• En entrevista para El Diario, el youtuber mexicano habló sobre su vida y las decisiones que lo llevaron de formarse como músico y piloto, a terminar recorriendo el mundo haciendo videos. También sobre los riesgos de viajar en la actualidad y sus impresiones al volver tras un año y medio a Venezuela

La vida le pudo deparar muchos caminos diferentes a José Alejandro Tienda Ramírez. El mexicano, de 36 años de edad, pudo ser publicista, productor musical, rockero, o incluso piloto en alguna aerolínea. Sin embargo, esos mismos caminos lo llevaron a decidir que su destino estaba en ser creador de contenido, recorriendo el mundo con una cámara en la mano. Así nació el fenómeno de Alex Tienda, nombre con el que ya lo conocían sus seres cercanos desde pequeño, y que ahora se globalizó en Internet gracias a su canal de YouTube.

Su carrera como vlogger de viajes lo ha llevado a tener una agenda bastante particular. Un día puede estar volando por el Caribe en Belice, y a las pocas semanas alojarse en un antiguo búnker nuclear de República Checa o viajar por el tren más lujoso de México. Esta vez su itinerario lo trajo hasta Caracas, ciudad que visita por tercera vez. Llega a un lujoso hotel del municipio Baruta acompañado por su equipo, tras eludir un fuerte aguacero. La lluvia parece ser una constante cada vez que viene a Venezuela, aunque el sol siempre emerge en el momento preciso para comenzar a grabar.

Desde una sala con vista al Ávila y el este caraqueño, el youtuber mexicano conversó en exclusiva para El Diario. Como en muchas otras entrevistas hechas a lo largo de esa semana y de su carrera, Alex Tienda demuestra sus habilidades para la comunicación al hilar ideas sin hacer ninguna pausa, rápido y con su característico tono de voz. Algo propio de un oficio donde no hay lugar para el silencio, hablando sin descanso con la gente en la calle, los periodistas o ante el público desde sus monitores. Un Alex diferente al que se muestra fuera de cámara, de palabras más cortas y retraídas, que asoman una personalidad introvertida dentro de su performance de animador. 

“Me siento como si estuviera regresando a casa. Ahora me siento más venezolano que nada”, declara. Desde su primera visita al país en febrero de 2021, ha repetido varias veces que desarrolló una conexión especial con Venezuela que no había tenido en ninguna de sus aventuras anteriores. Algo que para esta ocasión intenta exhibir en su cabello, cuyo copete tiñó con el amarillo, azul y rojo de la bandera nacional. 

Este afecto lo llevó a vincularse con proyectos para ayudar a algunas de las personas que conoció en aquella ocasión, pero que también le hizo destapar la caja de Pandora del lado más tóxico y polemista de las redes sociales.

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