados en las universidades tradicionales. “Hoy en día se fue el 40 %. En enfermería se fue el 70 % tanto del país como de las instituciones públicas; porque también emigran a instituciones privadas por los escasos sueldos”, señaló en una entrevista realizada en febrero de 2025.
UNICEF, en coordinación con las autoridades regionales y nacionales, apoyó en 2020 la rehabilitación de esta clínica fluvial, que opera con salidas programadas cinco veces al año, logrando atender desde que inició su recorrido por los caños en 2021, a más de 36.000 personas.
La clínica fluvial leva anclas a su misión bien equipada. Cuenta con un área de hospitalización con cuatro camas, un laboratorio, servicios de rayos X y de odontología.
Al llegar a la comunidad, el personal levanta un censo, se hace el tríaje, los niños son pesados y tallados. Mientras tanto, un grupo de promotores instruye a la comunidad sobre medidas preventivas de salud y de tratamiento del agua.
“Hemos logrado disminuir la incidencia de enfermedades, que antes eran mortales en los niños sobre todo los menores de 5 años, háblese de diarreas y neumonías.”, explica el doctor Romero, para quien la sonrisa y salud de los pequeños indígenas es una recompensa invaluable.
El trabajo de la ONU en Venezuela
El trabajo del barco es parte de la labor de la Organización de las Unidas en Venezuela. Una acción que no es usualmente reflejada en los medios de comunicación, pero que representa un aporte extraordinario y silencioso.
Aparte de Unicef, en Venezuela hay presencia de otras agencias especializadas de la ONU, que trabajan en conjunto con el Gobierno nacional, gobiernos regionales y locales, ONGs y empresas privadas, para cumplir sus objetivos.
Las organizaciones presentes y sus ámbitos de acción son: FAO: Seguridad alimentaria y agricultura sostenible, OIT: Derechos laborales y justicia social, OIM: Migración y asistencia a migrantes, OCHA: Coordinación de ayuda humanitaria, OPS/OMS: Salud pública y acceso a servicios médicos, PNUMA: Medio ambiente y desarrollo sostenible, ONU Mujeres: Igualdad de género y empoderamiento femenino, ONUSIDA: Prevención y tratamiento del VIH/SIDA, PNUD: Desarrollo humano y reducción de la pobreza, UNDSS: Seguridad para el personal de la ONU, UNESCO: Educación, ciencia y cultura, UNFPA: salud sexual y reproductiva, WFP: El Programa Mundial de Alimentos, UNV: programa de Voluntarios ONU, ONUDI: promueve el desarrollo industrial para la reducción de la pobreza y ACNUR: La agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados.
El principal plan de cooperación entre la ONU y Venezuela es el Marco de Cooperación 2023-2026, firmado en 2022, que guía las acciones de las agencias de la ONU en el país para lograr mejoras en la calidad de vida y el desarrollo sostenible, alineado con la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).
Este plan se enfoca en tres áreas: fortalecer la resiliencia de la población con enfoque de género y derechos humanos; potenciar el desarrollo productivo sostenible; y promover la cohesión social inclusiva.
Complementariamente, la ONU mantiene un Plan de Respuesta Humanitaria (PRH), extendido para 2024-2025, que aborda las necesidades humanitarias críticas, a través de un Fondo Humanitario y apoyo de diversas agencias como ACNUR, OIM y UNICEF.
El PRH para Venezuela es el principal proceso de planificación estratégica de las Naciones Unidas y sus socios, que busca coordinar la ayuda humanitaria para abordar las necesidades más urgentes de las poblaciones vulnerables en el país. Este plan identifica objetivos estratégicos, moviliza recursos y define proyectos en sectores como salud, seguridad alimentaria, agua, saneamiento, alojamiento y protección, con el fin de salvar vidas, garantizar el bienestar y fortalecer los servicios básicos y la resiliencia de las comunidades.
Renacer de sonrisas
La Guajira es una península que une a Colombia y Venezuela. Del lado venezolano pertenece al estado Zulia. La mayoría de sus pobladores son de la etnia Wayúu, que en lengua nativa es llamada Wo’Main (Nuestra Tierra).
Para el nativo, la línea fronteriza entre las dos naciones es algo totalmente artificial. Cruzan de un lado al otro en forma libre y defienden su arraigo ascentral en el territorio que es anterior a la presencia española en territorio americano.
Su cultura ha resistido por siglos y como compañeros permanentes han tenido a la pobreza y el olvido de los gobiernos, que algunas veces se acuerdan de ellos en las conmemoraciones del 12 de octubre para la propaganda oficial.
En la ciudad de Maracaibo, capital del Zulia, en la parroquia Venancio Pulgar, está el sector Etnia Guajira, un asentamiento de población Wayuú. Esta gente salió de la Guajira, pero la pobreza parece seguirlos.
Allí vive Anita, una niña que fue encontrada en un cuadro de desnutrición importante hace cuatro años por Maribel Fernández, promotora comunitaria del socio implementador de UNICEF, Centro de Pro moción Integral de la Niñez (CEPIN). La situación de la pequeña era crítica.
En el CEPIN se le suministró suplementos nutricionales y multivitamínicos, además de un seguimiento diario de la mano de promotoras comunitarias para comprobar sus progresos. En un mes, Anita había logrado aumentar 800 gramos, comenzó a sentarse y a dar sus primeros pasos. Hoy ha superado el cuadro nutricional de riesgo y va a la escuela con regularidad.

Los casos de desnutrición, como los de esta niña Wayuú, lamentablemente no son escasos en Venezuela. De acuerdo al más reciente informe de la ONU, UNICEF, junto con el Ministerio de Salud y el Instituto Nacional de Nutrición, realizó en 2024 una evaluación nutricional a 330.000 niños y niñas menores de 5 años en 24 estados.
La cifra es contundente: 37.163 necesitaron y recibieron tratamiento para desnutrición aguda y el 89,6% se recuperó completamente. Para impulsar al programa se formó a 8.500 profesionales y promotores de salud y de buenas prácticas de alimentación y se equipó a 46 hospitales y 466 centros.
Lamentablemente, estos no son los únicos casos de desnutrición infantil presentes en el país, por lo que hay todavía mucho que hacer. Precisamente, para contribuir a la nutrición de grupos de población en situación de vulnerabilidad, WFP, a través de su Programa de Comidas Escolares, hizo posible que 836.067 estudiantes de educación preescolar, primaria y especial tuvieran acceso a comidas escolares nutritivas y diversificadas en 9 estados del país, durante 2024.Todo esto en colaboración alianza con las autoridades.
Otras cifras
Según el balance de la ONU, a lo largo de 2024 la OPS/OMS distribuyó 542 toneladas de insumos médicos y medicamentos en distintos estados del país, así como la rehabilitación de servicios de emergencia en cuatro establecimientos de salud que atendieron a más de 584.000 personas. Otras entidades ONU, como ACNUR y OIM, también colaboraron en la entrega de insumos y en renovaciones y mejora, refiere el informe de la ONU.
En lo que a inmunización se refiere, OPS/OMS contribuyó al fortalecimiento de la vigilancia epidemiológica a nivel estadal y municipal y colaboró en temas de diagnósticos de laboratorio con el Instituto Nacional de Higiene.

De igual modo, contribuyó a asegurar el aprovisionamiento de las vacunas del programa regular de Venezuela con financiamiento de la Alianza para la Vacunación (GAVI). También contribuyó, a través de su cooperación técnica, al mantenimiento de la eliminación del sarampión y la rubeola. Por su lado, UNICEF, garantizó el almacenamiento de vacunas para 1,6 millones de niños y niñas reforzando la cadena de frío en 15 estados.

Adicionalmente, 57.484 personas que viven con VIH recibieron tratamiento antirretroviral para mantener el virus indetectable y mejorar su calidad de vida. ONUSIDA apoyó al MPPS con la distribución de antirretrovirales a nivel nacional, monitoreó su abastecimiento en farmacias especializadas y capacitó a personal médico sobre tratamiento, prevención y derechos, reseñó el informe de la ONU.
Estas cifras son apenas un pequeño resumen de esta labor, que incluye aspectos preventivos y educativos con un gran impacto.
El nexo Venezuela-ONU
Venezuela ha tenido un papel destacado en la historia de la ONU que arribó a sus 80 años. Fue uno de los 51 estados que firmó la Carta de las Naciones Unidas el 26 de junio de 1945 en San Francisco, Estados Unidos, al término de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Organización Internacional, por lo que es miembro fundador.
Como parte de sus compromisos con los valores de la ONU, durante estas ocho décadas el rol que ha jugado Venezuela ha sido muy importante. Hoy, la presencia de las agencias de este organismo y su trabajo silencioso y efectivo ha permitido mitigar la continuada crisis multidimensional del país.
De acuerdo al informe correspondiente al primer semestre de 2025 de Unicef, la compleja crisis de Venezuela genera necesidades humanitarias para 3,3 millones de personas, incluidos 1,8 millones de niños.
En ese sentido, esta agencia de la ONU solo durante estos seis meses llegó a 597.789 personas, con intervenciones humanitarias integradas, esto incluye 409.373 niños, de los cuales 218.107 son niñas.
Más de 161.000 niños y mujeres accedieron a atención sanitaria, 114.000 niños fueron examinados para detectar desnutrición y 26.700 niños se beneficiaron de apoyo educativo. Casi 16.000 niños recibieron servicios de protección infantil.
No obstante, el tema del financiamiento se ha visto complicado en el último año, tanto así que el 84 por ciento del llamamiento de UNICEF para 2025, de 183 millones de dólares, sigue sin financiación. Pero con los recursos disponibles, aunque insuficientes, las agencias de la ONU hacen lo posible por hacer su trabajo, que podría ser la diferencia entre la vida y la muerte, como lo fue en el caso de Anita.

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