Brasil está volcado hacia una nueva elección presidencial el último domingo de octubre entre dos opciones muy polarizadas: una que representa a la familia brasileña y otra que representa al crimen organizado transnacional. Independientemente del resultado, el bolsonarismo ya se consolidó como la primera fuerza política del país

El resultado de las elecciones en Brasil, en esta primera vuelta del pasado 2 de octubre, no fue el esperado por las grandes encuestadoras ni por los grandes conglomerados de comunicación nacionales y extranjeros. Todos pronosticaron una victoria definitiva del izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva en primera vuelta con amplio margen, pero el resultado fue diferente: margen cerrado y segundo turno de Lula contra el presidente Jair Bolsonaro.
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Aceptar los resultados electorales implica aceptar el funcionamiento y las reglas del sistema. Esas encuestadoras hacen parte de ese sistema. Por lo tanto, analizar el revés que ocurrió a última hora para que estas proyecciones hoy sean desacertadas considerablemente, se debe a la dinámica entonces del fenómeno político mismo. Lula y Bolsonaro han aceptado los resultados electorales y con el peso político de ambos, quedan de lado los llamados de fraude
Lula y Bolsonaro han aceptado los resultados electorales y con el peso político de ambos, quedan de lado los llamados de fraude
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