Republica del Zulia

Julio Portillo: Necesitamos entonces promover el regionalismo como protesta al excesivo centralismo en todos los órdenes. Tenemos que despertar la conciencia política de la provincia.

lunes, septiembre 07, 2020

Putin aprovecha la crisis política en Bielorrusia para intentar su anexión

Una mujer muestra a un miembro de las fuerzas de seguridad bieolurrusas la foto de una herida en las protestas

Una mujer muestra a un miembro de las fuerzas de seguridad bieolurrusas la foto de una herida en las protestas - Reuters
Las protestas y la debilidad de Lukashenko ponen en bandeja una acción expeditiva por parte de Rusia

Las protestas que se repiten cada día en Bielorrusia, las de cada domingo, como ayer, son las más multitudinarias, en demanda de que Alexánder Lukashenko acceda a la repetición de las elecciones y cese la violencia, no sólo no constituyen un obstáculo para los planes que tiene el presidente ruso, Vladimir Putin, de engullir el país vecino, sino que los facilita en la medida en que debilitan al dictador bielorruso.

Lukashenko, el promotor inicial de la unión ruso-bielorrusa, terminó dándole la espalda a Moscú, hasta el punto de que en Rusia son muchos los que piensan que aquel proyecto no era más que una estratagema para obtener gas y petróleo baratos sin la menor intención de ceder soberanía. Ahora, sin embargo, las cosas han cambiado. El presidente bielorruso está en donde querían verle en el Kremlin, contra las cuerdas.

Hasta hoy día, Lukashenko había logrado capear el malestar popular después de cada convocatoria electoral, todas ellas, salvo la de 1994, con resultados manipulados y fraudulentos. Esta vez no ha sido la primera que la gente ha salido a la calle para denunciar un pucherazo y exigir unos comicios limpios y auténticamente democráticos. Pero el dictador lograba siempre aplastar las protestas a base de represión y encarcelamientos. Ahora todavía no lo ha conseguido y las movilizaciones duran ya prácticamente un mes.

En este contexto, la semana pasada la Diplomacia y el Gobierno ruso desarrollaron una actividad febril para aprovechar el momento. El miércoles se reunieron en Moscú los ministros de Exteriores ruso y bielorruso, Serguéi Lavrov y Vladimir Makéi, y, al día siguiente, viajó Minsk el jefe del Gobierno ruso, Mijaíl Mishustin, acompañado de los ministros de Energía y Finanzas, Alexánder Nóvak y Andréi Siluánov.

Les recibió Lukashenko y retomaron la agenda para hacer realidad la tantas veces postergada «Unión Estatal». Se habló también de la refinanciación de los 845 millones de euros de deuda que Minsk tiene contraída con Moscú, de nuevos créditos y de los suministros de gas y petróleo. Días antes, Putin prometió enviar fuerzas policiales a Bielorrusia, si la situación se «descontrola». Pero las cosas hace muy poco era bien distintas. A principios de agosto, el dirigente bielorruso acusó a Rusia de enviar mercenarios a su país para desestabilizar la situación en la víspera electoral.

Lukashenko y el predecesor de Putin, Boris Yeltsin, rubricaron pomposamente en el Kremlin, el 8 de diciembre de 1999, el acuerdo para la creación de un estado unitario, era el cuarto documento tras tres intentos anteriores que no fructificaron. Preveía la creación de una estructura confederal con una misma política económica y de defensa y con una moneda única.

La firma estuvo precedida de una gran polémica por parte de quienes temían en Rusia unirse a un Estado dirigido por un déspota como Lukashenko y también por los nacionalistas bielorrusos que rechazaban volver a formar parte del «imperio ruso». La idea, una vez pactadas todas las cuestiones de índole política, jurídica y económica, era reformar la Constitución de ambos países y aprobar el documento final en sendas consultas populares. 

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1 comentario:

  1. La firma estuvo precedida de una gran polémica por parte de quienes temían en Rusia unirse a un Estado dirigido por un déspota como Lukashenko y también por los nacionalistas bielorrusos que rechazaban volver a formar parte del «imperio ruso». La idea, una vez pactadas todas las cuestiones de índole política, jurídica y económica, era reformar la Constitución de ambos países y aprobar el documento final en sendas consultas populares.

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