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sábado, febrero 02, 2019

Nicolás Maduro recurre a la unidad de élite de la policía ante un futuro incierto Por Ana Vanessa Herrero y Nicholas Casey

Familiares y amigos de Yonaiker Ordóñez, de 18 años, durante el entierro del joven, que habría muerto por disparos de agentes de las Fuerzas de Acciones Especiales. Credit Meridith Kohut para The New York Times

Los agentes irrumpieron en el hogar de Yonaiker Ordóñez, de 18 años, el domingo por la mañana cuando el joven venezolano estaba dormido. Los hombres, con rifles en mano y cascos, agarraron al adolescente y lo forzaron a moverse a otra habitación sin explicar por qué estaban ahí, de acuerdo con la familia del joven.

“Se lo llevaron a él para la parte de atrás y lo mataron”, dijo la hermana de Yonaiker, Yengly González.

La operación fue similar a la de redadas policiales contra personas acusadas de ser pandilleras que aterrorizan los barrios pobres de Venezuela. Excepto que el único delito achacado a Yonaiker, según su familia, es que unos días antes acudió a una protesta en contra del gobierno de Nicolás Maduro.

Maduro enfrenta el reto más grande de su autoritario gobierno. Los manifestantes están en las calles, un líder opositor se juramentó presidente encargado, un número considerable de gobiernos extranjeros han respaldado ese reclamo y el gobierno estadounidense de Donald Trump ha aumentado la presión al quitarle a Maduro el acceso a los ingresos de la venta de petróleo a Estados Unidos, la principal fuente de dinero para el gobierno.

De cara a la crisis, Maduro ha respondido con dureza: desplegó a las fuerzas de seguridad para reprimir cualquier disensión en operativos que han dejado alarmados incluso a algunos de los partidarios tradicionales del presidente.

Sin embargo, aunque las fuerzas armadas han dicho públicamente que mantienen su respaldo a Maduro, no han asumido ese papel de manejo de manifestantes como en el pasado. Hace dos años durante meses de protestas caóticas en contra de Maduro, la Guardia Nacional Bolivariana fue en gran medida la que se encargó de poner fin a las manifestaciones con macanas y balas de goma, mientras que muchos de los participantes en las protestas fueron enjuiciados por tribunales militares.

Una joven en el entierro de Ordóñez, en Caracas Credit Meridith Kohut para The New York Times

En esta ocasión, en una posible muestra de la división de lealtades en el seno de las fuerzas armadas, casi todos los actos de represión han sido encomendados a una unidad policial que Maduro creó hace poco para realizar redadas contra las pandillas en las barriadas.

Ahora esa unidad conocida como Fuerzas de Acciones Especiales, o FAES, parece tener en la mira a los opositores políticos. Sus agentes han sido desplegados a los vecindarios pobres que antes respaldaban a Maduro, y hoy le han dado la espalda, de acuerdo con grupos de defensa de los derechos humanos, exfuncionarios del gobierno y legisladores.

Se calcula que cuarenta personas han sido asesinadas en los últimos días durante las más recientes protestas en contra de Maduro, muchas de ellas en redadas nocturnas de las FAES, según los grupos activistas.

“FAES se ha involucrado mucho en los actos de represión”, dijo Delsa Solórzano, legisladora de la Asamblea Nacional opositora y quien se reunió con algunas víctimas de las redadas recientes.

Los defensores de derechos humanos advierten que el papel de la unidad policial especial es particularmente alarmante porque FAES fue creada para poner fin a pandillas o para rescatar a rehenes, no para controlar a multitudes que se manifiestan pacíficamente.

“La consecuencia es que cuando se meten hay masacres”, dijo Keymer Ávila, investigador de la organización Provea. “No fueron creadas para manejar manifestaciones”.

En 2018, varios venezolanos pusieron flores en la tumba de Óscar Pérez, piloto de la policía que se rebeló y fue asesinado en un enfrentamiento contra las fuerzas de seguridad del gobierno. Credit Meridith Kohut para The New York Times

Sin embargo, Cliver Alcalá, antiguo general militar que rompió filas con Maduro, dijo que no le sorprende que el gobierno haya recurrido a las fuerzas especiales de la policía. Explicó que se debe a que el gobierno de Maduro ya no puede depender de que las fuerzas armadas se enfrenten a los manifestantes como sucedió en 2017.

Muchos de los integrantes de la Guardia Nacional que fueron desplegados a las calles en años pasados no han regresado a trabajar porque sus salarios han perdido su valor, según Alcalá. La inflación en Venezuela, la más alta en todo el mundo, ha diezmado esos sueldos.

Además, agregó el general, el gobierno teme que haya muestras públicas de algún desafío por parte de las fuerzas armadas; eso sucedió el pasado 21 de enero, cuando integrantes de la Guardia Nacional fueron arrestados después de decirse fieles a la oposición en un video. Ha habido otros levantamientos pequeños que han sido reprimidos también.

Los grupos de defensa de derechos humanos indican que se sabe muy poco sobre las FAES, incluidos los nombres de sus comandantes y quiénes fueron invitados a ser parte de sus filas.

La unidad patrulla por Venezuela con un uniforme completamente negro; las identidades de los miembros son desconocidas porque usan pasamontañas. Una persona que antes trabajaba en el gobierno venezolano y pidió mantener el anonimato porque dice que ahora es perseguida por las autoridades, calculó que hay 1500 policías en las FAES. Es común verlos en Caracas, montados en motocicletas con las que irrumpen en barrios en las laderas de las montañas, armados con rifles de asalto y chalecos antibalas.

“Se cubren la cara porque quieren la impunidad”, dijo Luis Izquiel, criminólogo de Caracas que da clases en la Universidad Central de Venezuela. “Saben que violan los derechos humanos”.

Leer mas: https://www.nytimes.com/es/2019/01/31/faes-maduro-protestas/

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