No nos referimos al famoso panfleto de Lenin publicado en 1901, que sirvió de base a la acción revolucionaria, sino a qué debemos hacer para recuperar el rumbo de nuestro país.

En primer lugar, a pesar de que suene a frase manida, tenemos que hacer lo imposible para asegurar un mínimo de consenso par encontrar la manera de que Venezuela vuelva a ser un país viable.

Existe, es cierto, un Plan País elaborado por más de 4000 profesionales ad honorem, el cual, como todos los planes anteriores, ha sido engavetado y leído por muy pocos.

Allí se han analizado todos los aspectos de la realidad nacional y se han esbozado soluciones a miles de problemas. Lo lógico es que de él se extraiga lo más perentorio y se proponga a todos los actores políticos democráticos, un plan de acción que sirva de base a lo que se debe hacer, y proponérselo al país como el acuerdo con el que se comprometen aquellos que pretendan participar en las primarias, que sería, por llamarlo de alguna manera, un plan de gobernabilidad concertado.

También habrá que asegurar que todos los que compitan en las primarias, ganadores y perdedores, lucharán juntos hasta lograr alcanzar la recuperación del país.

No hay espacio para los individualismos mesiánicos y ningún candidato, por si solo, será lo suficientemente fuerte para enfrentar al régimen. El país requiere que quienes lo dirijan sean amplios de criterio, solidarios con todos lo que luchen por el país y, sobre todo, que sean honestos y piensen primero en el país que en ellos mismos o en sus acólitos.

Para recuperar al país se requiere gente decidida a luchar, sin compromisos pero con determinación y honestidad. Esa fue la fuerza que supo transmitir, en momentos aciagos, Rómulo Betancourt y hoy, aunque no tengamos seres equivalentes, si podemos copiar de ellos lo que se debe hacer para reconstruir un país que prácticamente ha dejado de existir.

https://www.analitica.com/