En diciembre de 1967 los Beatles lanzaron su película Magical Mystery Tour, un poco incomprendida pero en el fondo una invitación para ese viaje fantástico que el cuarteto de Liverpool nos proponía a los baby boomers para llevarnos al cambio cultural. Lo “psicodélico”, los hippies, el mayo francés y muchos otros movimientos contestatarios se hicieron presentes en esos años. Así como lo que se llamó el “realismo mágico” en literatura -Arturo Uslar Pietri nunca pensó que ese término con el que describió la literatura venezolana en 1947 adquiriría una dimensión universal en el boom latinoamericano de los años 60 y 70.
Pero verse inmersos en una realidad que sobrepasa al Magical Mystery Tour es en algunos momentos desquiciante y paralizante. En nuestra Venezuela, la realidad se mezcla con lo fantástico, lo fabuloso y lo mágico en forma discordante al igual que en las páginas de los libros de Gabriel García Márquez o Isabel Allende, por mencionar a un par de novelistas que pasaron por Venezuela.
Luego de la muerte de Chávez escribí sobre el “socialismo mágico” cuando a Maduro se le aparecía un pajarito, que según él era el finado Chávez y le hablaba. Mientras que el exministro de Defensa, el vetusto J. V. Rangel, denunciaba que la oposición había adquirido 18 aviones de guerra para atacar a Venezuela. ¡Fantabulozo!
El año pasado volví sobre el tema cuando la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU visitó Venezuela. Para esos tiempos creía que habíamos tocado un poco la sindéresis. Ojo, y no hablo de que el régimen no busque cómo justificar su fracaso ni que anuncie cosas inalcanzables, o diga descaradamente mentiras, o denuncie a cada rato conspiraciones hollywoodenses, es que al menos ya lo mágico creí que había desaparecido. Ahora les tocaba el turno a los opositores.
Esta visita de la Alta Comisionada hizo palpable el irredentismo, que también supone una dislocación con la realidad, de parte de un buen grupo de la oposición que la acusaba de cómplice del régimen porque se reunió con Maduro y no se fue sin despedirse diciendo que en Venezuela había una cruel dictadura y que Maduro era un dictador al que había que “tumbar”. Muchos siguen pensando así, a pesar de los contundentes informes de su oficina sobre la violación de los derechos humanos en Venezuela.
Ahora dos fuertes chispazos de ese “irredentismo”, que sin duda tiene mucho de “realismo mágico”, acaban de suceder en el marco de la convocatoria de Guaidó para construir una ruta común. El primero es caerle encima a Enrique Capriles por haber facilitado junto a otros (Stalin González, Vicente Díaz) la excarcelación de media centena de presos políticos para un total de 110 personas que salieron en una lista de “perdón presidencial”.
Para los millones que estamos encerrados en nuestros hogares por la pandemia china; que estamos “psicoseados” por ese encierro light, la salida de la cárcel de un preso político, sea condicionada o no, sea legal o no, sea trucada o no, debería ser motivo de alegría y agradecimiento. Pero no. Muy por el contrario ya hay gente llamando a este grupito, con Capriles a la cabeza, “traidores a la patria” – or cierto que muchos de los “liberados” estaban acusados de esto, pero por el régimen.
Ahora bien, sin duda habrá que criticar a Capriles si con esta acción se divide a la oposición porque decida junto a otros ir a elecciones en las actuales condiciones. Pero habrá que felicitarlo si logra que esas condiciones cambien o al menos se abra un compás de negociación a estos fines.
Sin duda esta es una jugada muy peligrosa. Sabemos que el régimen busca desesperadamente un aire de legitimidad (la presión internacional funciona) y hay que saber aprovecharla. Ojalá consigamos la inteligencia para hacerlo, pues si el grueso de la oposición que se reúne tras el gobierno interino de Guaidó se divide, este gobierno se debilita y el régimen se fortalecerá. Lo que a su vez afectará la coalición internacional que es el mayor soporte del gobierno interino de Guaidó.
El otro chispazo es el encontronazo entre Elliott Abrams y María Corina Machado (MCM). María Corina sigue vendiendo su alternativa de crear una coalición internacional que despliegue una “Operación de paz y estabilización en Venezuela (OPE)”. Y en esto el primer paso sería “la recuperación de la soberanía”, para lo cual hay que independizar y desocupar Venezuela de las fuerzas foráneas que hoy imponen “su ley” en el territorio. Para esto la coalición internacional militar, fundamentalmente, sería clave pues supone un enfrentamiento armado para lo cual ni la oposición y menos el grupo de MCM tiene capacidad de dirigir y mucho menos dispone de los medios para hacerlo.
Elliott Abrams, quien es responsable del tema Venezuela en el gobierno de Trump, le responde a MCM diciendo que ella “Vive en un realismo mágico y está haciendo un llamado a un plan B” y que no cree “que eso sea una respuesta sensata a lo que la gente necesita”. “Hay que empezar desde las bases con los venezolanos” le dice y recomienda que el trabajo, que “es muy duro”, debe ser el de “organizar a los ciudadanos para impulsar un cambio político con el apoyo del mundo”.
Así las cosas. Seguimos en el “viaje mágico y misterioso” en el que estamos embarcados en lo que va del siglo. Una especie de montaña rusa que va en picada, donde en cada bote y curva salen algunos y entran otros. Lo esperanzador es que hay momentos de cordura y hay que aprovecharlos.

Así las cosas. Seguimos en el “viaje mágico y misterioso” en el que estamos embarcados en lo que va del siglo. Una especie de montaña rusa que va en picada, donde en cada bote y curva salen algunos y entran otros. Lo esperanzador es que hay momentos de cordura y hay que aprovecharlos.
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