El dólar paralelo se calcula con base en los bolívares que hay que entregar por la cantidad de pesos que se necesitan para comprar un dólar en Cúcuta. El alza del paralelo se debe a un explosivo coctel que mezcla la escasez de alimentos y medicinas, el desmesurado crecimiento de la liquidez monetaria, las pésimas expectativas sobre la inflación y el indetenible éxodo de venezolanos que cruzan la frontera con bolívares y necesitan cambiarlos por pesos para comprar lo necesario para sobrevivir. Esta combinación de factores pulveriza el valor de la moneda nacional, razón por la cual cada vez hay que dar más bolívares para comprar los pesos que se necesitan para adquirir alimentos, medicinas o ropa en Cúcuta.
Esta volatilidad se prolongará mientras no se despeje la incertidumbre política, económica y social. El empobrecimiento generalizado y la posibilidad de un estallido social contribuyen a este ambiente de incertidumbre que recrudece la migración de miles de venezolanos que rematan sus casas, vehículos y demás activos, siempre y cuando se los paguen en dólares, cuestión que presiona el alza del paralelo.
La tasa paralela no es una cotización real porque no expresa la verdadera productividad de la economía venezolana. Su desquiciamiento es la consecuencia inevitable del abandono de la política cambiaria y monetaria. La liquidez aumenta sostenidamente para financiar el déficit de Pdvsa y el gasto del Gobierno, mientras que el PIB se hunde en una prolongada contracción. El BCV no ha utilizado la tasa de interés para drenar el exceso de circulante que se dirige a la compra de mercancías y dólares. El mal manejo del encaje legal y de las tasas de interés que el BCV fija a los bancos ha contribuido al desbordamiento de la demanda. Y mucha plata persiguiendo pocos bienes se traduce en una creciente inflación que pulveriza la capacidad adquisitiva de los hogares venezolanos.
La coexistencia de varios precios de la divisa estimula la especulación cambiaria. Mientras coexistan Dipro, Dicom y el paralelo, se mantendrán los incentivos perversos para la especulación cambiaria. Al no unificar el régimen de cambios múltiples, el Dicom no será un régimen de subasta clásico, con creciente oferta del sector privado, sino una limitada venta de petrodivisas con un tipo de cambio inferior al paralelo, el cual no se podrá mantener y tenderá a depreciarse de manera continua.
La principal capacidad de pago de Venezuela viene dada por los petrodólares que genera Pdvsa. A raíz de la caída de la producción y de los precios del petróleo, el servicio de la deuda devora más del 50 % del menguado ingreso petrolero. En 2018 habrá que pagar $ 10 mil millones por vencimientos de los bonos de Pdvsa y la República, a lo cual se suman los pagos a China, en torno a $ 4 mil millones. En total son $ 12 mil millones, pesada carga que se prolongará una década, toda vez que hasta 2027 Venezuela cancelará un promedio de $ 8 mil millones al año.
¿Por qué subastar yuanes y rupias?
La amenaza de un embargo a las compras de petróleo, la escasez de divisas y el riesgo de caer en un default, crean incertidumbre y temor en las empresas y agentes económicos que necesitan divisas para operar.
El Gobierno priorizará los pagos de la deuda externa y dejará de inyectar petrodólares en las subastas del Dicom, cuya demanda insatisfecha se traslada al mercado no oficial, presionando así nuevas alzas del dólar paralelo. De hecho, Pdvsa está pagando con bolívares deudas en dólares que tenía con contratistas y proveedores. Y estos –para proteger el poder de compra de unos bolívares que rápidamente se derriten como cubitos de hielo–, se lanzan al mercado no oficial a convertir semejante masa de bolívares en divisas. En tales circunstancias, el paralelo explota y trepa sin conocer límites.
Por si fuera poco, a raíz de las cuestionadas elecciones de gobernadores, se anuncian nuevas sanciones del gobierno estadounidense y la Unión Europea, las cuales pudieran afectar la venta del petróleo venezolano.
En las condiciones de un mercado internacional en el que se mantiene un exceso en la oferta de petróleo, los 700 mil barriles diarios que EE.UU. dejaría de comprarle a Venezuela solo podría ser colocado en China e India, cuyas economías tienen crecientes necesidades de petróleo para atender sus altas tasas de crecimiento. Estas potencias están dispuestas a lanzarle un salvavidas al Gobierno venezolano, comprándole ese petróleo, siempre y cuando lo paguen con yuanes o rupias.
La combinación de estos factores presagia una mayor escasez de divisas. La solución que el Gobierno ha encontrado es la de acelerar la implantación de un sistema de pagos internacionales basado en una canasta de monedas que incluye yuanes, rupias y rublos. En consecuencia, serán estas monedas las que, en adelante, alimenten las subastas del Dicom.
Pero el comercio internacional se lleva a cabo con base en las divisas más aceptadas, que son precisamente el dólar y el euro. Subastar yuanes o rupias limitará la gama de proveedores a China e India, que no siempre ofrecen insumos, repuestos y maquinarias con la mejor calidad y los mejores precios. Y convertir yuanes o rupias en dólares o euros para poder preservar los proveedores con los cuales se mantiene una relación comercial de larga data, exige encontrar nuevos bancos corresponsales y pagar las comisiones de rigor, lo cual se traducirá en una tasa de cambio más cara que repercutirá en más inflación.
Leer mas: http://revistasic.gumilla.org/2017/por-que-no-se-toman-las-medidas-economicas-que-son-de-sentido-comun-y-amplio-consenso/

No hay comentarios.:
Publicar un comentario