La adopción de impuestos a las grandes fortunas ha tomado fuerza incluso antes del inicio de la pandemia en el mundo desarrollado. (Foto: Bloomberg) Mientras en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) solamente hay siete países que tienen impuestos a la riqueza (impuestos al patrimonio), en Latinoamérica la misma cantidad de gobiernos ha implementado algún cobro universal o sobre determinados activos que se considera pertenecen a personas con grandes fortunas. Un informe de Bloomberg Línea, que recoge testimonios de expertos en la región, advierte que aunque este impuesto tiene un gran potencial de generación de ingresos y refleja mejor que otros la progresividad y capacidad redistributiva del sistema, también tiene un impacto desincentivador en el ahorro, la inversión y la movilidad entre países. Un reporte de la Cepal (Comisión Económica para América Latina y el Caribe) asegura que la adopción de impuestos a las grandes fortunas ha tomado fuerza en el mundo desarrollado por el aumento significativo de la concentración del ingreso y la riqueza, y por la creciente erosión de las bases imponibles como consecuencia del traslado de los beneficios a los paraísos fiscales. |
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