
Los gobiernos descritos como populistas ahora están en el poder en Polonia, Hungría, México, y Turquía. Italia y Grecia son gobernados por coaliciones de partidos populistas, mientras que populistas de izquierda o derecha son socios en gobiernos de coalición en otros siete países de la Unión Europea (UE).
Venezuela está en caída libre gracias a las políticas confiscatorias de un gobierno populista. Brasil tiene un presidente abiertamente populista. Y la toma del Partido Republicano por parte de Donald Trump no es solo un espectáculo populista por sí solo, sino que también ha ayudado a fomentar un auge del populismo de izquierda entre los Demócratas. Estos movimientos proponen una variedad de programas a lo largo de un amplio rango de escenarios políticos. ¿Qué tienen en común?
Los historiadores y politólogos han argumentado por décadas acerca de qué exactamente es el populismo, y no han llegado a las mismas conclusiones. El teórico político Isaiah Berlin en 1967 advirtió que “una sola fórmula que cubra a los populismos de todas partes no será útil. Mientras más inclusiva es la fórmula, menos descriptiva será. Mientras más descriptiva es la fórmula, más excluirá”. Sin embargo, Berlin identificó una idea populista nuclear: la noción de que un auténtico y “verdadero pueblo” ha sido “perjudicado por una élite, ya sea económica, política, o racial, algún tipo de enemigo secreto o explícito”. La naturaleza exacta de ese enemigo—“extranjero o nativo, étnico o social”—no importa, agrega Berlin. Lo que fomenta la política populista es el concepto de un pueblo combatiendo una élite.
El científico político Jan-Werner Müller propone otra característica: “Además de ser anti-elitista, los populistas siempre son anti-pluralistas”. En su libro What Is Populism? (University of Pennsylvania Press, 2016) argumentó que “Los populistas dicen que ellos, y solamente ellos, representan al pueblo”. En esta explicación, la clave para entender al populismo es que “el pueblo” no incluye a todas las personas que lo conforman. Este excluye a “los enemigos del pueblo”, quienes podrían ser descritos de varias maneras: extranjeros, la prensa, minorías, financistas, el “1 por ciento”, u otros vistos como que no son parte de “nosotros”.
Trump casualmente expresó el concepto mientras que hacía campaña para la presidencia declarando: “La única cosa importante es la unificación del pueblo, porque las otras personas no significan nada”. Durante la campaña por el Brexit, Nigel Farage, entonces líder del Partido Independencia del Reino Unido, predijo “una victoria para el verdadero pueblo”. Aparentemente, aquellos que votaron en contra del Brexit no solo perdieron, ellos no eran realmente parte del pueblo para empezar.
No toda versión del populismo se ve así. El historiador Walter Nugent, por ejemplo, argumentó en The Tolerant Populists de 1963 que el Partido Populista histórico de EE. UU. no era más anti-pluralista que sus adversarios. En Populism’s Power, publicado el mismo año que el libro de Müller, la politóloga Laura Grattan aportó una definición del populismo que abarca movimientos pluralistas e inclusivos. Pero es la marca Berlin-Müller de populismo que está surgiendo actualmente en Ankara, Budapest, y Washington la que está amenazando la libertad individual, los mercados libres, el Estado de Derecho, el constitucionalismo, la prensa libre y la democracia liberal.
Las políticas promovidas por estos gobiernos varían, pero estos rechazaron dos ideas relacionadas. Una de estas es el pluralismo, la idea de que la gente es diversa, con diferentes intereses y valores que necesitan ser negociados a través de procesos políticos y democráticos. La otra es el liberalismo —no en el sentido obtuso que lo entiende la centro-izquierda estadounidense, sino la creencia más amplia de que los individuos tienen derechos y que el poder del estado debería ser limitado a proteger esos derechos.
Los populistas pueden ser “de la izquierda”, pero no necesitan estar motivados por las ideas marxistas de la lucha de clases o la planificación central. Pueden ser “de la derecha”, pero son marcadamente distintos de los reaccionarios de la vieja escuela quienes añoran un mundo de jerarquías ordenadas; si algo se puede decir es que los populistas suelen disolver las clases tradicionales y los ordenes sociales de antaño hasta convertir la sociedad en una masa no diferenciada del Pueblo. O bien podrían rechazar el espectro izquierda/derecha enteramente. Como la líder francesa populista Marine Le Pen lo dijo en 2015, “ahora la división no es entre la izquierda y la derecha sino entre los globalistas y los patriotas”.
Los populistas frecuentemente creen que la verdadera voluntad del pueblo auténtico está enfocada en un líder. Hugo Chávez, el difunto líder populista de Venezuela, lo dijo claramente: “¡Yo ya no soy Chávez! ¡Chávez es un pueblo! Chávez —somos millones. ¡Ustedes también son Chávez! La mujer venezolana, ¡usted también es Chávez! El joven venezolano, ¡usted es Chávez! El niño venezolano, ¡usted es Chávez! El soldado venezolano, ¡usted es Chávez! ¡El pescador, el agricultor, el campesino, el comerciante! Porque yo no soy Chávez, ¡Chávez es un pueblo!”. El líder de Turquía, Recep Tayyip Erdoğan, una vez respondió a una voz solitaria de la oposición, “¡Nosotros somos el pueblo! ¿Quién es usted?” Y luego está la menos dramática declaración de Trump “¡Yo soy su voz!”
Los populistas puede que busquen el poder por medios democráticos, pero eso no los hace liberales. Muchas veces hacen campaña en contra de los límites al poder del pueblo, especialmente en contra de poderes judiciales independientes y en contra de otros límites al poder ejecutivo. Los populistas pueden ser socialistas o nacionalistas o las dos cosas, pueden ser “pro-empresa” (capitalismo de compadres) o “pro-trabajo” (sindicatos de compadres), pero comparten la idea de que la sociedad debe estar bajo algún tipo de control, ejercido por un líder o partido que representa al verdadero pueblo y está luchando contra sus enemigos.
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Los populistas pueden ser “de la izquierda”, pero no necesitan estar motivados por las ideas marxistas de la lucha de clases o la planificación central. Pueden ser “de la derecha”, pero son marcadamente distintos de los reaccionarios de la vieja escuela quienes añoran un mundo de jerarquías ordenadas; si algo se puede decir es que los populistas suelen disolver las clases tradicionales y los ordenes sociales de antaño hasta convertir la sociedad en una masa no diferenciada del Pueblo
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